Como hablábamos la semana pasada comienzo aquí el sano propósito de hablar una vez al mes de un cómic de Spiderman que realmente me guste mucho. Había muchas formas de comenzar esta serie pero he decidido elegir un número que probablemente poca gente tiene en mente o se podría esperar que sea uno de mis preferidos. El cómic es The Amazing Spider-man 151 y es el comienzo del tercer guionista regular de la etapa, Lein Wein. Wein, que había sido editor de la cabecera durante el último tramo de la etapa de Gerry Conway, duró apenas 30 números en la colección arácnida, y su legado más importante en la colección es la creación del Corredor Cohete. En efecto, para 1975 los mejores años de la cabecera arácnida habían pasado y se venían unos años de considerable mediocridad para Marvel.
Sin embargo, Amazing 151 es un tebeo impresionante para los cánones modernos, tanto por la cantidad de información que contiene como por lo interesante tonalmente que resulta. A los lápices se encuentra RossJohn Andru, mi dibujante arácnido de los 70 preferido. Todavía le quedaba mucho por hacer en las páginas de Spiderman, pero es cierto que el estilo clásico que tiene aquí es envidiable. Le ayuda, y no poco, el trabajo a las tintas de John Romita Sr. completando un equipo de dibujo poco habitual y de talento extraordinario.

Estamos ante unas viñetas que una por una todavía son muy clásicas, muy deudoras de los cánones originales de Marvel, pero donde la composición de página y la narrativa van evolucionando y tomando caminos más creativos e innovadores. No es que Conway o Gil Kane fueran unos puristas, pero es a partir de la llegada de Andru y, sobre todo, de Wein donde se comienza a notar la llegada de una nueva década en la narrativa. Era 1975, ya era hora, por otro lado. Este tebeo contiene una de mis páginas preferidas por la forma en que está contada y creo que hace muy memorable lo que en otro tiempo hubiera sido un tebeo muy poco digno de ser recordado.

Y es que la página comienza a abrir el plano, revelando al mismo tiempo que Spidey va razonando, contrastando su traje rojo y azul con el intenso amarillo de la ciudad de Nueva York.

Y es que a medida que nos vamos alejando, cada vez lo vemos todo con más claridad. Y es al mismo tiempo que Spiderman comienza a comprender la magnitud de lo que está ocurriendo.

Menuda imagen para la eternidad. Pero lo importante de este número 151 no es el duelo entre el superhéroe y el Conmocionador. Qué va. Esto solo ocupa unas pocas páginas, porque el resto del cómic está dedicado a…

Peter Parker y sus amigos universitarios asistiendo a una fiesta en casa de J. Jonah Jameson. Esta clase de detalles, con tebeos con más páginas dedicadas a Peter rodeado de su elenco de secundarios civiles que a las peleas de señores en pijama, son los que caracterizaron los años más nostálgicos del personaje. Aquí los tenemos a todos: Mary Jane, Harry; Flash, Ned, Betty, y por supuesto, al mismísimo anfitrión:

En las pocas páginas donde podemos disfrutar de su hospitalidad, Jameson nos da toda una panoplia de momentos de absoluta comedia con el cascarrabias bigotudo preferido de América, combinando una faceta snob poco habitual en sus encarnaciones más populares con el clásico populismo irascible que lo convierte en uno de los mejores personajes de Marvel. ¿Cómo no va a gustar un tebeo así?
Pero además, The Amazing Spider-Man 151 contiene un elemento especial que lo hace extra, que lo convierte en uno de esos cómics imprescindibles de la historia arácnida, aunque de forma absolutamente accidental. Es el número que incluye la chimenea de Ben Reilly.

La importancia de este momento (que conecta con el final del arco original del clon de Spiderman) era imposible de prever. Y es que recordemos que el Chacal tuvo que seguir a Peter hasta ahí para rescatar al clon y lanzar el cadáver de otro clon distinto. Los tumultuosos motivos para esto se encuentran en la mente de los autores de los Diarios de Osborn en los 90, donde intentaban darle sentido a todos los callejones narrativos sin salida de la Saga del Clon.

Todo esto en 18 páginas que cierran un arco, abren otro y en medio da tiempo para unas cuantas chanzas a lo Archie. Los tebeos de entonces te duraban hora y media. Menuda conjunción de cosas brillantes, una detrás de otra, todas ellas brillantemente ejecutadas en el apartado gráfico. ¿Qué más os puedo decir? Me encanta este cómic, me parece una maravilla y uno de los mejores tebeos de Marvel de toda la década.
El mes que viene hablaremos de otro. Hasta entonces, recordad no leer tebeos modernos.

Yo empecé mi colección de SpiderMan con la muerte de Jean Dewolf… Así que las historias anteriores las fui recopilando a base de adquirir números atrasados… Creo que éste es uno de los que no he conseguido todavía.
El primer tebeo de Spiderman a color del que tengo memoria es precisamente la pelea contra el Shocker (ASM 152-153
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