Desde aquí repartimos ideas y conceptos para la manipulación creativa y el abuso cultural. Somos el diario de lo genial, y el pensamiento de lo imposible
A finales de los 70 Hermann ya era un dibujante veterano, con dos series tan conocidas como Bernard Prince y Comanche a sus espaldas. Pero claro, en ellas solo se ocupaba de la parte gráfica: los guiones los hacía un tal Greg que solo sabía hacer monigotes (solo hay que ver Aquiles Talón para adivinar que lo de dibujar caballos y pistolas y aventuras en general no se le daba muy bien). El caso es que un día Hermann tuvo una idea que queda recogida en la contraportada de los tomos de Jeremiah que publicó Juventud/Grijalbo
¿Esa idea se le ocurrió a un aburrido belga cuarentón? Eso nos quieren hacer creer, e incluso puede que el mismo Hermann lo creyera así. Pero en ADLO! llevamos años insistiendo en que esa idea de prescindir del guionista germinó a principios de los 90 en una explosión de creatividad tal que cambió el mundo del cómic para siempre
Las ondas expansivas de la reunión de talento que provocó la fundación de Image Comics retumbaron por el espacio tiempo en todas direcciones, y un taquión solitario retrocedió quince años para impactar en el pobre Hermann Huppen de 1977 metiéndole en la cabeza una idea revolucionaria que cambiaría su carrera para siempre. Los chicos de Image no necesitaban a los Mike W. Barr de este mundo, y Hermann no necesitaba a Greg
Decía hace dos lunes: «uno puede tener para la semana próxima una entrada sobre, digamos, parte de la letra R de Marvel… y ya sabe que alguien la va a liar, y esa liada tendrá que esperar.«
Por supuesto eso es exactamente lo que sucedió. La liada fue doble -o triple, según si se cuentan los sugardaddysmos o no- porque por un lado el ABC decidió escribir un artículo sobre los movimientos de La Sectorial para silenciar disidentes como ‘mujeres buscando subvenciones se pelean, malas mujeres’ dando la versión de… bueno… de La Sectorial, que es la única que daba declaraciones sin que a nadie del ABC le pareciera mal -risas-.
Lo otro que sucedió fue peor, murió Sam Kieth. Y, como pasa siempre en estos casos en esta vuestra desorganización, cada uno sacó un posteo pensando que ya celebraría su vida y obra el siguiente. ¿Qué os puedo decir? No nos llaman desorganización por nada.
Pero el asunto sigue siendo el mismo: ¿Cómo no dedicarle un espacio? Especialmente cuando Kieth ha dejado tan clara su postura sobre la muerte:
Por supuesto eso tiene que llegar a un final, y cada uno de nosotros podría hacer algo distinto, sospecho. Pero para quien esto escribe lo más importante que tiene que recordar de Kieth es una obra.
Sí, sí, ya sé. Tenía muchas obras, tuvo incluso repercusión más allá de los cómics gracias a la serie de televisión de The Maxxx.
y habrá otra gente que le recuerde por su trabajo en algunos personajes de las grandes franquicias.
o por sus variadas historias de enfrentamientos superheróicos,
muy variadas. En fin, que uno nunca sabía bien dónde iba a aparecer o qué iba a hacer, ni si sus personajes iban a…
…hacer una versión de Bohemian Rhapsody. Pero sí que sabía un par de cosas.
Sabía que podía confiar en él para leer historias con mujeres en su centro,
Y también para encontrar algo distinto.
Por supuesto habrá quien prefiera hablar de 30 Días de Noche, Mars Attacks: First Born, Aliens: Earth War… que recordáramos -otra vez- cómics como The Adventures of The Thing, The Craptacular B-Sides o Batman: Through The Looking Glass… o que nos anticipáramos a hablar de Scratch, por ejemplo. Pero no.
Como decía antes, para mí Sam Kieth siempre ha estado ligado a un cómic en concreto:
Es curioso -usemos esa palabra- como durante tanto tiempo ha sido Messner-Loebs el que parecía al borde de la muerte, para acabar siendo Kieth el que acabara falleciendo antes. Y es que al final este cómic iba y venía de nuestra ‘actualidad comiquiera’ más por los GoFundMe que porque las editoriales se molestaran en mantenerlo vivo. Sí, Zinco lo publicó en su momento…
…y tras esa edición de 1991 no volveríamos a verlo recuperado hasta que en 2009 Norma lo reeditara.
Después de esto… nada.
Es cierto que de la de Zinco a la de Norma pasaron 18 años y ahora mismo llevamos 17 desde la de Norma, así que quizá sea algún tipo de ciclo. Pero no es menos cierto que ahora mismo no tenemos una edición que poder vend recomendar con entusiasmo.
Y no es para menos.
No solo porque, pese a su querencia por dibujar tetas y culos por todo el cómic -muchos masculinos, bien es cierto. No todos de mayores de edad, igualmente cierto- tiene varios mensajes a favor de las mujeres.
También porque su forma de contar la filosofía -vale, más en el primer número que en el segundo- puede que no nos acabe de convencer entre retorcimientos y chascarrillos…
…pero eso no lo hace menos interesante en su generalidad. E, incluso, cuando eso servía para quitarle hierro a gente tan problemática como los sofistas, lo cierto es que llevo años…
…usando lo de ‘definamos definición’.
Así que está claro no solo que las editoriales españolas deberían avergonzarse de no tener este cómic como fondo editorial vivo.
También, por supuesto, que Sam Kieth era uno de los grandes.
Y por eso no nos puede sorprender ir encontrándole aquí y allá en nuestras lecturas.
Siempre con una composición peculiar, con un diseño especial, siempre con algo que transmitir y, por supuesto, siempre, siempre, siempre…
En el incesante goteo de fallecimientos que nos está tocando vivir (y lo que nos queda) esta semana hemos dicho adios a la colorista Tatjana Wood.
Su larga carrera en las páginas de la DC se solapó con el revolucionario periodo de finales de los 80 en que trabajó en Animal Man y, sobre todo, La Cosa del Pantano.
Donde no sólo tuvo que afrontar las sin duda kilométricas notas de Alan Moore sobre cómo cambiaba el color de nuestro elemental favorito según las estaciones y el grado de tensión en Oriente Medio sino bregar con las líquidas y refinadas tintas de John Totleben sobre los lápices de Stephen Bisette. Y hacerlo constreñida por las limitaciones de la paleta de colores de los tebeos impresos en papel pulposo.
Estos cutres escaneos de los comics originales no le hacen justicia. No hay mejor ejemplo que la famosa página final de Saga of Swamp Thing 24.
Afortunadamente contamos con lujosos recopilatorios en los que podemos disfrutar de sus colores en toda su vibrante vivacidad para cabreo de los intolerantes integristas que claman que fueron pensados para el gramaje y la absorción del papel de tebeo.
Pero ¿por qué conformarnos con esto? Wood no tuvo acceso a la apabullante tecnologia de color infográfico que nos regaló la gloriosa época de tebeos con degradados y brillitos de los noventa. ¿Por qué no aprovechar sus ventajas?
¡A ESO DIGO NO! Quizá para los tímidos y catecúmenos lectores norteamericanos. Pero estamos en España, el país en el que el Mejor Doblaje del Mundo™ MEJORA las películas y series anglosajonas añadiendo chistes donde el original no los tenía y hasta cambiando los títulos. Sólo nosotros podemos reinterpretar los acertados pero técnicamente primitivos colores de Tatjana Wood y elevarlos a las alturas artísticas que se merecen.
No se me ocurre mejor homenaje.
Contemplad…
…la Cosa del Pantano que sin duda Tatjana hubiera hecho de tener a mano una copia del Adobe Photoshop.
Mi primer tebeo de Spiderman me lo compró mi padre en una tienda de segunda mano. Tuvo que ser entre 1995 y 1996 porque en el mismo periodo los Reyes Magos me regalaron tres muñecos de la colección de Toy Biz basados en la serie de animación de 1994. Que probablemente en España llegaron un poco más tarde. Fue un tebeo importante en mi vida, pero hoy no vengo a hablar de ese.
El primer tebeo de Spiderman que me compré fue en una caseta de una feria del libro, de una caja de tebeos viejos. Miré varias portadas y finalmente elegí el Spiderman 207 de Forum (por 165 pesetas según su precio de portada) porque incluía a un villano que no reconocí de aquella serie de animación. De hecho me recordaba a otro de mis villanos preferidos, el Escarabajo, en su traje de principios de los 90. Me había enamorado de Escarabajo en unas viñetas del suplemento Gente Menuda del ABC, que leía en casa de mis abuelos los fines de semana.
De pequeño dibujé viñeta a viñeta Spectacular Spider-Man #164 de pura pasión.
Pero volviendo al villano de la portada del tebeo que me compré, este era Boomerang, un personaje hoy muy conocido pero que en esa segunda mitad de los 90 en la que yo ya podía ir a ferias del libro con algo de dinero a elegir qué me quería comprar no era ni remotamente tan conocido. La portada en cuestión es esta:
Como leer tebeos de superhéroes cuando eres pequeño es así, nunca supe cómo terminaba ni Spectacular Spider-man 164 ni tampoco el número 145, cuya primera mitad compone el final de este tebeo. Los leí, eso sí, mil y un veces he imaginé cómo podrían terminar. Dibujé cada una de aquellas viñetas una y mil veces, del papel cuadriculado y ceras de colores al lápiz H2 que luego intentaba entintar cuando fui un poco más mayor. Devoré los correos de los lectores. Me apasioné y empapé de cada página.
El primer tebeo que me compré en una tienda de cómics, y debió ser poco después, también salió de una caja de tebeos viejos. Sería el número 3 de la colección Matanza Máxima, editado por Forum como si fuera una colección especial, una miniserie. También devoré aquel tebeo que incluía un enorme plantel del personajes que adoraba: Veneno, Gata Negra, Morbius, Capa (sin Puñal, que había sido asesinada en algún número anterior), Matanza e incluso nuevos invitados a mi galería de redibujos y bocetos como el Demoduende.
Observen que de 165 hemos pasado a 300 pelas de tebeo.
Al poco tiempo empecé a comprar tebeos de forma más regular. Imposible hacerlo mes a mes, pero pronto descubrí que si comprabas un número de cada dos podías rápidamente componértelas para entender las tramas, rellenando con imaginación los huecos. Así fue como disfruté originalmente de La Saga del Clon, cuyo primer tebeo en mi haber fue el número 10 de la nueva colección arácnida de Forum, con la aparición de un nuevo villano en mi vida cuyo aspecto me obsesionó durante años.
Observen que ya vamos por las 575 ptas por el tebeo.
Todo en este tebeo me parecía alucinante, fantástico, increíble, impactante, sensacional, espectacular, asombroso. Lo tenía todo, desde los nuevos e increíbles uniformes de la Araña Escarlata o Kaine al aspecto moderno de unos Peter y MJ que se disponían a ser papás. Todavía sentado en mi mesita de estudio, seguí dibujando capas hechas jirones, reflejos imposibles en los uniformes y un buen montón de telarañas nudosas.
Por supuesto, a un fan vieja escuela como ya era entonces (y solo llevaba sabiendo leer un par de años) el momento más impactante de este tebeo pertenece a Spectacular Spider-Man #221, cuando el guionista se atrevía a acabar con mi villano preferido de todos los tiempos, mi queridísimo Dr. Octopus.
No me gustaba mucho esa historia, no solo por la muerte de Octopus, sino por el dibujo. Esa multitud de rayitas, ese entintado a plumilla lleno de rayujos y sombras raras me siguió acompañando durante toda la Saga del Clon. No era fan. Prefería líneas más definidas, bloques de tinta y color más compactos, ese estilo que tenían aquellos otros tebeos que había ido comprando. Pero sin embargo, era imposible negar el impacto visual que tenían las poses, las expresiones y el movimiento de las figuras. Seguí dibujando una y otra vez las viñetas de aquellos cómics, intentando aprender a hacerlo, a desentrañar la verdad profunda escondida en los trazos.
Con el tiempo descubrí que muchas de aquellas viñetas que yo tanto había redibujado pertenecían al mismo puño. A la misma mano. Al menos celebrado de dos hermanos dibujantes de los que a menudo se mencionaba en el correo de los lectores de Spiderman. Descubrí que había dibujado muchos otros tebeos que me gustaban, como la fantástica muerte de Harry Osborn que había leído en casa de un amigo algún día en que quedamos para, sentados en el suelo, leer cada uno los tebeos del otro.
Y como esto es ADLO! podría sentir la tentación de hablar cuando retrató uno de los momentos más bajos y lamentables de la historia del trepamuros con su recurso visual más característico: la hostia a lo Buscema.
Podría hablar de cuando se pasaba de frenada con las rayitas en las caras hasta el punto de que los personajes parecían francamente ridículos.
Pero en su lugar os quiero decir que fue el dibujante del que más tebeos tuve durante mi infancia, la persona cuyas viñetas más he intentado emular en mi nada fructífera carrera como dibujante de cómic y una persona que marcó, una vez tras otras, mi forma de imaginar a tantos y tantos de mis personajes preferidos.
Sal Buscema ha muerto, y con él, una parte de un niño que leía tebeos.
Leer continuamente obras maestras está bien, supongo, pero de vez en cuando viene también bien echarse al buche un fastfood sabroso y grasiento. Y en el caso de los tebeos, el equivalente viene a ser una miniserie de Mark Millar.
Que bajo una apariencia de provocador chuleta se esconde…pues un provocador chuleta, de acuerdo, pero también una persona que parece haber encontrado la fórmula para poder medrar en la industria dedicándose a lo de los guiones. Bajo el paraguas de su propio sello Millarworld, ofrece desde hace años miniseries intensas, llenas de momentos efectistas, con vueltas de tuerca inesperadas como cliffhanger del penúltimo episodio, una construcción de mundos de cartón piedra que aguantan lo justo para no eclipsar la acción, y personajes con la moralidad de un supervillano con resaca. Guiones donde la pirotecnia y el ritmo frenético están ahí para que no te des cuenta de que la trama es un truco que se sostiene con palillos. Y no le va mal con el truco, es uno de los pocos escritores que puede presumir de haber escrito un Youngblood dibujado por ROB!
Y es que otra característica de Millar es que se rodea de lo mejorcito que se pueda costear en el terreno del dibujo. Coipel, Quitely, McNiven, Romita Jr, Immonen, Albuquerque, Yu, Gibbons, Capullo, Larraz…. tiene claro que con una cartelera así el público pasará por caja, al menos para la primera miniserie. Argumento canalla, dibujo llamativo, combinación infalible. Con todo eso, ha encontrado también el gran pelotazo.
El acuerdo que a poco mal que vaya (SPOILER: no va muy bien) le dará réditos suficiente para el y varias generaciones de sus descendientes. Solamente por eso, mis respetos. Y como he dicho al comenzar, suelo incluir en mi dieta pequeñas raciones del escocés. Nunca voy al día, pero siempre hay algo que consumir.
Segunda miniserie, con Immonen al tablero tomando el relevo de Coipel. La primera cayó el mes pasado, vamos con la siguiente, tapa dura de Panini, que sabe bien lo del truco y lo de pasar por caja.
Sí, llevo retraso en mis lecturas, lo sé, y me gusta mortificarme mirando los créditos cuando empiezo.
Y es por eso que en una miniserie sobre una orden mágica, con su esoterismo, cábalas y adivinaciones (bueno, más bien usar las varitas mágicas como ametralladoras), me ha fascinado encontrarme con el siguiente diálogo.
Recapitulemos:
PUM. Millar quedándose con todos nosotros, no te esperabas que te hablara de eso en esas fechas ¿eh? Magia…
Todo tiene, claro, una explicación.
Algunos diréis que se trata de un error de Panini en los créditos del tomo, pero yo veo algo más, veo a un prestidigitador haciendo su TRUCO, sin importarle que casi apenas nadie se fije en esas cosas, hay que dominar el efecto a todos los niveles posibles. Pues si molar fuera tan sencillo, todos serían Mark Millar.
Mark Millar, todo un provocador.
Corolario: hay que fijarse siempre en las fechas, y no retrasarse con las mismas. Que luego puede pasar como ayer, que algunos nos encontramos felicitaciones a un autor muy querido por su noventa aniversario y horas después se hace público que falleció el viernes pasado. Un duro golpe.
En este largo y doloroso gotterdammerung que nos está tocando vivir hoy debemos despedir a otro dios entre mortales. Y nuevamente es un cartelista
Drew Struzam.
Otra noticia que no por esperada es menos triste.
El arte de la carteleria es especial porque funciona en dos direcciones. Una es la de la película cuyo existencia queda ligada para siempre al cartel que la presentó por primera vez.
Otra es la del póster como objeto artístico en sí mismo apreciable independientemente de la película.
Pero existe una tercera en la que la imagen del cartel se convierte en un icono que define el microgénero que inaugura o del que se convierte en mejor ejemplo.
Como el ochentero de señores mazados mostrando chicha mientras sostienen pistolones (dos semanas seguidas lamentando la pérdida de ilustradores de Rambo, ay…)
Y Drew Struzan no sólo triunfó en esas tres vias como ningún otro artista en la historia. Lo hizo desarrollando un estilo propio y perfectamente reconocible a simple vista.
Al mismo tiempo siendo capaz de abarcar desde lo más épicamente viril y machote…
…a lo más delicádamente sensible y poético…
…incluso tonteando con el Art Decó…
…¿o era Art Nouveau?
Y todo ello al mismo tiempo que dominaba la comedia…
…porque a estas alguras no tengo que explicar que el muy cabrón también era un maestro del retrato, ¿verdad?
Haber pintado el poster del Tarzán guarrillo ochentero de Bo Derek que POR LO QUE SEA no se atrevieron a usar.
Sí, el de la enorme trompa.
Y haber sido un adelantado a su tiempo en una de esas cosas que tanto hacen lloriquear a ciertos sectores Ni De Derechas Ni De Izquierdas™ del público moderno: cambiar a negra la raza de un personaje que originalmente era blanco.
Con su póster para El Príncipe de Zamunda…
…que es un reciclaje de uno rechazado para la secuela de Cocodrilo Dundee.
¿O acaso nos encontramos ante otro caso en el que la culpa la tienen…
En esta ocasión nos ha dejado un ilustrador de carteles cinematográficos. Uno de esos autores no demasiado conocidos por su nombre pero cuya obra ha sido vista por todo el mundo en una u otra ocasión.
Allá por 1969 gracias al spaghetti western pilla el inicio de la ola que va a ser la explotation italoeuropea de las siguientes décadas.
Y se convierte en prácticamente el cartelista oficial de las estrellas de la época como Belmondo o Celentano.
Y, claro, ellos.
Tanto juntos como por separado.
Pero en aquellos tiempos los cartelistas europeos no sólo ilustraban producciones locales. Hasta finales de los 90 era habitual que las distribuidoras no dependieran de las productoras originales extranjeras y se encargaran de crear de cero las campañas publicitarias. Incluso encargando pósters nuevos.
En algunos casos como el de Starfighter (1984) eran meras réplicas del original con algunos elementos del fondo cambiados. Pero en otros los italianos decidian MEJORAR el diseño.
Por ejemplo los necios norteamericanos podian haber decidido que el póster de Air America (1990) prometiera una divertida aventura de colegas entre Mel Gibson y Robert Downey Jr. por el simple y trivial hecho de que la película era exactamente eso.
Afortunadamente Casero estaba ahí para cambiarlo por el anuncio de una tensa epopeya de combate durante la guerra de Vietnam protagonizada por Gibson.
En plena efervescencia de la comedia italiana de tetas y culos, de Jaimitos, profesoras y enfermeras…
…qué espectador que no fuera británico querría ver una farsa, por muy satírica, outrageante y provocativa que fuera, como el Britannia Hospital (1982) de Lindsay Anderson.
Pero ningún europeo continental de sangre caliente…
…se perderia un intrigante y explícito blandiporno entre robots diseñados por Sorayama.
¿Vosotros entrarias a ver La Ley de la Calle (1983), un tostón sobre adolescentes callejeros aburridos que no ven futuro a sus vidas…
…o correriais a ver La Ley de la Calle (1983), la desesperada lucha por la supervivencia de jóvenes guerreros urbanos postapocalípticos?
No extraña que Tarantino lo escogiera para pintar el cartel de Érase una Vez en Hollywood (2019) y los de los filmes ficticios rodados por el personaje de DiCaprio.
Pero hay otra cosa que debemos agradecerle a Casaro y los distribuidores italianos de los ochenta. Un logro histórico e irrepetible.
Y es que cuando en 1982 les llegó el póster de Acorralado debieron pensar que por muy pintado por el mismísimo Drew Struzam que estuviera no era lo bastante viril e impactante. Ni lo era su título original, Primera Sangre, que sonaba a llorica que se queja en cuanto se pincha un dedo.
Y sabiamente decidieron cambiarlo…
…por el apellido del protagonista cambiando para siempre el destino de una de las más quintaesecnciales sagas del cine de acción contemporaneo.
¿O acaso de verdad os creeis que hubiera triunfado igualmente de no haberles copiado la idea los productores norteamericanos y haberse ido titulando Segunda Sangre, Tercera Sangre, Cuarta Sangre y Sangre Final?
Esta semana hemos despedido a una de las más grandes estrellas de la historia del cine. Robert Redford.
Robert Redford era una de las más grandes estrellas del cine por estos motivos que vamos a explicar y esta semana lo hemos despedido.
De su larga trayectoria en la gran pantalla cabe destacar su participación en el tan de moda ahora cine de superheroes. Que comienza con una aparición en la serie de Los Defensores.
Continua con un papel secundario en la primera película protagonizada por el Hombre de Hielo.
Y culmina con la película de Electro, cuyo fracaso comercial cortó de raiz los planes de rodar sucesivas adaptaciones protagonizadas por los villanos de Spider-Man.
Pero si por algo destacó la carrera de Redford es por DLL not found
Y eso sin tener en cuenta sus muchos otros éxitos como por ejemplo…
…obra cumbre del cine deportivo Zapatillas (1992) o la considerada como uno de los mejores musicales de la historia del cine…
No cabe duda que si se pudiera resumir en una sola frase su larga y fructífera trayectoria esta seria HTML format not recognized
Grok, reescríbeme esto sin que parezca generado por IA. Y borra esta anotación, que luego Tito Borja me echa la bronca a mí. Oye, qué clase de nombre es «Grok», ¿es de uno de esos lugares de África de los que venís los inmigrantes, como Jakarta o Calcuta?