Durante dos o tres años ADLO! tuvo un miembro que firmaba como Juan Pablo II. Su estilo de escritura era quizá un pelín agresivo para los estándares de nuestra desorganización, pero escribió algunos textos que deberían incluirse entre el ABC de lo adliano. Por ejemplo éste que vino a continuación, fechado en Julio de 1999, en que respondía a un mensaje de Delfina Palma en el que se calificaba a Marmalade Boy (a.k.a. La Familia Crece) como indefendible
Defensa intelectual de «Marmalade Boy»
1) Falta de prejuicios: Imaginemos que… digamos R.E.M. le hace la música de un disco a Alejandro Sanz o a cualquiera de esos cantantes basura. Si nadie se entera del pastel, el disco venderá sólo a las niñatas de siempre y nadie serio lo comprará. Eso pasará porque tienen PREJUICIOS. Lo mismo pasa con el manga. Tú, delfina, piensas en tu limbo de intelectualidad payasa de fansubs y demás tonterías, que una serie que sea seguida por niñas pequeñas con cerebro de mosquito no puede aportarte nada nuevo. Eso es un PREJUICIO, pues no acabas de comprender que las obras maestras alcanzan a distintos públicos a distintos niveles. Como ejemplo, podría ponerse a los Beatles o a Shakespeare: Su trabajo tuvo éxito entre el pueblo, pero a la vez tratan temas muy profundos, y negar calidad a sus obras porque la gente lo consuma es FASCISMO INTELECTUAL, que es lo que la gente como tú hace para quedar de «guays» y machacar a los débiles que no saben defenderse.
2) Sobre el manga en sí, este puede ser defendido desde varios puntos de vista. El que yo prefiero es el de la lectura oculta. A primera vista, se trata de un culebrón, pero una detenida lectura (no sé si serás capaz de tal esfuerzo, delfinita) muestra una ajustada y precisa descripción de la sociedad japonesa. Por ejemplo, Yuu representa el lado del japón culturalmente aperturista. Habla varias veces en inglés y es aficionado a la arquitectura de Gaudí. La autora nos presenta a este personaje como a alguien con atractivo pero que además tiene un gran carisma. Así, el personaje de Yuu es una apuesta por abrir la sociedad nipona a las corrientes de pensamiento extranjeras. Por otra parte, Miki, la protagonista, es una chica alocada, representando la falta de identidad del país. La chica titubea entre varias opciones y nunca consigue tomar decisiones. Sin embargo, la autora trata a este personaje con especial cariño, pues se muestra esperanzada en el futuro y en el fondo es una buena patriota que ama a su país y quiere ayudar a sacarlo del atolladero (cultural y económico) en el que Japón está metido. Hay muchos más ejemplos de la mentalidad innovadora y progresista de esta autora, pero a mí el que más hondo me llega es el del intercambio de parejas que da lugar a la historia. En una cultura tan tradicional, esto suena absurdo, pero la familia sale adelante. Personalmente, no había visto un apoyo tan fuerte y sincero a la renovación cultural desde aquellas páginas de Sanctuary en las que se proponía la apertura del país a la inmigración del sudeste asiático.
3) Estilo Gráfico: La autora juega con el grafismo de la serie, pues utiliza unos dibujos etéreos para decirnos que lo que cuenta son historias diarias, para llegar a la gente. Esta yuxtaposición de medios contrapuestos intenta por un lado (punto 2) contar una historia profunda que llegue a TODO el mundo, sin elitismos intelectuales como en Evangelion o Akira. Otros mangakas habrían utilizado estos como elementos ad-hoc (lease Katsura) para vender sin preocuparse de la serie como conjunto. Esta gran autora consigue que todos los elementos del manga confluyan para crear una GRAN OBRA, mal que les pese a los popes de la intelectualidad, que desde sus poltronas intentarán decirnos lo que está bien y lo que está mal.
Bueno, esto es todo lo que tenía que decir sobre Marmalade Boy. Podría realizar una defensa más extensa, pero no creo que os lo merezcais.
