De Visita

A principios de este mes se ha cumplido el aniversario de un evento histórico: el estreno de la primera miniserie de V, hace la friolera de 37 años ya.

Se Han Vertido Ríos de Tinta™ sobre todos y cada uno de sus aspectos. El impacto que supusieron en su momento sus valores de producción, la complejidad moral de sus personajes o las profundas lecturas políticas que se esconden bajo una aparentemente simple superficie de clásica historia de invasión aliena, por citar unos pocos.

Y los cromos de la Tele Indiscreta, claro.

Pero, reconozcámoslo por duro que sea, como toda obra clásica V está marcada por la época en que fué creada. Que su intrínseca valía narrativa no nos ciegue ante los elementos que han envejecido innegablemente. Como el concepto de «cromos» o el concepto de «revista de papel sobre televisión por la que la gente paga dinero«. Cosas que sólo habrían sido posibles en los albores de la década de los 80.

Como villanos estelares de escote vertiginoso luciendo pectorales.

Eran tiempos más ingenuos, para lo bueno y para lo malo, con efectos especiales que hoy en día resultarían risibles…

…y hasta lineas argumentales enteras que hoy sólo podrían causar hilaridad por su inocentona simpleza y su más que evidente imposibilidad. Como cuando los Visitantes, con la ayuda de los viles colaboracionistas, logran convencer a la población mayoritaria de que no hay que fiarse de lo que digan los científicos porque son malvados y tienen una agenda oculta.

¡ESO NUNCA PODRÍA PASAR AQUÍ!

Joven, di NO a los taquiones

Hola.

Me llamo E. Martín.

Y yo…

Yo…

Yo soy adicto a los taquiones…

Bufs, me ha costado más de lo que esperaba.

Llevo ya siete dias sin probarlos. Anoche pude dormir siete horas seguidas por primera vez. Bueno, je, qué os voy a contar a vosotros de pasar el mono ¿verdad? En realidad lo cuento porque estoy grabando este discurso para que lo escuche una gente que todavía no ha caido en este infierno y si con él logro salvar aunque sólo sea a una persona todo habrá valido la pena.

Me refiero a la gente del blog que yo frecuentaba, claro. Porque, como os habrá pasado a la mayoría de vosotros, comencé a engancharme a los taquiones en un blog.

Porque además todo empieza de manera inocente ¿verdad? Un amigo (ayyy, malditos amigos…) te dice "oye, hay una lista de correo super cachonda que se llama ADLO!" y te metes y te echas unas risas. Que todo parece sano e intrascendente

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Y sí, las primeras veces que te expones a los taquiones son divertidas, que a los jóvenes hay que contarles las cosas como son porque con mentiras o medias verdades no vamos a prevenir que caigan en la adicción. Descubres el tiemporriba, los enturbios que lo taquionan todo, los ÄVÏV BÖR!…

Todo es engañosamente inofensivo. Parece que no va a pasar nada. Te diviertes con tus amigos (esos amigos…) y no ves ninguno de esos síntomas de los que te advierten esos estirados que se oponen a la legalización de los taquiones. Porque claro, son una droga blanda, sin consecuencias.

Una que puedes dejar cuando quieras.

Todos recordamos "21 Días Leyendo Tebeos" ¿verdad?

Pero en realidad, aunque sólo te das cuenta cuando ya es demasiado tarde, la primera vez que echas una calada de taquiones inicias un casi imparable descenso en espiral autodestructiva. Y no es que no haya señales de aviso.

Por ejemplo cuando tu cuerpo se va acostumbrando y los meros mails de chascarrillos sobre Cels Piñol ya no te hacen reir como antes. Porque necesitas una dosis mayor para reproducir el mismo efecto. Y entonces te pasas al blog

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Y aunque ya te has convertido en el arquetípico adicto que si inyecta la droga directamente en vena te sigues negando a reconocer la realidad.

Sigues pensado que lo puedes dejar cuando quieras.

Pero tarde o temprano llega un día en que los estragos que los taquiones causan en el cuerpo humano son innegables hasta para el más colgado de los aditcos. Porque si bien es cierto que las campañas antidrogas están cargadas de moralina tan futil como bienintencionada también lo es que en lo que respecta a las ponzoñosas consecuencias del consumo de taquiones no es que no exageren, es que se quedan cortos.

Aceptad la palabra de uno que sabe.

La mente humana no está diseñada para experimentar la cuántica irrealidad que genera una dosis de taquiones. Las neuronas, expuestas a un inervalo de física no euclidiana, sufren una irreparable degeneración celular que afecta irreversiblemente a su funcionamiento. Al poco tiempo de inciarte en el consumo habitual de tan madlitas partículas empiezas a percibir la realidad circundante de manera… diferente.

Al principio te empeñas en pensar que lo que pasa es que has abierto los ojos a cómo son las cosas verdaderamente, claro.

Algunos lo siguen pensando cuando ya no son más que balbuceantes dementes que, encerrados en la habitación acolchada de un asilo, no paran de gritar que el mundillo se va a acabar den dos años y que los tebeos de los ochenta sí que molaban y no estas mierdas de ahora que tardan seis episodios en contarte lo que antes ocupaba el complemento de relleno de un anual.

A otros no nos queda otro remedio que afrontar la realidad de nuestra adicción.

Yo, personalmente, nunca tuve ese momento de claridad del que tanto suele hablarse. No me he despertado una mañana desnudo rodeado de tebeos deshojados de los Todos-Nuevos X-Hombres de BENDIS! sin recordar cómo he acabado así. Ni he tenido que mendigar a la puerta del Espacio Sins Entido unos míseros euros para poder costearme el último tomo de las Obras Completas de Victoría FRANCES! No es que no llegara a extremos de degradación semejantes, claro está. Pero me di cuenta de manera gradual.

Un día de 1980 estás sentado en una sala de cine contemplando cómo el Halcón Milenario aterriza en una ciudad en las nubes…

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…y tienes una sensación dejavuesca de estar leyendo un tebeo en 1978 en el que el Halcón Milenario aterriza en una ciudad en el espacio…

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Y bueno, no le das demasiada importancia, a quién no le pasa algo así de vez en cuando. Y tampoco te preocupa mucho no estar seguro de si el gestro de la ciudad, traidor mostachudo dispuesto a entregar a Luke Skywalker a Darth Vader que finalmente se redime, es negro…

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…o es blanco…

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Pero no te preocupas, porque es la primera vez que te pasa.

La segunda tampoco.

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No te parece tan raro encontrarte a Han y Chewie refugiándose en una caverna que resulta estar llena de bichos que amenazan con devorar el Halcón Milenario en un tebeo de 1979.

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¿O es en una película de 1980? ¿Y C3PO y R2D2? ¿Están siendo reducidos a la esclavitud por un sádico robot torturador en 1983

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…o en 1981?

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En ese momento ya no puedes abstraerte a la innegable evidencia: las secuelas del consumo de taquiones han dañado tu percepción del tiempo. Presente pasado y futuro se te entremezclan en un confuso contínuo no lineal de imágenes y secuencias.

Y sin embargo a esas alturas todavía eres lo bastante inconsciente como para considerarlo algo positivo. Y te echas unas risas con tus amigos de blog…

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…cuando no eres capaz de decir si esa Leia que rememora nostáliga su destruido Alderaan lo hace en en tebeo de 1981…

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…o en un cómic del todavía lejano 2013…

¿O el 2013 no está lejano sino que ya va camino de convertirse en tu pasado?

La carcomedora duda existencial que causa una percepción no lineal del tiempo va apoderándose de tu psique, pero persistes en la negación.

Y si, por ejemplo, al contemplar en 1983 cómo He-Man se enfrenta a Skeletor…

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…esbirro local de los planes de conquista interestelares de Hordak y sus tropas blindadas…

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…sabes que ese duelo volverá a producirse en 1981 cuando Aron Peacebringer luche contra Sk’ar…

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…esbirro local de los planes de conquista interestelar Darth Vader y sus tropas de asalto…

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Y hasta haces chistecillos presuntamente graciosos con ello. Y se te ocurre usar como coletilla el "todo esto ha pasado antes… y volverá a pasar" de la Toda-Nueva y Toda-Diferente Galactica.

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¿Pero eso es algo que se te ha ocurrido a tí o se lo estás plagiando a una página de pisoteadores de cerebros que lo inventará tres años después?

En un último y patético intento de negar tu adicción y sus catatsróficas consecuencias le echas la culpa a los propios tebeos. "Esta edición de Panini de los Clásicos de Star Wars viene sobrecargada de taquiones, cosas del gramaje de página que han usado" dices.

Y tus amigotes de blog te dan la razón y te rien la gracia, claro. Hacer lo contrario implicaría reconocer sus propias adicciones.

Así que entregas a otra actividad diferente, seguro de que los síntomas desaparecerán.

Pero no lo hacen.

Tu te sientas a jugar el Todo-Nuevo y Todo-Diferente Tomb Raider, y estás trepando una antena de comunicaciones…

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…y de repente no sabes si Lara Croft ha aterrizado por error en la isla de Far Cry 3…

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Pero ¿eres un joven e inocente turista norteamericano que se dedica a realizar misiones apoyando a la guerrilla local, explorar bunkers japoneses de la Segunda Guerra Mundial y echar alguna carrera…

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…o un veterano agente de la CIA  que se dedica a realizar misiones apoyando a la guerrilla local, explorar bunkers japoneses de la Segunda Guerra Mundial y echar alguna carrera todo en pos de una Causa Justa?

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No lo sabes.

Es en ese momento cuando no te queda más remedio que reconocer que tienes un problema.

Que tienes que dejar el consumo de taquiones.

Que necesitas ayuda.

Y sales a la calle, desesperado y empapado en sudor, en busca de un simple soplo de aire fresco que traiga la promesa de futura esperanza.

Y de repente caes de rodillas como Troy McClure al final de Paren el Planeta de Los Simios, Que me Quiero Bajar.

Pues te das cuenta de cuán grave es tu adicción, de cuán profundamente ha envenenado tu organismo el alegre e incosciente abuso al que le has estado sometiendo todos estos años cuando levantas la vista y no sabes si tus ojos contemplan la Puerta de Europa, marco de uno de los mayores escándalos económicos de la segunda década del Siglo XXI…

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…o las Torres KIO, marco de uno de los mayores escándalos económicos de la última década del Siglo XX

 
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Escuchad el testimonio de alguien que estuvo donde vosotros os hayais ahora mismo, al borde del abismo de la adicción, y desoyó las advertencias de quienes le gritaban que no cayera en él.

Decid NO a llos taquiones antes de que sea demasiado tarde y os veais convertidos en un patético deshecho social sólo capaz de inspirar pena y asco a partes iguales.

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