Su función, desde el nivel cretivo es aún más importante, pues es lo que permite que el lector se identifique con el superhéroe que consume. Que gente con la fuerza y agilidad de Spider-man tenga problemas para pagar el alquiler, y un jefe tirano que le chille, hace que el lector pueda usar sus aventuras como escape a su propia realidad, soñando que a pesar de lo mal que lo trata su entorno él también esconde un ser extraordinario de gran valor en su interior.
Pero esa misma fortaleza de los tebeos se vuelve, a la vez, su máxima debilidad puesto que la necesidad de crear situaciones en las que introducir el tema de la doble identidad de los héroes y su necesidad de defenderla ante ojos ajenos, en todas y cada una de las aventuras del personaje acaba sometiendo al autor, inevitablemente, al llamado "Síndrome de Scooby Doo", que definía Mark Evanier como aquel problema que se encontraba cada vez que inventaban un monstruo para esta serie de misterio debían acudir a un coordinador que les informaba que su propuesta de un Espantapájaros con cabeza de calabaza que monta en un tractor poseído por satanás ya se hizo una o dos veces en algún momento en los 30 años de historia del personaje.
En Wonder Woman ese problema llegó pronto, cada número llevaba entre dos y tres aventuras de la heroína amazona, así que a la altura del número 122 las excusas para someter a Diana, tal y como quería el público, a problemas para mantener su identidad en secreto ya se acumulaban en el escritorio del encargado de la continuidad de la serie. Afortunadamente, los guionistas de Wonder Woman conocían el secreto de una buena historia: Hacerlo lo más simple posible:
Así que Steve sale de su despacho sin pararse a pensar por qué contesta el interfono Wonder Woman en vez de su secretaria el interfono. ¿Es Steve tonto? No, es víctima de un recurso narrativo. Si Steve se para a Diana le daría tiempo a cambiarse, pero aquí estamos hablando de otra cosa, de poner en un aprieto a Diana del que parece imposible salir salvo con la estrategia más simple.

Darle a Steve un abrigo para que se lo sujete

cambiarse de ropa tapada por el abrigo

y echarle la culpa a lo despistada que es la secretaria que se ha ido sin que la veas, y olvidándose del abrigo.
Todo bien, todo normal.
AVIV SOL SATSINOIUG SONEUB!!!

A mi lo que me preocupa son los «clicks» de la última viñeta…
Se ha dejado la máquina de escribir encendida, la jodía.
Me pregunto exactamente como se distrae Steve mirando el disfraz de Wonder Woman cada vez que habla con Diana por el telefonillo. ¿Mirando una foto, tal vez?
Gonder Coman, la única pagafantas por voluntad propia de la historia de la humanidad.