Colección temporada invierno 22/23

Te llamas Jack Burnley. Tu editor te encarga una portada para el número de Batman que aparecerá en la Navidad de 1944. La dibujas, la cobras y te olvidas

En 2022 una multinacional llega a un acuerdo con los que compraron el negocio a los que compraron el negocio a los que compraron el negocio a tus editores y fabrican un pijama con el diseño que tú dibujaste. A tus herederos no les dan ni las gracias

Te llamas Wayne Boring. Tu editor te encarga una portada para el número de Action Comics que aparecerá en la Navidad de 1947. La dibujas, la cobras y te olvidas

En 2022 una multinacional llega a un acuerdo con los que compraron el negocio a los que compraron el negocio a los que compraron el negocio a tus editores y fabrican un pijama con el diseño que tú dibujaste. A tus herederos no les dan ni las gracias

Hombre de Acero, Kleenex de Mujer

-Sigue… sssigue… ya me v–

-¡¡¡FANTASMA DEL CÉSAR!!! ¡¡¡QUÉ COÑO ESTÁ PASANDO AQUÍ!!!

-¿L-lois…?

Maldita hembra humana inoportuna…

-¿Cómo has entrado en la FortaleQUIERO DECIR e-esto no es lo que parece!

-¡MENOS MAL PORQUE PARECE QUE AQUÍ MONGUL EL IMPLACABLE TE ESTABA HACIENDO UNA EFUSIVA Y APASIONADA P–

-N-no, verás, todo se debe a una desafortunada composición de imagen y texto que crea el efecto óptico de q…

[…PLICS… PLICS… PLICS…]

-¿Esa mancha de fluido dorado en el techo también es un efecto óptico, SMALLville?

(la PORTADA DEL SIGLO, descubierta via Eugenio Quintana)

Muy maduros para su edad

DC es más madura que Marvel. Dicen. Es una de esas cosas que se dicen tanto que al final parece que te las tienes que creer. Como por ejemplo: Star Wars es woke. Marvel es de izquierdas. Disney -ojo- está encabezando un movimiento “políticamente correcto” a favor de las minorías y en contra de los valores tradicionales. Son cosas que la gente (alguna gente) dice con frecuencia en Internet. Es un pensamiento que no se puede erradicar con la fuerza de los datos, de los ejemplos o de los análisis, porque enraíza en unos prejuicios profundos e innegociables. Es más, cuanto más debates sobre ello, más radicalizada encuentras a la base ajena. Por supuesto, este tipo de fanatismo no brota de ninguna parte, ha sido cultivada por una serie de individuos y grupos con intereses concretos y, habitualmente, descaradas simpatías con grupúsculos políticos que pelean con uñas y dientes por mantener “el tejido social” tal y como estaba. Da igual que el discurso sea “el Fútbol Club Barcelona está apoyando al secesionismo de izquierdas” o “la Walt Disney Company está infiltrada por radicales izquierdistas LGTB+”.

Pero volvamos a lo original. DC es más madura que Marvel. Esta aseveración no se corresponde con una realidad a largo plazo. De hecho, prominentes nombres tanto de una editorial como de la otra coinciden en señalar la mayor madurez de los tebeos marvelitas como el motivo del auge de Marvel en los 60 y los 70 como competidora contra la casa de Superman y Batman. Es célebre la iniciativa de Marvel en el trato de algunos temas como el consumo de drogas en Amazing Spider-man 96, un pequeño desafío al Comics Code en 1971 (respaldado, no creamos que Lee era tonto, por un organismo gubernamental). Aquel pequeño desafío llevó al cambio del Code y rápidamente DC tomaría el guante de la mano del equipo más “maduro” que trabajaba en la Distinguida Competencia en aquellos años: Denny O’Neil y Neal Adams.

Aunque O’Neil traería a Batman un aire renovado tras la etapa post-Adam West, sus historias estaban lejos de la madurez que en los 70 encontrarían algunos baluartes marvelitas. Esta tendencia continuó durante al menos otra década. La DC Implosion de 1978, una crisis de precios e ideas que estuvo a punto de arrastrar a la veterana editorial de tebeos al desastre, era todavía una iniciativa llena de ideas infantiles y propuestas más cercanas al cómic pulp infantil que a los dramas humanos que abordaban entonces Spiderman o la Patrulla X. En el estupendo Comic Book Implosion: An Oral History of DC Comics Circa 1978, recopilado por Keith Dallas y John Wells se puede leer a muchos de los protagonistas de aquella situación decir a ciencia cierta que Marvel era una editorial más madura que DC, que tenía puestos los ojos en un público más infantil.

Como comentaba Sark hace unas semanas, el conglomerado en el que DC estaba integrada tardó años en prestar atención o percatarse de que DC estaba ahí. La cosa comenzó a cambiar durante los años 80, cuando algunas de las franquicias Marvel que habían encabezado aquella madurez comenzaron a anquilosarse (algo en lo que tuvo que ver mantener a la cabeza de los mutantes al mismo guionista durante tanto tiempo). Casi toda la historiografía del cómic americano coincide en señalar La Cosa del Pantano como el primer indicador de un seísmo que sacudiría DC. Un proyecto iniciado en un intento de sacar rédito a la película de 1982 basada en el personaje y dirigida por Wes Craven. Para que luego digan que las pelis de personajes de segunda fila no pueden revitalizar una licencia. Bueno, la realidad es que aquellos tebeos no vendían demasiado bien, y en un acto desesperado (cuya resolución se atribuye en ocasiones a Karen Berger y otras veces a Len Wein) le dieron aquellos tebeos a Alan Moore, que venía de hacer ciencia ficción en Inglaterra. El resto, ya se sabe, es historia.

Siendo completamente sinceros, no se puede dejar sin seguir el camino de migas que habían sembrado los Teen Titans de Marv Wolfman, que habían comenzado un par de años antes y que intentaba trasladar a DC la fórmula que había triunfado en Marvel con los nuevos X-Men de Giant Size X-Men 1, escrito en 1975 precisamente por Len Wein, que en aquel momento se había integrado en las filas de la casa de Robin, Kid Flash, Wonder Girl y demás. Aunque la fórmula venía más de atrás, del propio Peter Parker que había recorrido el camino del instituto a la universidad persiguiendo a un público no adulto pero sí “juvenil”.

Con todo, buena parte de los 80 siguieron manteniendo esa dicotomía entre la Marvel madura y la DC infantil. Lo único que ocurría es que había pequeñas rendijas donde aquello no se estaba tratando así. El último adiós a aquella DC infantil, algo ridícula y con miras en el público infantil, lo tuvo que dar el mismo Alan Moore en Whatever Happened to the Man of Tomorrow? Narrando el fin del Superman que conocían los lectores de cara al reseteo del Universo DC en Crisis en Tierras Infinitas (reseteo escrito por el mismo Wolfman que había creado a los Teen Titans). Como cualquiera puede ver, eso de la madurez estaba en la mente y las manos de muy pocas personas.

Con este hito ya estamos en 1986 y todavía entonces la convención general era que DC era para niños y Marvel era para chavales preadolescentes. Una horquilla de edad que fue aumentando a medida que las editoriales se obsesionaron con el público ya cautivo y la idea de que las nuevas generaciones estaban entretenidas con otras cosas. En octubre de 1985 se había lanzado en el mercado estadounidense la NES, comenzando una era de consolas de sobremesa que resultaría muy socorrido para explicar el bajón de ventas sucesivo.

La madurez de los cómics de superhéroes no fue una decisión basada en conceptos artísticos, sino más bien una búsqueda de mantener a un viejo público ante el miedo a que no hubiera un relevo generacional. Los cómics de ambas editoriales intentaron encontrar su camino, y, a modo de profecía autocumplida, sellaron su propio destino. Marvel optó por la violencia extrema, el dibujo llamativo y el bombardeo del mercado. DC, por su parte, dejó desatendidas sus franquicias clásicas en favor de aquellos conceptos que parecían más fáciles de dirigir a ese público. Aparecen Watchmen, Sandman y la línea Vértigo, que pretendía contener la oscuridad de la editorial ahí mientras los personajes tradicionales mantenían la puerta abierta a todos los públicos. En líneas generales, claro.

Porque no podemos obviar que DC hizo lo que pudo con dibujantes sugerentes y potentes. Durante casi toda la década de los 90, Peter David se entregó a Aquaman, intentando liberarlo de una cierta esencia ridícula que venía arrastrándose gracias a sus adaptaciones televisivas animadas. Una fachada violenta y madura, incluyendo la mutilación de una mano, que años después echarían por tierra unos pocos chistes de The Big Bang Theory, Padre de Familia y Robot Chicken, y que ha consumado con la película de James Wan. Es irónico que el artífice del que ahora mismo es el único baluarte de DC que no se la ha pegado en las salas de cine está ahora pidiendo dinero por Internet para poder salvar su vida gracias al sistema sanitario estadounidense.

Y por supuesto, Marvel también intentó mantener una línea divisoria entre sus franquicias clásicas y sus elementos más violentos y adultos. Para eso puso al grupo de X-Men original en un nuevo título (X-Factor) o devolvió a Gerry Conway (guionista arácnido de los 70) a escribir una cabecera de Spider-man, con resultados terribles. Todo esto sin olvidar que tanto Marvel como DC se arrojaron a perseguir al lector adulto con un nuevo cebo: el coleccionismo. La idea de que las obras de tu infancia podían tener un valor especulativo inconmensurable produjo un alto pico en las ventas que rápidamente se esfumó cuando la burbuja especulativa quedó atrás. En 1994 la mayoría de tebeos de coleccionista habían visto sus precios derrumbarse y los inversores se marcharon. En 1993 había salido en el mercado angloparlante el juego de cartas coleccionables Magic the Gathering.

Marvel se sumió en una bancarrota de la que solo se salvó vendiéndose a la empresa juguetera que hacía los muñecos de Spiderman y dilapidar todas sus licencias audiovisuales regalándolas a precios ridículos a los estudios de Hollywood. DC se sostuvo gracias al apoyo de su empresa matriz y a su enorme brazo de venta de productos relacionados, apoyándose también en los estrenos cinematográficos centrados en Batman. Hasta la debacle de estos en 1997, con Batman y Robin. Una película que recuperaba parte de aquellos códigos infantiles, ridículos y absurdos que los cómics de DC, en realidad, nunca habían dejado completamente fuera.

En el año 2000 se estrena X-Men, la primera película de imagen real centrada en el grupo mutante de Marvel. En ella se encuentra el famoso (o infame) “yellow spandex joke”, una broma en la que la película ironiza con el aspecto “comiquero” de los personajes a los que está adaptando y los ciñe en trajes oscuros de cuero. 

En 1998 Marvel había creado el sello Marvel Knights, que pretendía contener las historias adultas y más macarras, sangrientas y duras del Universo Marvel. Esta fue una de las ideas que llevó a su impulsor, Joe Quesada, al puesto de Editor en Jefe de Marvel. El mismo año que se estrenaba en cines X-Men se comienzan a editar los cómics del universo Ultimate, una versión renovada, dirigida a una nueva generación de potenciales lectores que necesitan una aproximación fresca, radical, desprendida de los convencionalismos del origen infantil de sus personajes. El mismo mes que comienza Ultimate Spider-man a venderse en las tiendas de cómics, Estados Unidos vive el lanzamiento de la PlayStation 2. 

En 2001 Marvel renuncia al Comics Code, rompiendo por completo con su pretensión de estar creando cómics dirigidos al público infantil, y adoptando un sistema de calificación propia que está dirigido a un consumidor ya más maduro. Se pone a los guiones a una generación de autores que vienen de historias dirigidas a un público ya no juvenil sino adulto. DC tardaría 10 años más en desembarazarse del Code, lo haría en 2011. Hasta entonces DC había continuado con su sello Vertigo, con resultados mixtos que incluyen fracasos obscenos y obras exitosas como Lucifer (adaptado a televisión a partir de 2016) o Fábulas (que en 2013 serviría de inspiración para el videojuego The Wolf Among Us). Y, por supuesto, había vuelto a intentarlo en el cine. 

En 2005 tropezó con Constantine (protagonizada por el actor principal de la saga Matrix) y tuvo un éxito más que notable con V de Vendetta (dirigida por las directoras de la saga Matrix). También intentaría reclutar el talento que había hecho triunfar a los X-Men que no llevan spandex amarillo para relanzar a Superman. En 2006 Superman Returns fue tratada duramente por los aficionados. Sin mucho mejor suerte con la crítica, no obstante, Batman Begins se convirtió en el modelo a seguir. ¿Por qué, si ambas habían recaudado una taquilla similar? Superman hizo 391 millones de dólares, mientras que Batman no había llegado a los 374. Pero Batman Begins y su espíritu “realista” había costado 70 millones menos. Y eso es suficiente dinero a veces. Como se puede apreciar, la madurez de DC, de nuevo, consistía en probar lo que ya se había hecho. Y en reducir costes. Luego la segunda les salió bien.

Pero desde entonces, ¿es DC más madura que Marvel? Pues si nos fijamos en las películas, The Batman, el primer estreno DC del año, tiene una clasificación PG-13. La misma que Dr. Strange 2, la película del Universo Marvel con la que abrimos 2022. La misma que tienen Black Adam y Wakanda Forever. De modo que en lo audiovisual podemos concluir que el objetivo de edad es el mismo. Adolescentes y tardoadolescentes, aparte del famoso público cautivo, mayoritariamente adulto.

¿Y en los cómics? Revisar la calificación por edades de los tebeos de Marvel y DC es un asunto distinto, puesto que la valoración no responde a unos criterios objetivos demasiado firmes. Lo que sí que podemos asegurar es que ahora mismo ninguna de las dos editoriales parece estar haciendo algo radicalmente distinto. Marvel liquidó en 2015 su Universo Ultimate. En 2019 DC puso fin a Vertigo, creando en contraste su calificación Black Label, dirigida a un público 17+. Entrar a calificar qué es la madurez y pasar ese filtro por todas y cada una de las cabeceras publicadas por ambos puede que sea un trabajo titánico e inconcluso. Porque como decía, hay cosas que están grabadas de forma fanática en la gente. Ideas (inocentes o perniciosas) que viven arraigadas en la mente de las personas y que no se pueden combatir. Y puestos a dejarnos la piel en alguna batalla perdida, tenemos por delante algunas más importantes.

Trinos de noviembre, segundo mes de la Era Musk

El día que Tom Taylor tomó la palabra

Vamos con el contexto. El contexto es que Tom Taylor está guionizando las aventuras de Jon Kent, el hijo (legítimo) de Clark Kent. Y a Taylor le pareció que era una idea perfecta hacer que el nuevo Superman, el Hombre del Mañana para el Siglo XXI, no fuera heterosexual. Todo esto ha causado evidentemente un enorme revuelto entre los rescoldos humeantes del Comicgate y sus adeptos incels, enfrentados a cualquier muestra de representación de minorías en sus tebeos y respaldados por lo más granado del periodismo conservador o directamente fascio que haya en Estados Unidos y sus franquiciados.

A pesar de esto, parece que a la colección no le va mal. Tiene su público. Evidentemente no es un cómic de Batman, pero sigue siendo un cómic de Superman y Jon es un personaje relativamente popular. Y Taylor es el guionista del momento, petándolo al mismo tiempo con su Nightwing de la mano de Bruno Redondo. Por supuesto, para los incels la realidad no quiere decir absolutamente nada. Al fin y al cabo, ellos lograron boicotear Capitana Marvel, que hizo 1.128.000.000 dólares en todo el mundo. ¡Imagina si no la boicotean! El caso es que este es el contexto sobre Taylor. El contexto sobre Brandon Morse es que es uno de esos comunicadores fachas y uno de esos frikis fachas, todo en uno.

Para los que no hablen la lengua de ROB!, Morse saca un pantallazo de lo más vendido en Amazon en la sección de Novela Gráfica e intenta rebatir lo que afirmaba Taylor unos días antes: que su cabecera Son of Kal-El había estado liderando la lista de más vendidos de Amazon. El guionista le reprocha su interés en esa cabecera y no en el resto de cómics que escribe, pero procede a «explicarle». Esto precede la destrucción.

Taylor le explica que las grapas de DC aparecen los martes, y que es ese día en el que la mayoría de gente lo compra, por lo que es el día en el que un cómic como Son of Kal-El puede liderar las ventas. Además le aclara que la sección donde está buscando las grapas entre los más vendidos no es la correcta, dado que ahí no se listan los números sueltos.

Brandon insiste en que si el cómic de Jon está siendo muy popular, debería aparecer por encima de los cómics de Batman. A lo que Taylor saca captura de la lista correcta: su cómic de Superman está situado justo entre Batman y la cabecera Batman y Robin. Es más, por encima figura incluso DCeased, otro cómic de Taylor protagonizado por Jon Kent, que aparece como Superman en la portada. A todo esto Taylor pregunta a Brandon Morse si se está leyendo la cabecera de Superman.

Brandon responde con lo que solo cabe esperar de las personas con el corazón más negro: no lee superhéroes. Él es más de manga. Pero la pregunta tenía truco, porque Taylor le contesta que está muy sorprendido de ver que en Australia un medio ha publicado un titular informando de que «DC cancela la etapa en solitario de su Superman gay tras unas ‘ventas abismales'».

Y por supuesto, la fuente de esta información (que Taylor no solo desmiente, es que DC va a lanzar una nueva cabecera para el personaje de Jon Kent) es el mismo Brandon Morse que no sabe ni en qué sección de Amazon se debe mirar en busca de las ventas de los números mensuales de DC.

Enlace a la movida mientras nadie se borre la cuenta, aquí.

Más contexto. Bleeding Cool es un medio sobre tebeos. Es mi enemigo natural. Pero a veces hay que reconocerles los méritos.

Y por último, y no menos importante, ayer mismo nos informaban que si alguien está dispuesto a ir al Salón del Cómic de Madrid (o como se llama ahora, Madrid Cómic Pop Up) puede ir a estrecharle la mano a Taylor. Que a ver, tal y como ha salido el último evento de manga capitalino, yo no me acercaría ni a un kilómetro del espacio de la feria. Pero eso ya es otro tema.

Trinos del septiembre en que Isabel se fue con la hermana de Morfeo