En estas fechas tan señaladas señores con barba andan por ahi obsequiado a la gente cosas conseguidas de manera mágica (y si no eres la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid esos señores son Papá Noel o los Reyes Magos). Y es hora de admitir que en este blog una y otra vez hemos sido terriblemente injustos con la clásica publicidad de armas para niños en los tebeos.

Nos hemos dejado llevar por el alarmismo horrorizándonos con que los pequeños compradores indirectos fueran retratados como asaltadores de bancos de una película de Michael Mann.

O como obedientes soldados en algún conflicto del sudeste asiático y probablemente futuros opositores a la guerra paraplégicos.

Incluso como oficinistas que la lian parda pero ojocuidao, al final no es que fuera un terrorista de ultraderecha sino una persona con tremendos problemas psicológicos que tuvo un día de furia.
Como tanto intelectualillo woke que anda por ahí nos dejamos llevar por la superficialidad. Por anuncios de buenas intenciones pero errada ejecucREALIZACIÓN escogidos por su valor de shock. Sin detenernos a valorar lo patentemente estúpido que es pensar que la intención de los fabricantes de escopetas de aire comprimido fuera convertir a los tiernos infantes en autores de masacres en institutos.

No sé de dónde pudo salir tan absurda idea.

Porque la innegable realidad es que las armas son un juguete educativo. Una herramienta capaz de enseñar divirtiendo y preparar al jóven para las responsabilidades que van a acarrear las circunstancias de su vida adulta. Sean las que sean.

Por ejemplo que en tu país de repente se venga abajo el Apartheid y los residentes originales de las tierras que ocuparon tus abuelos europeos quieran recuperarlas, los muy egoistas.

O que acabe sucediendo un cambio climático (provocado por los lobos, las granjas de placas solares y la demolición de presas construidas por Franco) y tú y toda tu familia tengais que defender vuestra despensa de hordas de hambrientos que no se habían preparado para el Apocalipsis.
Una vez que te paras a pensarlo es inevitable admitir lo imprescindible que resulta un arma en la educación tanto intelectual como emocional de cualquier adolescente.

Sólo imaginaos las caras de pasmo y admiración de los amiguitos de vuestro retoño cuando les enseñe que ya tiene una de tamaño de hombre. ¡No pararán de pedirle que les deje jugar con ella!
Aún diria más, lejos de ser un mero juguete para los más pequeños de la casa las armas son una maravillosa actividad lúdica para toda la familia. Tenedlas sobre la mesa durante las cenas navideñas.

¿QUÉ PODRÍA SALIR MAL?
Así que cuando vuestros hijos os pidan armas de fuego en las cartas a Papá Noel o los Reyes Magos regaládselas sin miedo alguno. No los van a convertir en sanguinarios psicópatas que sonrien mientras matan.

Y si POR LO QUE SEA tal cosa acabara pasando considerad que con un arma de fuego no va a poder llevarse por delante a más de treinta personas. Cincuenta como mucho.

HAY JUGUETES MUCHO MÁS PELIGROSOS, CREEDME…























