Spiderman en Nunca Jamás

En los últimos meses he visto a bastantes personas quejarse de que el debate sobre el estatus de Spiderman dentro de los cómics Marvel siempre retrotrae hasta el Mefistazo y One More Day.  Incluso yo mismo he caído en ello. Sin embargo, cuantas más vueltas le doy, más lógico me parece. A pesar de que se trata de un cambio en el personaje que ya tiene 15 años, la realidad es que desde entonces no ha habido mucho más que decir. Lo que Spiderman ha estado haciendo en los cómics desde entonces ha causado tan poco revuelo y dejado tan escasa impronta, que es inevitable regresar una y otra vez a hablar de las cosas que hicieron algo por el personaje, bueno o malo.

Y es que la realidad es sencilla: Spiderman ha sido un personaje con una marcada evolución y cada vez que parecía estancarse, alguien venía para ponerlo todo patas arriba. Algunos de los momentos fundamentales era más discretos (como la graduación de Peter Parker en el instituto y su llegada a la universidad) y otros más llamativos (por ejemplo, la muerte de Gwen Stacy). Unos años después, ya fuera de las dinámicas estudiantiles, Peter evolucionó a nuevas historias, se desligó de MJ, la otra novia de juventud, para entrar en la vida adulta y el sexo fuera de plano con la Gata Negra en 1979. A partir de entonces comienza un Peter más adulto con nuevas preocupaciones: un traje alienígena del espacio, una novia criminal, las guerras de mafias de Nueva York o, al final de todo aquello, el matrimonio con Mary Jane en 1987.

A partir de aquí comenzaría un nuevo capítulo en la vida de Peter. Un capítulo extremo que incluyó la muerte de su Tía May, la dramática conclusión de su rivalidad con su amigo Harry Osborn, el nacimiento de nuevas némesis como Veneno y Matanza o la llegada de la paternidad. Llegados a este punto en Marvel decidieron pensar que Peter no podría cambiar mucho más. Y que Spidey no podía simplemente asentarse y convertirse en un adulto rutinario más. Por lo que decidieron optar por el reemplazo. Craso error. Lo que los lectores queríamos era acompañar a Peter en esa nueva vida, con su hija en camino, con sus viejos amigos y enemigos. Seguir creciendo con él. Y hubo que matar a Ben Reilly. Una traición en toda regla, porque nada hubiera animado más la colección que tener al viejo hermano, a Ben, junto a Peter. Pasar de Spiderman a Spidermen. Pero las traiciones no acabaron ahí, también la hija prometida desapareció.

Llegaban entonces los años 2000 y con ellos vendrían nuevos cambios en la vida de Peter. Tras una breve pero intensa separación, MJ y Peter volverían a vivir juntos, y la vida del alter ego de Spiderman se centraría. Cambiaría su precario trabajo de periodista por una carrera docente en el instituto que le vió crecer. Cambió su círculo social y también su entorno. Spiderman se iba a implicar en estos años en ambientes ajenos para él hasta ahora: los supergrupos como los Vengadores o la magia. También sus villanos cambiaron, con el temible Norman Osborn a la cabeza que ya no aspiraba a matar novias o a financiar clones sino a destruir superhéroes desde oficinas gubernamentales o matar inocentes de forma secreta.

Y entonces llegó el Mefistazo. Un reinicio en la vida de Peter que lo devolvió varios pasos atrás en esta historia, a algún momento silencioso entre los 70 y los 80. Una realidad paralela, un clasicismo que no existía. No solo volvió Peter, también volvió su viejo círculo de relaciones, con Harry revivido para más inri. MJ volvió a irse pero no para ser sustituida, como a comienzos de los 80, por una nueva relación que trajera nuevos escenarios sino para protagonizar un tira y afloja donde otras parejas entraban y salían como en una picadora de carne. La némesis principal de Peter volvía a ser, demasiado a menudo, un Norman Osborn que tras los sucesos de Reinado Oscuro volvía a sus fechorías de siempre, ahora pasadas de moda y mundanas. Dan Slott propuso muchas posibilidades pero fue descartando casi todas y no es de extrañar que la más desarrollada, Superior Spiderman, sea la más recordada y mejor considerada de ellas. Incluso estuvo a punto de dejar a Peter con un nuevo futuro como director de Industrias Parker, pero también ese cambio de paradigma se truncó sin llegar a nada.

Después llego Nick Spencer, pero él tenía otros planes que no incluían revitalizar el personaje con un gran cambio. De nuevo, el eje eran Norman, Harry, Peter y MJ. Las otras posibilidades, como un equipo de Spidersonas (mayoritariamente femenino) dirigido por una Madame Web se quedaron en el aire hasta que el autor, quemado por completo, dejó la colección. Llegó entonces Spiderman Beyond, y de nuevo Ben Reilly venía a tomar el manto de Peter. Pero Marvel quería dejarnos bien claro que aquello no era como eso de los noventa. Esto era temporal. No era para siempre. Tanto es así que toda la etapa estuvo más hablando de su temporalidad que de otra cosa.

Y sin embargo, quizá esta vez era el momento de sustituir a Peter. Frente al Peter de los 90 que tenía todo un mundo de posibilidades y nuevas situaciones de frente, tenemos ahora un Peter Parker atascado en las mismas dinámicas desde hace más de una década. Donde antes teníamos una rica y prometedora galería de secundarios ahora nos encontramos ante la nada absoluta, agotados la mayoría de los comparsas más relevantes de los últimos años y sin previsión de aportar ninguno nuevo de calidad. Quizá el cambio en Norman Osborn que había ofrecido Spencer podría haber sido la base para algo más, pero en el fondo no era suficiente y se parecía demasiado a lo ya apuntado en otros momentos con Iron Man o la propia Industrias Parker.

Pero la Marvel de ahora es mucho más cobarde que la Marvel de 1995. No se atrevieron a dejar a Ben como hermano, no se atrevieron a recoger el testigo de otros personajes arácnidos, no fueron capaces de aprovechar a un personaje con una pequeña pero suculenta galería de secundarios y nuevas relaciones por delante. Volvieron a hacer como Slott. Volvieron atrás. Retrocedieron a lo de siempre.

Revitalizar un personaje no es fácil. Con un supergrupo puedes mover unos cuantos componentes y crear dinámicas nuevas. Con un personaje como Spidey eso es más complicado. Demasiados elementos asentados durante demasiado tiempo y en demasiadas adaptaciones como para competir, parecen pensar los guionistas y los jefazos de Marvel. Un pensamiento conservador y cobarde que nunca logra dejar su impronta en la Historia. La Gloria solo está al alcance de los audaces y hoy más que nunca Marvel necesita la audacia, mejor o peor orientada, que ha sido bandera del personaje durante toda su historia. No necesitamos un buen guionista, necesitamos un guionista valiente con libertad para darle a Spiderman una nueva oportunidad.

Mientras tanto seguiremos teniendo lo mismo de siempre y poco a poco añoraremos más aquellos tiempos, locos y salvajes, en los que no solo lo parecía sino que estaban pasando cosas.

3 comentarios en «Spiderman en Nunca Jamás»

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