Un mágico mundo de colores

Es posible que a muchos de los lectores actuales no les suene el nombre de Steve Oliff, pero lo cierto es que él y su empresa Olyoptics fueron en gran parte los responsables de la última Gran Revolución silenciosa en el comic-book norteamericano, pues fueron pioneros en el proceso de la aplicación informatica del color en los comics. Y, como iremos viendo, si bien esta es su aportación más conocida, no fue la mayor.
Hubo un tiempo en que el color de los comic-book era algo bastante accesorio, tanto era así que décadas después en nuestro país no nos dolieron prendas cuando los trabajos primigenios del Universo Márvel se publicaron en el por entonces aclamado Glorioso Blanco y Negro. Visto el éxito de la iniciativa, DC hizo lo propio en sus reediciones de tipo Showcase, sin que se echase en falta el trabajo de los coloristas. Éstos solían ser el pringado o pringada de la oficina que lo hacía en ratos sueltos y rara vez eran acreditados. Sin embargo, no puede desdeñarse el perjuicio que puede ocasionar un color mal aplicado, de manera que con el paso de los años la tarea del coloreado de las páginas se convirtió en una especialidad más de la cadena creativa de estos tebeos.
 
Steve Oliff entró en la industria como colorista en 1978, y podemos decir que no se achantaba ante ningún reto. Tiene en su haber en sus primeros años coloreados para artistas tan exigentes como Howard Chaykin o Bill Sienkiewicz. Era bastante reputado y no le faltaba trabajo, pero en su búsqueda de nuevos retos tropezó con los ordenadores. Intuyó que con un programa de tratamiento de imágenes adecuado podría producir páginas coloreadas como churros y sacarse cantidad de pasta sin apenas hacer nada, tocando botones. Le acababan de encargar el coloreado de una serie para Epic, algo raro traído de Japón, Akira de nosequé Otomo. Se trataba de prestigios mensuales de bastantes páginas, por lo que consideró que merecía la pena probar lo de los ordenadores. Total, si no salía bien ¿a quién iba a importarle? bastante favor le hacían al Otomo ese en publicarle la cosa esa tan rara en un sello de prestigio como Epic. Porque venía recomendado por Moebius, que si no le hubieran dado puerta nada más entrar. Así que Steve Oliff invirtió 9000 dólares de 1988 en comprarse un ordenador último modelo (un 286 con 1 Mb de Ram y 40 Mb de disco duro) provisto con el programa Pixelcraft. Y con una maquinita que hoy día no serviría ni para hacer sumas, el hombre fue haciendose un hueco en la historia moderna del medio a base de colorear las páginas de Akira. Picando los códigos numéricos de cada color, nada de paletitas.

Con el tiempo, y coincidiendo con la revolución de los autores de Image, la introducción de color digital en las nuevas series regulares fue un factor más de excelencia para los títulos. Toda serie que molase debía llevar color informático. Llegó un punto en que era más importante tener un buen equipo de coloristas que de dibujantes (recordad si no Malibu y el Ultraverso). Sobre esto, asistí hace tiempo a una charla de Carlos Pacheco en la que explicó que la introducción del color influyó en los argumentos de los tebeos: si se podían hacer coloreados de quetecagas, debía aprovecharse, y lo mejor para epatar al lector eran los reflejos y brillitos metalizados, cualquier excusa era buena para meter un brillo, y para poder aprovechar al máximo el potencial del color informático se introdujo en los argumentos de las series gran cantidad de armamento pesado que produjese todo tipo de reflejos y explosiones. La estética cambió la ética. Muchas veces se echa la "culpa" de la llegada del grim’n’gritty a los tebeos de los noventa al Dark Knight y a Watchmen, pero en ninguno de esos títulos sale nadie disparando un pistolón en primer plano. Lo que pasa es que Moore y Miller tontos no son, otorgan con la callada y se llevan la medalla. A este respecto hizo más Steve Oliff y compañía que M&M.

 
La introducción del color informático afecto también a otro aspecto de los comic-book de la época: el papel pulposo habitual para tebeos no absorbía bien la tinta, de manera que para que el color luciese en toda su plenitud era necesario un papel de mayor calidad, y consecuentemente más caro. Gran parte del aumento del precio de los comic-book de los últimos 20 años se deben al tipo de papel que se necesita para que los efectos de color queden chulos.

Llevamos pues que el color informático es responsable de los pistolones noventeros y del encarecimiento de los tebeos. No esta mal, pero aún hay otra cosa que debemos agradecer a Steve Oliff, algo con lo que en comparación los méritos ya citados palidecen.

Y es que Olyoptics y Oliff trabajaron también para Image, y por supuesto para ROB! Liefeld. Leamos que es lo que dijo ROB! sobre Oliff en la sección de correo del número 2 de Youngblood Strikefile:

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Hola, hola, amiguitos, antes de pasar a las cartas, quería hablaros un poco sobre Steve Oliff y Olyoptics. Oliff es más que un colorista, es un artistazo, uno GENIAL!, un visionario. Él y su gente de Olyoptics son el equivalente en los comics a Industrial Light & Magic. Y digo esto años antes de que lo de Amenaza Fantasma ni se huela, por lo que es algo bueno.

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Que estaréis pensando que igual me paso, que le hago la pelota para tenerle complacido y no tener que pagarle. Puede ser cierto en parte, pero es que MOLA cada vez que les mandamos páginas para colorear, sólo de pensar cómo quedarán. Y ya cuando llegan y las vemos, uf ¡esconded a las mujeres! Estas cosas son las que hacen que esto de trabajar haciendo tebeos merezca la pena. Eso y los millones que ganamos.

 

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Tanta faena le damos a Olyoptics que nos han pasado un becario, Kiko, para que trabaje en nuestras oficinas y no tengamos que llamarles más ni mandarles cosas &iqu
est;no son geniales?

 
(A este respecto contaba el Kiko recientemente que Liefeld es tan profesional que hasta que no veía la primera página coloreada y cómo quedaban los personajes que había dibujado no seguía con las siguientes, pues sabiendo ya como estaba coloreado intentaba seguir dibujando de la forma que con el color quedase lo más molón posible. De una época en la que el color no importaba pasamos a otra en la que es prácticamente la razón de ser del dibujo. ROB!, siempre innovando)

Pero atentos que llegamos a lo verdaderamente importante:
 

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Pues sí. Pese a las ventas y los millones, lo de Youngblood a ROB! no le llenaba, no le gustaba cómo quedaba con el color de Bill Murray en sus tres primeros números, tampoco sabía definir qué era lo que faltaba, pero esa sensación de vacío estuvo a punto de hacer que ROB! abandonase los comics. Pero fue ver cómo Oliff coloreó el cuarto número de Youngblood y ROB! recuperó la ilusión por seguir haciendo lo que mejor sabía hacer.

 

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Amén

 
Sí, amigos, si ROB! sigue deleitándonos con su arte es porque Oliff lo animó en su momento más bajo. Y esto sí que es algo que se le debe agradecer.

Para ROB! la relación con su colorista es algo muy importante, su colorero de confianza estos últimos años suele ser Matt Yackey, responsable entre otras cosas del color de la edición remasterizada en tapa dura de los primeros números de Youngblood, borrando aquellos primeros números que tan mal sabor de boca le dejaron en su momento (no es nada personal, Brian, pero entre eso y crear Supreme te quedaste a gusto…).

En definitiva, que no debeís menospreciar la labor de los coloristas en vuestros tebeos. Los coloristas son importantes. Mucho más de lo que pude parecer a primera vista.

 

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AVIV SCÏTPOYLO!!

4 comentarios en «Un mágico mundo de colores»

  1. El coloreado por ordenador como explicación a mucho de lo que ha pasado en las dos últimas décadas en el género pijamero. Muy interesante, si señor.

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