
Pequeña, manejable. Barata… hace cuarenta años. Pero con la llegada de los 90, las editoriales se dieron cuenta de que su rentabilidad no era lo que se fuera a decir gran cosa. Por eso, con el paso del tiempo, un nuevo formato fue poco a poco llegando a las librerías. ¡Incluso a las no especializadas! Y así fue como entró en nuestras vidas el Paperback.

Más gordo que la grapa y mucho más rentable. Naturalmente, alguien pensó que el paperback era un formato barato que se estaba vendiendo a un fandom ávido de pagar más por sus tebeos. Ni corta ni perezosa, así fue como la industria se sacó de la manga el Hardback.

Un formato con las características del paperback, pero más caro, lujoso y resistente. Una delicia para los vendedores, una joyita para los compradores. Pero, obviamente, alguien pensó que si el truco de hacer los tebeos más gordos había funcionado una vez, nada podría impedir que el truco funcionara otra vez. Y así recibimos entre nosotros con los brazos abiertos al Absolute.

Supergordo. Supergrande. Supercaro. El formato definitivo. No se puede publicar nada más grande, la humanidad ya ha llegado a su límite. A no ser, claro, que te llames Dan Didio y te dé por publicar una cosa llamada Wednesday Comics.

Y por todo ello quiero lanzar una pregunta al aire, a cualquier dios que me oiga; una pregunta cuya respuesta esperaré pacientemente a que me sea devuelta por el viento de verano…
… ¿DÓNDE COÑO METO YO ESTE ARMATOSTE, DIDIO?
