Reseña de compra de tebeos en algún momento indefinido de los noventa

Mi primer tebeo de Spiderman me lo compró mi padre en una tienda de segunda mano. Tuvo que ser entre 1995 y 1996 porque en el mismo periodo los Reyes Magos me regalaron tres muñecos de la colección de Toy Biz basados en la serie de animación de 1994. Que probablemente en España llegaron un poco más tarde. Fue un tebeo importante en mi vida, pero hoy no vengo a hablar de ese.

El primer tebeo de Spiderman que me compré fue en una caseta de una feria del libro, de una caja de tebeos viejos. Miré varias portadas y finalmente elegí el Spiderman 207 de Forum (por 165 pesetas según su precio de portada) porque incluía a un villano que no reconocí de aquella serie de animación. De hecho me recordaba a otro de mis villanos preferidos, el Escarabajo, en su traje de principios de los 90. Me había enamorado de Escarabajo en unas viñetas del suplemento Gente Menuda del ABC, que leía en casa de mis abuelos los fines de semana.

De pequeño dibujé viñeta a viñeta Spectacular Spider-Man #164 de pura pasión.

Pero volviendo al villano de la portada del tebeo que me compré, este era Boomerang, un personaje hoy muy conocido pero que en esa segunda mitad de los 90 en la que yo ya podía ir a ferias del libro con algo de dinero a elegir qué me quería comprar no era ni remotamente tan conocido. La portada en cuestión es esta:

Como leer tebeos de superhéroes cuando eres pequeño es así, nunca supe cómo terminaba ni Spectacular Spider-man 164 ni tampoco el número 145, cuya primera mitad compone el final de este tebeo. Los leí, eso sí, mil y un veces he imaginé cómo podrían terminar. Dibujé cada una de aquellas viñetas una y mil veces, del papel cuadriculado y ceras de colores al lápiz H2 que luego intentaba entintar cuando fui un poco más mayor. Devoré los correos de los lectores. Me apasioné y empapé de cada página.

El primer tebeo que me compré en una tienda de cómics, y debió ser poco después, también salió de una caja de tebeos viejos. Sería el número 3 de la colección Matanza Máxima, editado por Forum como si fuera una colección especial, una miniserie. También devoré aquel tebeo que incluía un enorme plantel del personajes que adoraba: Veneno, Gata Negra, Morbius, Capa (sin Puñal, que había sido asesinada en algún número anterior), Matanza e incluso nuevos invitados a mi galería de redibujos y bocetos como el Demoduende.

Observen que de 165 hemos pasado a 300 pelas de tebeo.

Al poco tiempo empecé a comprar tebeos de forma más regular. Imposible hacerlo mes a mes, pero pronto descubrí que si comprabas un número de cada dos podías rápidamente componértelas para entender las tramas, rellenando con imaginación los huecos. Así fue como disfruté originalmente de La Saga del Clon, cuyo primer tebeo en mi haber fue el número 10 de la nueva colección arácnida de Forum, con la aparición de un nuevo villano en mi vida cuyo aspecto me obsesionó durante años.

Observen que ya vamos por las 575 ptas por el tebeo.

Todo en este tebeo me parecía alucinante, fantástico, increíble, impactante, sensacional, espectacular, asombroso. Lo tenía todo, desde los nuevos e increíbles uniformes de la Araña Escarlata o Kaine al aspecto moderno de unos Peter y MJ que se disponían a ser papás. Todavía sentado en mi mesita de estudio, seguí dibujando capas hechas jirones, reflejos imposibles en los uniformes y un buen montón de telarañas nudosas.

Por supuesto, a un fan vieja escuela como ya era entonces (y solo llevaba sabiendo leer un par de años) el momento más impactante de este tebeo pertenece a Spectacular Spider-Man #221, cuando el guionista se atrevía a acabar con mi villano preferido de todos los tiempos, mi queridísimo Dr. Octopus.

No me gustaba mucho esa historia, no solo por la muerte de Octopus, sino por el dibujo. Esa multitud de rayitas, ese entintado a plumilla lleno de rayujos y sombras raras me siguió acompañando durante toda la Saga del Clon. No era fan. Prefería líneas más definidas, bloques de tinta y color más compactos, ese estilo que tenían aquellos otros tebeos que había ido comprando. Pero sin embargo, era imposible negar el impacto visual que tenían las poses, las expresiones y el movimiento de las figuras. Seguí dibujando una y otra vez las viñetas de aquellos cómics, intentando aprender a hacerlo, a desentrañar la verdad profunda escondida en los trazos.

Con el tiempo descubrí que muchas de aquellas viñetas que yo tanto había redibujado pertenecían al mismo puño. A la misma mano. Al menos celebrado de dos hermanos dibujantes de los que a menudo se mencionaba en el correo de los lectores de Spiderman. Descubrí que había dibujado muchos otros tebeos que me gustaban, como la fantástica muerte de Harry Osborn que había leído en casa de un amigo algún día en que quedamos para, sentados en el suelo, leer cada uno los tebeos del otro.

Y como esto es ADLO! podría sentir la tentación de hablar cuando retrató uno de los momentos más bajos y lamentables de la historia del trepamuros con su recurso visual más característico: la hostia a lo Buscema.

Podría hablar de cuando se pasaba de frenada con las rayitas en las caras hasta el punto de que los personajes parecían francamente ridículos.

Pero en su lugar os quiero decir que fue el dibujante del que más tebeos tuve durante mi infancia, la persona cuyas viñetas más he intentado emular en mi nada fructífera carrera como dibujante de cómic y una persona que marcó, una vez tras otras, mi forma de imaginar a tantos y tantos de mis personajes preferidos.

Sal Buscema ha muerto, y con él, una parte de un niño que leía tebeos.

2 comentarios en «Reseña de compra de tebeos en algún momento indefinido de los noventa»

  1. Lo primero que me viene al recuerdo es la presentación de Steve Rogers como Nómada y el cruce Defensores-Vengadores. De hecho, Ditko molará mucho, pero mi Dr Extraño es el suyo.

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