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JLA, con L de López

Lo de la adoración de los americanos hacia los guionistas británicos tiene fácil explicación. Hemos de tener en cuenta que se trata de una nación como el que dice recién nacida y que apenas ha tenido tiempo de desarrollar una mitología propia. Por eso no es extraño que fabulen historias basadas en personajes reales recientes dotándoles de cualidades extraordinarias, como sus mismos Presidentes. Tómese como ejemplo las películas de Independence Day, Abraham Lincoln Cazavampiros o la gran cantidad de portadas de la Wizard que coparon Barack Obama y familia. En ese rizar el rizo a la búsqueda desesperada de referentes a los que asirse, el que haya una civilización que también hable inglés y que les lleve siglos de ventaja desarrollando historias les tiene embelesados. Y para los escritores británicos, nada más fácil que adaptar para el público yanqui las historias que ya tienen sabidas por su propio folklore o mitologías vecinas. Y no, no vamos a hablar hoy de Sandman. Porque lo del arenero es sólo la punta del icéberg, que aquí quien más quien menos todo el mundo copia adapta referentes.

Lo que nos lleva a Peter Milligan y su Kid Amazo.

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Así como con muchos escritores ya se conoce uno las referencias que pilla y los truquitos que tiene de forma que se tiene una idea previa bastante acertada de si gustará o no, con cada nueva obra de Milligan es como abrir un melón, hasta que no se prueba no se sabe si será pepino o ambrosía. Sus referencias son tan variadas y distintas que es capaz de lo mejor y de lo peor. Ahí cada cual ubique sus obras donde crea conveniente (pero no olvidemos que le dieron el honor de tomar la mítica cabecera de X-Force y la terminó cancelando).

Lo cierto es que es divertido buscar de dónde pueden estar fusilando los británicos las ideas que les venden como nuevas a los norteamericanos. Tenía un especial interés por Kid Amazo por su enrevesada historia editoral. Dentro escáner:

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Con tantos años preparándolo incluyendo un cambio de dibujante, la cosa tendría que verse bastante trabajada, pero más allá de los dibujos de Alfredo Carlos D’Anda, nada demasiado original. Un chico que descubre que su padre es un androide malvado, lo cual le convierte a él también en androide, y que posee los poderes de la Liga de la Justicia. Con Milligan, lo que debería ser una ensalada de castañas desde la página uno se convierte en un culebroncillo juvenil sobre si el chico debe seguir los pasos de su progenitor y abrazar el lado oscuro o si tiene libertad para elegir sus acciones. Como bien dice la wikipedia, hasta lo del hijo del androide malvado dejó de ser original en el tránsito de tres años del proyecto de novela gráfica a la miniserie de grapa en colección antológica en que terminó saliendo, ya que entretanto apareció en Marvel el segundo volumen de la serie de los Runaways y con ellos el hijo de Ultron.

Pero aún así encontré algo destacable, cómo se resolvió finalmente el conflicto de la JLA con el chico robot ya desatado: con psicología.

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Aquí un Batman semidesnudo porque Kid Amazo le ha quitado el uniforme (no preguntéis) expone la situación, y ahora viene la parte genial, atentos.

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Se cuestiona el papel de cada uno de los componentes dentro del grupo y se origina el conflicto.

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Los miembros se pelean y el androide, imitando el comportamiento de los mismos termina como no puede ser de otra manera…

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…petando:

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Fatal Error y ganan los buenos. Hasta aquí la historia, y ahora llega la hora de las valoraciones.

Para un crítico impresionable, la cosa tendería por la querencia de Milligan con los conflictos paternofiliales, la predestinación frente al libre albedrío, el amplio bagaje cultural del autor británico y todo eso.

En cambio nosotros vemos la verdad. Sabemos de dónde fusilaste esta, Peter.

El androide con los poderes del equipo, los problemas con la jefatura…

Vosotros también lo veis ¿verdad?

¡Si está clarísimo!

 

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Un buen escritor es aquel que disfraza bien sus referencias, o que al menos tiene claro que su público no sabra reconocerlas.

(y sí, en la última imagen hay una falta de ortografía ¡el efecto Adlo! es poderoso!)