Se dice mucho, casi demasiado, que esto de los cómics mensuales -más o menos mensuales- de superhéroes son un Culebrón.
Pero, ¿qué hay de cierto en esto? Más aún, ¿hay algún parecido razonable?
Lo que sirve, lógicamente, para hablar de la historia de la telenovela. Entendida como ese producto televisivo de absoluto exceso y tramas imposibles tanto por su extensión como por los saltos lógicos como por casi cualquier otra cosa y que, claro, tiene que ver con el mercado iberoamericano. Bueno, más el hispanoamericano, pero no vamos a dejar fuera a los brasileños porque entonces no podría hablar de… ahm… su importante contribución que en absoluto tiene que ver con mujeres bañándose y con cascadas. Porque, claro, telenovelas o ‘culebrones‘ hacen todos, y cada uno como puede. Los estadounidenses son sobre todo de esos de algo más de presupuesto y capítulo semanal, como Dallas, mientras en el mundo anglo es muy habitual el culebrón continuado que pone el foco en un lugar para poder mantenerse, sean los británicos como Coronation Street o East Enders, los australianos con Neighbours o los estadounidenses con General Hospital o The Bold and the Beautiful, pero ninguna de estas dos cumplen con parte de lo que hacen estas otras. Porque las iberoamericanas son de emisión diaria pero, además, tienen principio y final. (Uno diría que como las turcas, pero ese es un charco distinto y posterior en el que no nos vamos a meter… hoy)
Al fin y al cabo siguen el esquema de las antiguas radionovelas que, a su vez, seguían el esquema de los folletines. Historias fenomenales repletas de giros y sorpresas -que muchas veces van más allá de lo improbable- con múltiples penalidades para los protagonistas, malvadísimos villanos (de esos que llaman ‘de opereta‘ porque las operetas también estaban antes que esto) y una notable cantidad de hechos delictivos. Si Alejandro Dumas, Fiódor Dostoievski, Paul Feval o Benito Pérez Galdós podían hacerlo, ¿por qué no el resto?
Sea como sea si en España fueron dando lugar a Ama Rosa o Simplemente María es lógico que en Cuba se hiciera por el estilo con El derecho a nacer de Félix B. Caignet.

Y de los unos a los otros. En cuanto hubo televisión hubo radionovelas para la televisión, o telenovelas. Por ejemplo, antes de que en España hubiera una emisora de televisión en Venezuela ya tenían telenovelas. Obras como La criada de la granja (1953) o ‘antológicas’ con una marca de jabones patrocinándola -y poniendo el nombre- como Camay (1954-1956). A ver si os creíais que lo de las soap operas era una cosa solo de los USA. Y no solo los venezolanos, claro, en 1958 los mexicanos tuvieron Senda prohibida.
A partir de ahí no se pararía, muchas veces con nombres propios por medio. Como la escritora cubana Inés Rodena, que vería cómo su radionovela La gata

se adaptaría varias veces, la primera en 1961 en Puerto Rico, en 1967 como Ella, la gata en Argentina, tres veces en Venezuela – la primera en 1968-, siete en México comenzando por La gata en 1970 y aún en algún país más.
No sería, claro, el único nombre propio. A Caridad Bravo Adams le adaptarían su novela de 1953 Corazón salvaje primero como película en 1956 pero luego ya como telenovela en Venezuela en 1965, en México en 1966, película de nuevo en 1968, en México en 1977 y, sobre todo, en 1993 como telenovela mexicana adaptada por María Zarattini. En 2009 se reintentaría en México de nuevo, esta vez fusionándola con Yo compro esa mujer. Se trata de una historia de Martinica a principios del S XX, con un joven corsario que es hijo ilegítimo de un personaje rico y poderoso y al que llaman Juan del Diablo.

Por supuesto también estaría Delia Fiallo, a la que encontramos de nuevo con una versión de una radionovela, en su caso sería El ángel perverso el que se iría adaptando, primero en Venezuela como Lucecita (1967-1968) y luego ya con diversos nombres como Luz María, Estrellita, Virginia, Lucerito, etc… Siempre con una joven que tiene que servir, un novio de buena familia que termina amnésico y una malvada mujer que le manipula.

Pero no solo de las radionovelas se nutrían las primeras telenovelas. Entre 1963 y 1964 se serializó en México por parte de Yolanda Vargas Dulché un cómic llamado…

Al fin y al cabo Yolanda Vargas Dulché estaba casada con el que se convertiría en su compañero no solo en la vida, también en el lanzamiento de un sello en el que publicar estos cómics. Y es que aunque su principal creación fuera Memín Pinguín lo cierto es que fueron muchos y variados los cómics que hicieron ella y su marido… Guillermo de la Parra. Sí, ese es el apellido que inspiraría el de la editorial que crearon juntos: VID. Quizá debería de haberle dado un posteo solo a ella, y así hablar de Rubia y Morena y todo lo demás. Pero ya llegará. De momento digamos que hubo más cómics y más telenovelas -y películas- adaptándola. Incluyendo, claro, una de inspiración japonesa: El pecado de Oyuki (1988). Pero volvamos a nuestro asunto.
En 1968 se emite en México Rubí, (1968). En este caso sobre una mujer joven que usa su belleza para seducir a distintos hombres y lograr el poder.

Como suele pasar tendría varias réplicas como un par de versiones más en ese mismo país en 2004 y 2020, y e 2010 en Filipinas. Y, por supuesto, una película en 1970 del gran Carlos Enrique Taboada.



Como vemos hay toda una serie de registros y de nombres propios que irían usándose y reutilizándose aquí y allá. Y que volverían a salir, claro. Por ejemplo a Inés Rodena volveríamos a encontrarla en 1975 con la adaptación de otra de sus radionovelas, en este caso de La indomable. Pero más que eso, porque en 1977 se presentaría como la mexicana La Venganza,

antes de fusionarla con otras como La Gata en México en 1987 para sacar Rosa salvajes. En 1994 pondrían a Thalia a protagonizar el remake de esta con el título de Marimar (que se adaptaría con el mismo título en filipinas en 2007 y de nuevo en 2015). En 2002 los venezolanos uniría a La Indomable y La Gata también La Galleguita y de ahí saldría Gata Salvaje. En 2008 sería Alma indomable. En 2013 la mexicana Corazón indomable. En fin, que la historia iba dando tumbos y uniéndose a unos u otros, pero en el centro siempre acababa estando la misma muchacha y los mismos demonios, da igual cómo lo llamaran.

Algo similar a lo que podríamos decir de Delia Fillao, que se encontró con que su venezolana Esmeralda (1970-1971) se convertía una década después en Topacio (1984-1985) y para 2017 en México en Sin tu mirada. Porque, sí, la protagonista de turno era ciega.

La historia de una joven ciega maltratada por su familia

comenzando, yo diría que por el nombre. A ver quién es el cabrón que ve a una ciega y decide COMO UN TOPO: la llamaremos TOPACIO. Pero bueno, que después de ser intercambiada siendo bebé por otro, huérfano, y que luego pasen cosas… Pues eso, de sufrir y de sufrir. Ya sabéis cómo va esto. También os diré que una telenovela que incluye ‘nunca sabrá que estoy desfigurado porque es ciega’ o ‘he vuelto al pueblo porque me he prometido con mi prima’

es una telenovela indudablemente desprejuiciada y, por tanto, ganadora.
El siguiente éxito llegaría con La usurpadora (1971-1972) una obra venezolana tras la que se encontraba Inés Rodena de nuevo y que daría lugar a obras de distintos títulos como la mexicanaEl hogar que yo robé (1981), la venezolana La intrusa (1986), una nueva versión mexicana de La usurpadora en 1998 y la colombiana ¿Quién eres tú? ya en 2012. En todos los casos con distintas variaciones sobre la historia de una hermana gemela que ocupa el lugar de la otra en su familia.

Por supuesto Rodena seguiría creando a personajes como La doña (1972) -original de Venezuela pero adaptada múltiples veces- o Rosa salvaje (1987-1988). Aunque uno de sus mayores éxitos vendrían de Raquel (1973-1975) otra creación venezolana que sería adaptada múltiples veces. Por ejemplo algo más de una década después como Abigail (1988-1989), y luego también con otros nombres como Luisa Fernanda (1999) o la mexicana Marina (2006), además del cambio de foco que propuso en 1980 la mexicana Verónica que se centraba en el otro personaje central de la trama, y que tuvo una nueva versión mexicana posterior y con otro título: Sin ti. Y si Abigail era una joven un tanto insufrible que se empeña en seducir a su profesor para luego regalarle su hijo a un taxista (no vamos a meternos con a quién decide regalarle sus hijos cada uno, por supuesto)

lo que podemos decir es que de nuevo esta Raquel se combinaría con otra de las obras de Rodena, en este caso con Cuando se abandona un hijo, para crear la que es una de las telenovelas -mexicanas o no- más conocidas e influyentes… al menos en España: Los ricos también lloran (1979-1980).

Telenovela que, de hecho, acabaría reciclada y reconvertida en 1995 en otra parte de la trilogía de las Marías que hizo Thalia junto a la ya mencionada Marimar y a la futura Maria Mercedes. Pero que, en este caso, se llamaría: María, la del barrio.
Que quizá penséis que no os suena, pero ya os digo yo que os suena hasta en la cabeza.


En cuanto a Delia Fiallo, fue la responsable de la venezolana Lisa Mi Amor (1969-1970) que dio paso a una versión muy libre Buenos días, Isabel (1980) que, a su vez, dio lugar a otra versión muy libre: Inés Duarte, secretaria (1990). Que aquí mucho hablar de cómics pero hay un punto brugueriano en todo esto.
Ah, sí, aún me queda una de Delia Fiallo de la que tenía que mencionar. Otra de esas telenovelas que marcaron una época. Es decir…

Cristal (1985-1986) Otro de los éxitos de las telenovelas venezolanas en las que, además, nos encontramos un ejemplo del viejo Este padre tan padre es mi padre.

En fin, intentaremos ir ahora un poco más rápido. Pero podemos asegurar que aún hay más y que muchas veces los títulos despistan. Por ejemplo, Pobre diabla (1973) es una telenovela argentina de Alberto Migré que se adaptó de nuevo en múltiples ocasiones… excepto la mexicana de 2009 que es una adaptación de ¡La Gata de Inés Rodena!
Arturo Moya trajo otra que sería múltiplemente adaptada, la chilena La Colorina (1977-1978) que iba de una prostituta que se enamoraba de un rico. Lo que demuestra que Camilo Sexto es nuestro Roy Orbison. Salvador Garmendia y José Ignacio Cabrujas crearon La hija de Juana Crespo (1977) y… ah, sí, los brasileños tuvieron también la suya con A Sucessora (1978-1979) que tendrían varias versiones incluida una llamada Manuela (1991) que es una versión de esta y no de la colombiana del mismo nombre de (1975) que hablaba de la lucha de una mujer indígena. Está claro que uno no puede fiarse del nombre para saber lo que hay dentro.



Igual que hay veces que las historias externas son casi tan interesantes como las internas. Como el caso de la venezolana Ligia Elena (1982) de César Miguel Rondón que iba a ser una mini, pasó a ser una de 60 capítulos y para burlar la legislación del momento que prohibía que las telenovelas tuvieran más de 60 capítulos -o tres meses continuados de emisión- decidieron sacar una continuación en forma de ‘segunda parte‘ llamada Nacho.



Y no eran solo obras puramente románticas, conste. En 1983 se presentó en México El Maleficio, obra de Fernanda Villeli con un fondo de temática de brujería que tendría tanto éxito que tuvo una continuidad en película: El Maleficio II (Los enviados del infierno) de Raúl Araiza, y un remake también mexicano en 2023. Que no sería la única, por supuesto, porque tanto la mexicana El extraño retorno de Diana Salazar (1988–1989) de Carlos Olmos y Mario Cruz como la venezolana Ka Ina (1995) de César Miguel Rondón reunían leyendas, fantástico, brujas y un poco lo que tuvieran a mano.

No es de extrañar que cuando los estadounidenses pusieran pasta en coproducciones saliera un clásico de este vuestro blog: Gabriel, amor inmortal (2008-2009), que podemos discutir si entra o no en Telenovela pero que con Chayanne y El Puma por medio por lo menos hay que mencionar.
¿Qué tengo por aquí para hablar aún…? Ah, sí,

la brasileña Dona Beija (1986) de Wilson Aguiar Hijo, que tuvo una versión colombiana en 2010, y una segunda versión brasileña a punto de estrenarse en… Warner.
En fin, que podríamos pasarnos el día hablando de todas ellas. Títulos como La Señora (1985), que sería la inspiración de la colombiana Señora Isabel (1993) que sería adaptada en México como Mirada de Mujer; como La dama de rosa (1986-1987) de José Ignacio Cabrujasy Boris Izaguirre; la memorable telenovela colombiana Caballo viejo (1988) de Bernardo Romero Pereiro -con versión venezolana en 1998 Enséñame a querer– sobre un viejo achacoso y una jovencita con un tema central del que adaptaría la canción… ahm…; Cadenas de amargura (1991) de José Cuauhtémoc Blanco y María del Carmen Peña; Mundo de fieras (1991-1992) de Ligia Lezama; Dos mujeres, un camino (1993–1994) de Emilio Larrosa -con aparición de Selena-; Café con aroma de mujer (1993-1995) de Fernando Gaitán; Las Juanas (1997-1998) de Bernardo Romero Pereiro; El país de las mujeres (1998-1999) de Leonardon Padrón; La niña de mis ojos (2001-2002) de Alidha Ávila o La invasora (2003-2004) de Iris Dubs.
Pero eso no significa que no haya algunos títulos a los que dedicar un poco más de espacio, como a una de las más grandes: Cuna de lobos (1986-1987) la telenovela mexicana de Carlos Olmos que fue adaptada muchas veces pero que nunca logró replicar lo que María Rubio hizo con Catalina Creel, viuda de Larios.

Igual que Ibsen Martínez logró con Por estas calles (1992-1994) darle mucha más importancia a los temas de actualidad, la realidad y el costumbrismo.

También tenemos a Martín Hahn, especializado -un decir- en meter misteriosos asesinatos en telenovelas venezolanas como Angélica Pecado en 2000, La mujer de Judas en 2002, Estrambótica Anastasia en 2004, La viuda joven en 2011 y Mi ex me tiene ganas en 2012. Que, además, incluyen toques paranormales, claro.

Igual que la colombiana Pedro el Escamoso (2001-2003) de Luis Felipe Salamanca no solo fue un éxito sino que tuvo dos continuaciones: Como Pedro por su casa (2003) y Pedro el escamoso: más escamoso que nunca (2024). Y una adaptación mexicana Yo amo a Juan Querndón (2007-2008)

Aunque supongo que de entre las colombianas echaréis más a faltar Pasión de gavilanes (2003-2004) creado por Julio Jiménez a partir de su propio libro, Las aguas mansas.

Y, por supuesto, uno de los más recientes fenómenos. También colombiano, claro, obra de Fernando Gaitán. Y padre de mil versiones. Me refiero, claro, a Yo soy Betty, la fea (1999-2001).


También tenía apuntado la adaptación de Jorge Franco del libro de su mismo nombre Rosario Tijeras (2010). Pero no se me ocurre ningún comentario que pueda hacer de ese título. Ninguno. Cero…
Aunque supongo que la más reciente sería de las colombianas sería La reina del flow (2018-) de Claudia Sánchez y Said Chamie. Con una mujer y su carrera musical en el centro.

Y, además de todas estas, luego están las infantiles. Esas centradas en niños o jóvenes que llevan haciéndose desde por lo menos la argentinoperuana Papá corazón (1973), la mexicana Chispita (1982-1983) de Abel Santa Cruz o Quinceañera (1987–1988) de Jorge Durán Chávez y René Muñoz, o incluso El abuelo y yo (1992) de Lorena Salazar y Eduardo Quiroga con protagónico de Gael García Bernal y aparición de Diego Luna. Que tuvo otra versión como De pocas, pocas pulgas (2003). Las versiones infantiles o juveniles de las telenovelas fueron ganando incluso más presencia gracias a éxitos como la mexicana a Agujetas de color de rosa (1994-1995) de Susan Crowley, Montaña Rusa (1994-1995) de Jorge Maestro y Sergio Vainman o la argentina Chiquititas (1995-2006) de Cris Morena, sobre cuyo título no haremos comentario alguno. A quien le gusten… pues le gustan…

Este tipo de obras iría dando lugar no solo a títulos que dan mucho juego como la mexicana Gotita de amor (1998), los personajes digitales de Serafín (1999), los viajes temporales de… ahm… Aventuras en el tiempo (2001) o, por supuesto, la magnífica decisión de estrenar con Rayito de luz (2000-2001) una adaptación a telenovela de Marcelino, Pan y Vino.
Lo que nos llevaría, supongo, a Amarte así (Frijolito) (2005), una coproducción México/Argentina de tanto éxito que dio paso a una secuela, Amar de nuevo (2011-2012) en clave de fantástico cristiano que tiene a un nuevo elenco cuyo punto de contacto es… Frijolito, que estando junto a un amigo sufre un atentado que iba contra los padres del otro niño, acabando la madre en coma, el padre muerto y Frijolito… Frijolito se mantiene en la serie como un ángel. Sí, en serio. Uno no sabe de dónde sacan las ideas estos guionistas.

Pero, por supuesto, hay muchas más. Especialmente las creaciones argentinas de Cris Morena como Verano del ’98 (1998-2000), Rebelde Way (2002-2003), Floricienta (2004-2005), Alma pirata (2006) o Casi ángeles (2007-2010). Pero también Alegrijes y rebujos (2003-2004) de Palmira Olguín,Patito Feo (2007-2008) de Mario Schajris y Marcela Citterio o Soy Luna (2016-2018) de Jorge Edelstein.

Como veis las telenovelas tienen un tiempo, unas trayectorias, unos nombres propios y una evolución del género que merece no solo la pena conocerlas también ponerlas en perspectiva para que cuando se hable de ese Culebrón Superheroico, como pasó durante nuestra reciente sección de los Classic X-Men podamos responder de manera informada:
Claramente no existe ningún punto en común ni parecido entre ambos mundos.
Espero haberlo dejado claro.

Los Pijamas También Lloran.
¡Pues claro que lloran! https://blog.adlo.es/wp-content/uploads/2026/01/crying.jpg