Tubiste una oportunidad

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Tantos tiempo estuvimos maldiciendo la rotulación mecánica, y años después lo que buscan las editoriales son letras que parezcan hechas a mano pero automáticas "buscamos fuentes, no rotulistas".

Pues no sé si será por ese sentimiento de nostalgia que llega ante la pronta publicación de dos tratados con claro espíritu "Cuéntame" para la generación forum: el capítulo extra made in aquí de Marvel Comics: La Historia Jamás Contada (esa portada…) y la novela de Los Chicos que Coleccionaban Tebeos (que ya sé que no han salido todavía, pero eso no impidió a Julián Clemente hacerles un bonito product placement en pleno prime time de telediario de Sábado aprovechando el notición de que los comics de Marvel daban el salto a la red digital. Cosas que pasan cuando alargas cada edición del telediario hasta una hora), pero el caso es que quiero romper una lanza a favor de la rotulación manual.

Que vale que hoy en día recurrir a rotulación manual encargada a profesionales es algo de muy friki al estilo de Erik Larsen, que recurre usualmente en su Savage Dragon a popes del mundillo como Chris Eliopoulos o Tom Orchezowski, y que así se lo paga el fandom, con su título entrando y saliendo del Top cada mes. No es raro por tanto que hasta él se lo esté pensando.

En nuestro país, la efervescencia superheroica en los años ochenta y noventa fue un campo de pruebas fascinante para que maquetadores y rotuladores se estableciesen en un campo que poco a poco fue dejando paso al automatismo informático que garantizaba rapidez a costa de calidez. Visto hoy parece que no fueron tantos los que se dedicaron a esta artesana labor; pero los hubo, aunque algunos no durasen mucho en la tarea, y este es el caso que nos ocupa hoy, recordaros a todos el trabajo de rotulación de Mario Barba. Un rotulista entusiasta cuya obra completa en este campo se limita al cuaderno número 99 de la Edición ESPAÑOLA de La Espada Salvaje de Conan. Mayo de 1990, cuando se vivía en pesetas (¿conocisteis la peseta? tranquilos, ya la conocereis…)

 

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Una aventura de asedio fronterizo titulada EL CODIGO DEL LOBO.

 

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(y que supuso también la única aportación al cómic de Mark Caparosa con su portada, así que apreciadla como se merece ¡el ataque del matasellos destelleante!)
 
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Pero entremos en materia con la labor rotulista de Mario en este trabajo que supuso a un tiempo su debut y su despedida. Apreciad por ejemplo la estudiada disposición aparentemente descuidada de los elementos en cada bocadillo.
 

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O la forma en que dispone de forma diferente la tipografía de los nombres de los autores de la de su labor para que la composición resultante que más orgánica, respire mejor.

 

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Mención aparte merecen sus resaltes de inicio de caja de texto, esas letra remayúsculas destacadas.
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Observé sin embargo una excepción en su estilo, en aquellos bocadillos que se limitaban a interpelar a un personaje determinado…

 

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…pero más tarde caí en la cuenta de que era una cuestión de economía en la que se aprovechaba la rotulación del episodio americano original en las situaciones que se prestaban a ello…

 

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…y pude notarlo comparando nombres en los distintos bocadillos según contuvieran sólo el nombre o más texto.

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La preocupación por buscar el mejor ritmo de lectura, pausas y disposición del texto en el bocadillo es una constante en la obra de Mario Barba.
 

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¿Y qué decir del estudiado tamaño de fuente según la importancia de cada entonación? esa musicalidad no se escribe, se compone.

 

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La falta de serifas, que tanto daño han hecho a posteriori en la industria, es un elemento clave para transmitir esa sensación de tensión y conflicto permanente que la historia precisa.
 
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Leer un texto redactado por Mario Barba es una experiencia similar a visionar a una película doblando la voz de cada intérprete por su correspondiente ideal. Un torrente de caricias para los sentidos.
 
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No se limita a escribir el texto, sino que lo realza y mejora.
 
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La monotonía es algo prohibido en la obra de Mario Barba, no puede haber dos letras iguales como tampoco hay dos entonaciones iguales.

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Para el lector puede ser una experiencia que choque al principio por lo diferente y arriesgado de la propuesta, pero a buen seguro terminará entrando en el juego y a medida que avance en la lectura sus técnicas y construcciones se nos irán haciendo familiares.
 

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Tampoco podemos dejar de lado la importancia de la puntuación, el efecto casi imperceptible que puede quedar por disponer una coma con una determinada longitud e inclinación, o el grosor de un punto final.
 
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Todo, todo está estudiado en la obra de Mario Barba.
 
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Y sin embargo, sin que nadie diese explicación alguna, las escasas cincuenta páginas de esta aventura supusieron el canto de cisne de este abnegado artesano del rotulismo, que partió con rumbo desconocido a nuevas aventuras laborales.
 
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Pero aunque ha llovido bastante desde aquel episodio, justo es reconocer públicamente ahora, cuando más necesitada de alma y arte está la producción editorial, la labor ignota y solitaria de un arrojado principiante que se atrevió a romper dogmas establecidos para ofrecer al lector una propuesta diferente, produciendo sensaciones que afectaban a los más profundo del espectador. Sirva por tanto este ejemplo para proponer desde aquí al establishment editorial que en vez de buscar tantos escritores y dibujantes, lo que hay que hacer es buscar mejores rotulistas. Pero rotulistas de los de verdad, de los que se lo trabajan en cada trazo. Y a ser posible pagándoles por ello, me apuntan (¿pagando a tiempo además? ¿no es ya pedir mucho?). Y si no es posible encontrar a Mario Barba para volverle a contratar en algún título, por lo menos hacerle algún tipo de homenaje por su contribución al arte de la rotulación. Un busto, una estatua, unas jornadas técnicas, un premio con su nombre en algún salón. Un algo. Mario Barba merece eso y mucho más.
 
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10 comentarios en «Tubiste una oportunidad»

  1. Una rotulación bárbara para una serie bárbara! Poco más puedo añadir. El señor Barba ha logrado lo imposible, crear un nuevo género que, partir de ahora y por siempre jamás, será conocido como «Espada y Brugería»!!

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