Un mal resultado en la tirada de encuentros

Sin más: Se ha mierto Gary Gygax, el Viejo Dragón.

Para aquellos a los que no les suene el nombre, o que crean que no se ha visto infludia su vida por él, sepan que se equivocan. Estamso ahblando del co-creador de Dragones y Mazmorras, vieron sin duda la serie de televisión, hablamos, por extensión del cocreador de una forma de entretenimiento tan diferente que negarle la imporancia sería como negársela a Clive Sinclair o Graham Chapman.

El mundo del cómic, quizá por aquello de la cercanía, quizá por la unión de afinidades, ha acusado el golpe. La desaparición de alguien fundamental para entender la función de las cosas, promover las narraciones y fomentar la imaginación no podía pasar desapaercibido en un medio que parece su réplica de un universo paralelo.

Suya es la oportunidad de honrar la memoria de Gygax, suya la responsabilidad.

Post Actualizado. Con links en tiras e ilustraciones para ir al sitio del que salieron y nuevos enlaces.

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Dibujos Conmemorativos:

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No os perdáis la historia que le dedican en

Y si aún creéis que no tiene mucho que ver con este blog recordad Lost: La Partidita.

In memoriam: Mike Wieringo

– …Así que bajo ningún concepto voy a conceder a su cliente el honor de pasar su Otra Vida jugando al ajedrez con la parca.

– Pero… señoría… usted es una mujer sensata…

– ¡Es más, por semejante muestra de soberbia le voy a condenar a pasar una temporadita en una celda estándar del purgatorio antes de volver a pasar por aquí para revisar el caso!

– Señoría… esto es un increíble abuso de autoridad. ¡Usted no puede…

– Este es mi tribunal, letrado, y aquí hago lo que me le dé la gana. ¡Sentencia dictada! Alguacil, retire al señor Svensen de mi presencia, por favor.

– Esto es una desfatachez. ¡Apelaré al Tribunal Supremo! ¡La denunciaré por prevaricación!

– Alguacil, pasemos al siguiente caso antes de que cambie de idea y envíe al señor Svensen al infierno por desacato a la sala. ¿Quién es el siguiente?

– Un tal Mike Wieringo, señoría. Estadounidense, 44 años, dibujante de tebeos, vegetariano, muerto de un ataque al corazón.

– Para que luego digan de la vida sana. No somos nadie ¿Quién es su abogado?

– Mohit Anniruddha, señoría.

– ¡Oh, Dios mío! Anniruddha, ¿eh? Hágalo entrar, alguacil. Cuanto antes empecemos con esto, antes acabaremos.

– Sí, señoría. Ya puede pasar, señor Anniruddha.

– Gracias, majo. Con su permiso, señoría, ante todo, buenos días.

– Buenas noches, Señor Anniruddha… Antes de empezar, me gustaría hacerle una pregunta. ¿Cuánto tiempo lleva usted asignado a mi tribunal?

– Eeeeh. Calculo que unos 163 años, señoría, pero no podría asegurarlo. Llevo bastante mal la cuenta del tiempo desde que, ya sabe… fallecí.

– Usted no eligió el destino voluntariamente como yo, verdad, ¿señor Anniruddha?

– No, señoría, mi trabajo como abogado de oficio en este tribunal es mi condena. Es mi purgatorio personal.

– Ya veo. 163 años es mucho tiempo para estar en el purgatorio.

– En efecto, señoría. ¿Le importaría que dejáramos de hablar de mí y…

– ¿Cuántos casos ha ganado, letrado?

– ¿Cómo dice?

– En su carrera como abogado de oficio en mi tribunal, ¿cuántas veces ha conseguido que aceptara la oferta de Otra Vida de alguno de sus representados?

– Bueno, este… Ninguna, señoría.

– ¿Está seguro de les asesora bien, letrado?

– A veces yo mismo me hago la misma pregunta, señoría.

– Es que la suya no es precisamente una buena estadística.

– No, no lo es. Pero, ya sabe, usted tiene fama de ser una juez extremadamente dura, y yo tengo una cierta querencia por las causas perdidas.

– Yo misma no lo hubiera expresado mejor. Espero que esta charla le haya ayudado a aclarar sus ideas, letrado. No quiero que me haga perder el tiempo como otras veces. ¿Qué me dice de este tal… Mike Wieringo?

– Es un buen hombre, señoría…

– Eso lo decidiré yo leyendo su historial, letrado. Al grano.

– Permítame recordarle que mi cliente era… es dibujante de cómics.


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– Ya lo veo. Spider-man, Flash, 4 Fantásticos… iconos populares americanos. Arte comercial. Entretenimiento barato para el gran público. ¿Era especialmente bueno?

– Bueno, nunca fue aclamado por su espectacularidad, pero lo cierto es que era un dibujante muy competente, dibujaba muy bien cualquier cosa, con una línea clara magnífica. Era un gran diseñador de personajes, sin duda gracias a su exhuberante imaginación, y con su dibujo conseguía dotar a sus personajes de una elegancia e inocencia que eran su marca de fábrica, aunque eso le granjeó ciertas críticas de infantilismo.

– ¿Pasará a la historia? ¿Saldrá su nombre en las enciclopedias?

– Me temo que no, señoría. Como la mayoría de la gente, se dedicó a intentar vivir una vida feliz haciendo algo que le gustara para poder ganársela.

– Bien, ¿y cuál es su propuesta de Otra Vida, letrado?

– Pues verá, señoría, la obra magna de mi cliente es un cómic llamado Tellos. Tellos transcurre en un mundo fantástico creado por su protagonista, un niño llamado Jared, cuando entra en coma debido a un accidente de coche.

– Algo parecido a lo que hacemos aquí.

– Así es, señoría, es como si el niño Jared al morir hubiera pedido al tribunal pasar su existencia en un mundo ficticio y a partir de ahí se hubiera creado el mundo de Tellos, lleno de personajes fantásticos que vivían aventuras. Y esas aventuras eran las historias que mi cliente contaba en su cómic.

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– No me diga más. Y su cliente querría pasar su eternidad en ese mundo ficticio de… ¿Tellos, me ha dicho?

– En efecto, señoría, ese es su nombre. Y en efecto, señoría, ese es el deseo de mi cliente.

– Claro, un mundo ficticio donde vivir correrías como héroe crápula, o quizás aventuras como un gallardo paladín… Su representado debería ser menos pretencioso, señor Anniruddha.

– Lo es, señoría. Usted no ha acabdo de entender… Mi cliente no quiere ir a Tellos para vivir esas aventuras, señoría, sino para dibujarlas.

– ¿Dibujarlas?

– En efecto, señoría, a mi cliente le gustaría pasar su Otra Vida dibujando las aventuras que no le dio tiempo a contar, señoría, así como viendo a sus personajes crecer, desarrollarse y poder dibujar sus nuevas correrías.

– Una propuesta audaz, desde luego. ¿La idea es suya o de su cliente?

– Supongo que en esencia, debería decir que es mía, señoría. Aunque lo cierto es que basta conocer a mi cliente para saber que es la propuesta que le haría más feliz.

– No es  tarea de este tribunal el hacer feliz a su cliente, sino hacer justicia.

– Lo sé bien, señoría. En todo caso, ¿cuál es su decisión?

– De momento, decido que voy a leerme bien el historial de su cliente y el escrito con la propuesta que supongo habrá formalizado correctamente, letrado.

– Así es, señoría.

– No se haga ilusiones, esto no quiere decir que vaya a aceptarla.

– No me las hago, señoría.

– Le avisaré cuando haya tomado una decisión.

– Esperaré pacientemente su sentencia, señoría.

– Y váyase y saque esa estúpida sonrisa de mi sala, señor Anniruddha.

– Como usted diga, señoría. Buenas noches.

– Buenos días, letrado. Y buen trabajo. Alguacil, ¿cuál es el siguiente caso?


Publicidad original para el Green Lantern original

Planeta nos está torrando con la publicidad de este señor…

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Pero, si ése de arriba que regresa es el Green Lantern original… ¿quién es el personaje de aquí abajo?

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[Dedicado a Martin Nodell. Hoy somos uno menos]

BAAAAASSSSTTAAAAAAAA!!!!!!!

¡No lo soporto más, tanta originalidad va a acabar haciendo que me reviente la neurona!:

No sé yo si hubiera seguido iendo tan a menudo a las salas, ni siquiera si hubiera abierto las páginas de un tebeo como lo hice entonces (y así hasta hoy), si aquel día no hubiera creído que este hombre podía volar.
(http://www.dreamers.com/cgibin/foros.cgi?foro=comic?leer=13307)

Doy gracias a Cristopher Reeve por hacerme creer que un hombre puede volar
(http://www.dreamers.com/cgibin/foros.cgi?foro=comic?leer=13300)

..Me hizo creer que un hombre podía volar, y mucho más…
(http://gritos.com/cgibin/foros.cgi?foro=bronze?leer=1214)

Porque Christopher Reeve nos mostró a todos, durante diez años de su vida, que un hombre podía volar.
(http://universomarvel.com/bajolamascara/index.html)

En el caso de Reeve, por «hacernos creer que un hombre puede volar»
(http://www.crisei.blogalia.com/comentarios/22112#124855)

esta pelicula no conseguía que creyeras que un hombre pudiera volar, conseguía que tu quisieras volar.
(http://www.crisei.blogalia.com/comentarios/22112#125052)

Creí que un hombre podía volar, y creí aquello, más difícil aún si cabe.
(http://www.crisei.blogalia.com/comentarios/22112#125259)

…Y esto, sólo en unas pocas páginas del Internet hispano. Si uno se pasa por los foros, weblogs y páginas de noticias de habla inglesa(*), la obsesión por recurrir a la frasecita de marras se acerca peligrosamente al paroxismo. ¡Viva la originalidad, la inventiva y el ingenio!

(*: No, no voy a seguir citando originales, pero se pueden encontrar muestras a espuertas aquí , aquí, aquí, aquí…)

[Hummm… creo recordar vagamente que yo tenía algo que ver con algo que se hacía por acá…]

Con Don Armando Matías Guiu en el Recuerdo

– Buenos días.
– Buenas tardes.
– Ha muerto Don Armando Matías Guiu.
– No me jodas. ¿Hacemos algo?
– No estamos a su nivel de él.
– Colguemos uno de sus diálogos, así se verá lo mucho que aprendimos de él de su.
– Buena idea. Que empiece el «Homenaje In Memoriam«.

******

– Buenos días.
– Buenas tardes.
– ¿Cómo están ustedes?
– ¿Ustedes… refiriéndose a mí?
– A usted.
– Pues somos unos ustedes muy solitarios.
– ¿Están ustedes solos?
– Ustedes no sé como estarán, yo, que soy usted, estoy más solo que un chorizo de Cantimpalo.
– Un momento, está usted equivocado.
– ¿Están acompañados los chorizos de Cantimpalo?
– No lo sé. Usted ha dicho textualmente: «Yo, que soy usted». Y sin ánimo de interferir en su ego, que yo sepa usted es usted, pero jamás será yo.
– ¡Cómo que yo jamás seré yo!
– Yo, refiriéndome a usted, será yo, siempre que usted sea yo; pero yo, refiriéndome a usted, que soy mí, jamás será yo.
– O sea que yo debo de ser mí si no soy usted a pesar de ser yo. Pues yo no entiendo esto de usted ni de mí.
– Uno es uno siempre.
– Ahora llegan los unos. O sea que aquí estamos yo, que soy yo, usted, mí, usted que soy yo desde usted, yo que es usted desde usted, mí que debe ser un vecino musical y ahora para acabar de resolver los problemas llegan los unos. ¡El completo, vamos!
– No llegan los unos.
– Pues sí no son los unos serán los otros.
– Ni los unos ni los otros.
– O sea que llegan unos pero no llega nadie. ¡Que llegada más solitaria! ¿Les estaba usted esperando?
– Yo no espero a nadie.
– ¿También vendrá Nadie? ¡Jo! No vamos a caber tanta gente.
– Nadie no llega.
– Menos mal. Uno menos.
– Oiga, ¿sabe que usted es un complicado?
– ¿Yo? ¿Complicado yo? ¡Me llama complicado a mí, él que es siete u ocho personas a la vez!
– ¿Dice usted él refiriéndose a mí?
– ¡Ya vuelven los Mis! He dicho él refiriéndome a usted.
– De modo que yo para usted soy él.
– Perdone. Usted, para mí es usted y a veces usted es él.
– ¿Qué es él?
– Usted.
– ¿Y mí? ¿Dónde me deja usted a mí?
– Mí… Mi puedo ser yo desde mí. Usted no puede ser mí, desde yo.
– ¿Desde que yo?
– Desde yo-yo.
– Oiga, deje los juegos ahora que estamos en una conversación muiy seria. ¿A qué yo se refiere al decir yo-yo?
Yo, soy yo. Usted es usted, pero como usted desde su yo es yo, y yo soy usted, para distinguirme de su yo me llamo yo-yo.
– ¿Usted se llama Yoyo? ¡Que divertido! Jamás conocí a nadie que se llamara Yoyo.
¡Dios! ¡Ya me ha bautizado de nuevo! Escuche, ¿usted sabe quién soy yo?
– Yoyo, ¿Yoyo Pérez, tal vez?
– Yo me llamo Agapito Martínez.
– Yo, no.
– ¿Usted no se llama Agapito Martínez?
– No, que va. Yo me llamo Fulgencio Pérez.
– ¿Usted no será pariente de Fulgencio Pérez?
– Mas que parientes, somos la misma persona.
– ¡Fulgencio, a mis brazos!
– ¿Me conoce?
– ¡Claro que le conozco! ¡Llevamos una hora hablando de de usted, de mí, de yo y de los unos! Cuente, cuente, ¿qué hace de mí?
– ¿Mí? ¿Mi a secas o Mi-mi?
– ¡Ha venido también Mimi! Ya estamos todos.
– Pues si están todos, me voy. Buenos días.
– Buenas tardes.

******

[«Diálogos para besugos» Armando Matías Guiu. Mortadelo nº 219. Marzo, 1985]

ADLO! no te olvida.