[Por aclamación popular está ampliamente demostrado que en este blog no tenemos ni puta idea de manga. Así que de vez en cuándo llamamos a Delfina Palma para que nos eche una mano con el asuntillo del pasado fin de semana. Adelante, maestra]
Tengo que confesar que la reciente polémica levantada por el ganador del concurso del cartel del Salón del Manga me ha pillado de sorpresa. Ignoro a qué se debe que precisamente este año se hayan levantado tan airadas protestas sobre el fallo del concurso, cuando es un cartel claramente en la línea de anteriores ganadores.
El cartel del VIII Salón del Manga fue el último encargado a un profesional del medio:
MAN (en la imagen) Y Ken Niimura fueron dos de los artistas que realizaron carteles pre-concurso; el año siguiente se decidió escoger el cartel a través de un concurso, método que se mantiene hasta hoy.
En realidad no es un método ni mejor ni peor: al final, todo se reduce a que cada autor se esfuerza en dar lo mejor de sí mismo y es el jurado del concurso, a modo de cliente final, elige lo que más le gusta o les convence. Con esa imagen en la cabeza es con la que nos acercamos a revisitar los distintos carteles ganadores de estos años:
El cartel del IX Salón del Manga fue el primero que salió del concurso:
En el que ya se puede observar una cierta preferencia del jurado por los tonos rojos y el medio tradicional sobre el digital*. Esta tendencia se mantuvo en el cartel del año siguiente, al que se puede considerar estéticamente el padre espiritual del cartel de este año:
Chico, chica, tomo de manga, dientes… sobre todo dientes. Especialmente dientes.
Pasemos al siguiente año:
Primer año de color digital. Rosa, ocre, rojo; mucho rojo. Y una chica gato ligera de ropa, que eso siempre es comercial.
Llegamos al XII Salón del Manga:
Seguimos con el color digital, el pelo rosa y ¡los dientes han vuelto!
XII Salón del Manga:
A pesar de mantener una serie de elementos comunes de los carteles anteriores (chica, rojo, pincel) es un cartel rompedor que ejecuta un quiebro notable de estilo con respecto a los anteriores. Una hipótesis tan válida como otra cualquiera es que el jurado se sentía experimental y decidió probar otros caminos estéticos.
También es el primer año en el que se incluye una pequeña biografía del ganador en la página del cartel.
Contraste total en forma, que no en contenido, con su sucesor del año siguiente:
Esta línea de criterio se mantiene con pocas variaciones en el cartel del siguiente año:
Aunque saludamos el regreso de elementos perdidos en la anterior entrega, como los tomitos y los detalles en rojo (así conjunta con la maquetación, que habitualmente es roja y blanca).
Y así llegamos al ganador de este año:
Que como podemos observar, contiene todos los elementos que previamente hallamos presentes en uno u otro cartel: un chico y una chica disfrutando de su tomo de manga, referencias a la bandera militar japonesa**, la inclusión del color rojo en la ilustración y lo más importante, una buena dentadura a la vista.
Mi teoría personal favorita es que debemos tener un topo de ADLO! en el jurado cuya identidad ha mantenido en secreto todos estos años. Si es así, gracias.
Y si no, también; si no fuera por el anónimo jurado del concurso del cartel, tendríamos carteles tan sosos y poco comentables como los de la Japan Expo de este año, el Salón del Manga de Jerez y otros eventos fuera del binomio Madrid-Barcelona o los Otaku Expression y eso sería muy aburrido. Y sin tantos dientes, que quieras que no…
* Lo que llevó a una serie de comentarios maliciosos relacionados con los lápices de colores Alpino. Ahora ya no, porque todo el mundo se puede comprar Copics como los que usan los japoneses, y los Copics molan infinito más uno.
** No, si ya; pero es que es taaaaaaaaaaaaaaaaaan icónica…