Los términos «ámplia» y «panoplia» se quedan cortos, muy cortos para describir el casi inabarcable panorama de miniversos que nos brinda el Mundo de Batalla en el que transcurren las nuevas Guerras Secretas. Mundos arrasados por mutantes, mundos arrasados por guerras civiles, mundos arrasados por vampiros, mundos arrasados por superheroes… Todo ello rodeado por una infernal planicie arrasada por ultrones, zombis y simbiontes.
Pero entre todos ellos destaca un mundo diferente a todos los demás. Groenlandia Tierraverdes, un mundo arrasado por los Hulks. Sólo leyendo Guerras Secretas: Planeta Hulk uno puede captar plenamente los horrores que los perniciosos efectos que los rayos gamma sobre las margaritas han desatado sobre tan castigadas tierras pero quizá, sólo quizá, pueda poneros un ejemplo que os proporcione una ligera idea.
Imaginaos que sois UN Capitán América. Concretamente el Capitán MadMaxmérica.

Y os despertais tras un… ehm… intenso sueño acurrucados junto a vuestro Dinosaurio Diabólico.
Mientras os acabais de despejar recordais vuestra misión: internarse en las malditas Tierrasverdes y asesinar a su cruel Rey Rojo a fin de liberar a vuestro… ehm… añorado compañero Bucky.
Y entonces un inquietante sonido llama vuestra atención.

Cuando vuestros ojos se dirigen en esa dirección descubre una espantosa visión.

El Profesor Doctor Verde, vuestro guía nativo en este mundo infernal, ahí sentado mirando a lontananza. Obviamente entregado a la actividad de hacerle cosas a su gusanito.
(bueno, en su caso un monstruoso gusanaco deformado por la radiación gamma)
Titubeantes, os levantais. Temerosos, os acercais a él. Aprehensivos, lo rodeais.

Para descubrir que, efectivamente…

…le estaba haciendo cosas a su monstruoso gusanaco deformado por la radiación gamma.
Pero no os equivoqueis, Guerra Secreta: Planeta Hulk no es una de esas series monotonamente apocalipticas. Su guionista Sam Humphries, equilibra sabiamente la desesperación con la esperanza. Si bien es cierto que su Steve Rogers es un atormentado personaje que continuamente recuerda a su compañero Bucky y todas las cosas que les gustaba hacer juntos.

Y no es menos cierto que cuando por fin se encuentra cara a cara con el Rey Rojo descubre que este lo asesinó en su primer y último enfrentamiento el monarca carmesí no está exento de humanidad. Prueba de ello es que le regala una parte de Bucky Barnes que había conservado como trofeo.

Una parte con la que Steve podrá… ehm… recordarle… Sí, eso, recordarle.
(ay, que se me había olvidado comentar que el Bucky del Verdeverso era zurdo, que era un detalle importante ¿no?)