Los cómics de antes sí que eran buenos XII

La identidad secreta de un superhéroe es muy importante. Desde un nivel puramente argumental sirve para evitar que alguien se salte las defensas de la fortaleza de Superman y le pegue un tiro a los Kent para que nadie ataque a los fallecidos padres de Clark para que nadie ponga en peligro a los niños que adopta Bruce Wayne que va progresivamente convirtiendo en Robin para que nadie dañe a los seres queridos del héroe.

Su función, desde el nivel cretivo es aún más importante, pues es lo que permite que el lector se identifique con el superhéroe que consume. Que gente con la fuerza y agilidad de Spider-man tenga problemas para pagar el alquiler, y un jefe tirano que le chille, hace que el lector pueda usar sus aventuras como escape a su propia realidad, soñando que a pesar de lo mal que lo trata su entorno él también esconde un ser extraordinario de gran valor en su interior.

Pero esa misma fortaleza de los tebeos se vuelve, a la vez, su máxima debilidad puesto que la necesidad de crear situaciones en las que introducir el tema de la doble identidad de los héroes y su necesidad de defenderla ante ojos ajenos, en todas y cada una de las aventuras del personaje acaba sometiendo al autor, inevitablemente, al llamado "Síndrome de Scooby Doo", que definía Mark Evanier como aquel problema que se encontraba cada vez que inventaban un monstruo para esta serie de misterio debían acudir a un coordinador que les informaba que su propuesta de un Espantapájaros con cabeza de calabaza que monta en un tractor poseído por satanás ya se hizo una o dos veces en algún momento en los 30 años de historia del personaje.

En Wonder Woman ese problema llegó pronto, cada número llevaba entre dos y tres aventuras de la heroína amazona, así que a la altura del número 122 las excusas para someter a Diana, tal y como quería el público, a problemas para mantener su identidad en secreto ya se acumulaban en el escritorio del encargado de la continuidad de la serie. Afortunadamente, los guionistas de Wonder Woman conocían el secreto de una buena historia: Hacerlo lo más simple posible:

 

WonderWoman122_04.jpg  
Aquí lo tenéis, Wonder Woman, que quiere estar cerca de Steve Trevor pero sin ayuntarse con él, se ha instalado como secretaria, pero un día cualquiera en el interfono, Steve confunde a Diana con Wonder Woman porque…¡¡tienen la misma voz!! (Algo que como bien señala Diana normalmente no pasa porque Steve suele estar "distraído" mirando el disfraz de Wonder Woman).

Así que Steve sale de su despacho sin pararse a pensar por qué contesta el interfono Wonder Woman en vez de su secretaria el interfono. ¿Es Steve tonto? No, es víctima de un recurso narrativo. Si Steve se para a Diana le daría tiempo a cambiarse, pero aquí estamos hablando de otra cosa, de poner en un aprieto a Diana del que parece imposible salir salvo con la estrategia más simple.

 

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Darle a Steve un abrigo para que se lo sujete

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cambiarse de ropa tapada por el abrigo

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y echarle la culpa a lo despistada que es la secretaria que se ha ido sin que la veas, y olvidándose del abrigo.

Todo bien, todo normal.

AVIV SOL SATSINOIUG SONEUB!!!

Publicado por

Isaac Hernández

Periodista y adláter. Sueño con una vida normal pero sé que me cansaría de ella en menos de seis meses

4 comentarios en «Los cómics de antes sí que eran buenos XII»

  1. Me pregunto exactamente como se distrae Steve mirando el disfraz de Wonder Woman cada vez que habla con Diana por el telefonillo. ¿Mirando una foto, tal vez?

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