El Capitán América olvidado

Por el título podría pensarse que esto irá de aquel Capitán que sustituyó a Steve Rogers mientras permaneció congelado, o de aquel prototipo experimental que crearon en la miniserie de La Verdad con Kyle Baker. Aunque en este último caso el verdaderamente olvidado es el guionista.

Como veo que a tantos otros, a la hora de hacer la alineación de autores del Centinela de la Libertad en la era Marvel, en lo gráfico comienzo con Kirby, paso a Colan y luego a Sal Buscema. Y de los guiones de con Stan Lee paso a Englehart. Y el caso es que entre Colan y Buscema hay un puñado de episodios muy cañeros con John Romita padre a los lápices, del 138 al 145 de la serie (Junio 1971-Enero 1972).

Que no se me entienda mal. Gene Colan molaba. Esos escorzos, ese uso de las sombras… Pero Colan es un gusto adquirido. Cuando lo leo estoy repitiéndome constantemente lo bueno que es, en parte para creermelo y en parte para no olvidarlo. Pero Romita entra por los ojos desde la primera viñeta, te agarra las tripas y te lleva consigo. Mola ese capi en moto por Harlem, esa barbería tapadera del cuartel general de Shield, y la pelea contra Gárgola Gris es de lo más simplón que hay, pero en manos de Romita es acción blockbustera en vena.

Y las chicas que se dibuja, por supuesto. Esa cándida y rubia Sharon Carter, que si le pones una diadema te recordaria a saber quién, y esa pantera indómita de barrio llamada Leila. Su escena inicial visitando a Sam Wilson es una lección de galantería de las que pensaba que sólo Stan Lee era capaz.

Sutil y fino como una patada en la entrepierna. Pero con Romita todo entra mejor. Y al poco de llegar Romita hubo un cambio en el apartado de los guiones, pues en el 142 entró Gary Friedrich, que redactó las aventuras del vengador estrellado hasta el 148. Fue el escritor por tanto de la transición entre Romita y Sal Buscema. Pero en esta serie su nombre suele olvidarse.

Este texto está sacado del número 9 de la Biblioteca Marvel del Capitán América, que comprende los números 143 a 148 de la serie original. Todos ellos escritos por Gary Friedrich. Si hasta ahí puentean tu labor, queda claro que Stan Lee fue un maestro en llevarse el mérito de cosas que no hacía. Gary Friedrich es más recordado en el mundillo porque un personaje creado por él ha tenido dos películas protagonizadas por un actor oscarizado, cosa que muy pocos pueden decir.

Y el caso es que en estos episodios Friedrich mimetizó tanto el estilo de los diálogos de Lee que llegó a ser más Lee que Stan Lee. Quiza porque le tocase a él concluir la aventura contra Gárgola Gris, pero cuando nuestros héroes regresan al barrio, la sorpresa que aguarda a Sam Wilson a la puerta de casa es de lo más rotundo.

Emilio me hizo buscarlo por si acaso

No nos hemos saltado ninguna interacción entre los personajes, esta es la segunda vez que coinciden, y el cortejo prosigue.

Pulsiones y feromonas a flor de piel, con Wilson corriendo el riesgo de quedar empitonado. Hay que entender también la gran distancia cultural existente la primera vez que me expuse a estas aventuras. Cuando lo lei con Vértice estaba convencido que esto era así porque los negros en Harlem hablaban todos de esa manera. Distancia cultural, ya digo. En realidad pensaba que así sería con todos los negros ¿captais?

La trama con Leila avanzó llegando a ser la causa de la separación temporal entre ambos héroes «¡Si está tan cerca de ella, no puede estarlo de mi!». Atención a ese lenguaje corporal y como dice sentirse el Capi.

Llegados a este punto podríamos pensar que Friedrich había rebasado por la derecha a Lee en lo suyo, pero es que había más. Pues si cuentas con Romita, lo lógico para tirar con Shield era…

Y con estos mimbres arma Friedrich la saga con la que concluye su andadura en el título, una cuyos ecos retumban todavía en acontecimientos presentes. Con Hickman, nada menos. Vamos a ello pues. La cosa comienza con el Hidra Supremo espiando a Steve Rogers mediante las cámaras que tienen dispuestas en su apartamento.

De ahí pasamos al cuartel general de Shield, en el que comprobamos que la mezcla Nick Furia – Fuerza Femenina en manos de Friedrich fluye como debería.

Y comenzamos a ver que la gestión de los recursos humanos y los carácteres entre los componentes de la nueva división de Shield no será cosa sencilla. Si fuera un equipo de fútbol, sería el PSG femenino.

Pero vamos al lío. La cosa es que Shield sabe que los de Hidra están en Las Vegas, así que para allá habrá que ir. Para eso están ahí, porque es la única unidad de la que puede prescindir, y el Capi podrá poner orden en ese gallinero. El simil deportivo ahora sería la selección femenina de Irán.

Todo ello complace al Hidra Supremo, que contempla la escena mediante cámaras que tiene dispuestas en el cuartel general secreto de Shield. Parten en avión, el plan sigue como estaba previsto.

Pues antes de que el avión de Shield llegue a la base de Hidra, los de Hidra les interceptan ¡pillados!

Dentro del avión tardan un poco en enterarse, pues estan ocupado con interacciones personales made in Friedrich, que apuntan a que la Condesa Valentina Allegra de la Fontaine de Trevi tendrá su sitio en esta relación.

Shield, Hidra, Capi, Friedrich y Romita. Combinación ganadora.

El ataque termina con Sharon herida, Buscema tomando el relevo, y el avión escoltado por la división masculina de Shield.

Esto displace al Hidra Supremo, que contempla la escena desde las cámaras dispuestas por su organización en el lugar de aterrizaje.

Así que el Hidra supremo llama a su superior para decirle que tranquilo, que esto no terminará así. El plan prosigue.

Van al hospital, se llevan a Sharon, y dejan una atenta nota para el Capitán, que en ese momento estaba cenando con su nueva amiga Valentina. Hay que cenar.

En la nota le emplazan a su cuartel general, posiblemente al que ya iban antes del asalto al avión.

Raudo que va para allá, pero antes de llegar a su destino se ve abducido por una nave de Hidra, que lo lleva…al cuartel general de Hidra. Son atentos.

Hemos dado algo de vuelta pero ya estamos donde debíamos. Chicas contra chicos. Buenas contra malos.

La contienda se desplaza a favor del bien, cosa que no complace al superior del Hidra Supremo, que como era de esperar tiene cámaras en el cuartel general y un botón de destrucción total con el que conseguiría terminar con sus enemigos…

…si no fuera porque en el último momento aparece una figura femenina pidiéndole que espere.

Y cuando la pelea se resuelve vemos que había una buena razón.

En efecto, Kingpin es el superior del Hidra Supremo, que a su vez sin él saberlo era su hijo. Lo hizo para que su padre se sintiera algún día orgulloso de él, como su esposa le explica. Entretanto, Shield ha subido a Sam Wilson en un avión rumbo a Las Vegas con una misión que le dicen tendrá relación con el Capitán.

Shield ya era conocedora de todo esto, y sabe además que Kingpin ha secuestrado a un millonario. Lo importante es que el Halcón va rumbo a las Vegas. La misma población a la que huye el Hidra Supremo en un cohete, seguido por el Capitán en mochila voladora. Aterriza en el tejado de un hotel.

En efecto, se había ido a ver a su padre, de manera que conduce al Capi allá, donde también llega el Halcón instruido por Shield. Pertinente enfrentamiento concluyendo al revelarse que el superior del Hidra Supremo tenía a su vez otro superior.

Y que este no era otro que…

El cual les explica la gran revelación. Pues Hidra no se limitaba simplemente a ser una megaorganización criminal maligna, sino que ademas…¡¡SON NAZIS!!

Esto descuadra y derrumba a Kingpin, pues ser nazi está varios escalones por encima de una mera mente criminal. Era 1972, tiempos más sencillos. Ah, sí, el plan de Craneo Rojo. Pues que tiene un robot gigante que fabrica un gas nervioso con el que aniquilará a toda la población…

…a menos que el Capitán América quede con el y se entregue. No lo hace en persona porque lo de la habitación de hotel con Kingpin era una proyección, seguramente con cámaras que tendría allí instaladas.

Concluyendo, que van para allá, el robot está, llegan también las chicas y una fuerza de mafiosos ordenada por un arrepentido Kingpin, entran en el robot, se pelean dentro, se libera gas nervioso, derrotan al malo y cortan la llave del gas. Fin de la saga y de la estancia de Friedrich en el título.

Repasemos. Craneo Rojo tiene un robot aniquilador y planea usarlo. Para ello contacta con Kingpin para que dirija a Hidra en la sombra. El Hidra Supremo por su parte instala cámaras en la habitación de Steve Rogers y en el cuartel general de Sheld, entre otros muchos sitios. Con ellas controla que un avión con las chicas y el Capitán vaya hacia su base. Pero antes de llegar les abordan aunque son derrotados. Entonces raptan a Sharon para que el Capitán acuda a su base. Está tan ansioso que lo abducen y así llega antes. Nueva derrota. Como al escaparse le persiguen les conduce a su superior. Hay pelea y el jefazo en la sombra revela su identidad y sus planes que va a realizar en seguida…a menos que el Capitán acuda a pelearse. Pelea y derrota. La intención anquiladora era buena, pero la ejecución tiene varios puntos que podrían haberse optimizado.

Por ejemplo, si Craneo Rojo se hubiera levantado de buena mañana y accionado su robot gigante aniquilador, igual hubiera tenido éxito, pues ninguno de nuestros héroes estaba ni por asomo cerca de Las Vegas. Al menos hasta que Shield fue informándoles convenientemente de las bases de Hidra, de Kingpin y del hotel donde había secuestrado a un millonario que no aparece en la aventura (aunque en una viñeta se dice que Kingpin, NATURALMENTE, lo ha liberado, que una cosa es ser criminal y otra acudir a misas franquistas ser un nazi). Demasiadas vueltas, y demasiado flujo de información de un bando hacia el otro, con sus cámaras y sus soplos ¿no?

Recientemente ha concluido en nuestro país la reedición en tapa dura de Guerreros Secretos, la batalla definitiva (es Hickman) entre Hidra y Shield. Y según lo que leas o lo que interpretes, se hace difícil entender (la traca final hickmaniana se llama Círculos dentro de Círculos) si una organización controla a la otra, si es al revés, o si ambas cosas son ciertas a la vez. En la tele nos dijeron que Hidra dominaba a Shield. Hail Hidra. En Guerreros Secretos se sugiere que lo contrario también podría ser cierto (estoy siendo muy poco concreto, cierto, zero spoilers). En todo caso, sea como sea, si ambos bandos están conchabados de una manera y/u otra, toda la suerte de enfrentamientos que tienen no serían otra cosa que una pantomima de cara a justificar para el contribuyente por qué tanta parte de sus impuestos se destina a armamento y defensa. Para protección. Y si tenemos en cuenta que una vez amortizada la investigación inicial los Simulacros Dotados de Vida salen bastante bien de precio, podemos pensar que en el apartado de gastos de personal puede haber una buena mordida. Hay para todos.

Pues toda esa dinámica de planes absurdos como tapadera para enfrentamientos costosos con los que justifican su propia existencia, con sus cámaras espiándose y sus notitas retándose, comenzó apuntándose con Gary Friedrich en la parte final de su estancia de siete números del Capitán América. Lo de Hickman han sido cinco tomos y no han pasado tantas cosas.

No entro en si todo esto habría sido olvidado por la historia oficial para poder fusilarlo más adelante de manera descompresiva. Lo mportante es que Friedrich lo dijo antes y debe saberse. Y que Romita padre es la caña. Y que los cortejos entre un macho y una hembra en Harlem son lo más ¿captas?

Ah, sí, Robert Morales, así se llama el guionista de La Verdad.

6 comentarios en «El Capitán América olvidado»

  1. Bravo! Menuda joya!

    La frase «si intentases enseñarme algo más que el poder negro…» me ha matado, el quería que le enseñase to lo negro, no solo el poder.

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