Cómo me lo maravillaría yo

Sé que no soy el único que en la avalancha de vengadores llevados a la pantalla, tanto en presencia física como de manera oblícua, echa de menos a uno de sus miembros más icónicos.

El maravilloso Simon Williams.

Se trata de un personaje cuya primera aparición se remonta a los primeros tiempos de las aventuras de los Heroes Más Poderosos de la Tierra™. Su rico (y maravilloso) trasfondo incluye traiciones, villanía, arrepentimiento, sacrificio y finalmente resurrección. ¡Es el arco argumental de una película completo y ya viene escrito de casa! No sólo eso, sus poderes son una inteligente vuelta de tuerca al las clásicas y sobadas superfuerza e invulnerabilidad.

Porque el Hombre Maravilla debe sus poderes y su misma existencia a la energía iónica que recorre su cuerpo reanimado. Hasta el extremo de poder convertirse temporalmente en un ser energético. Un vistoso rango de habilidades que podrían dar pie a un buen puñado de espectaculares (y maravillosas) escenas de acción. Porque, incluso en los comics, apenas se ha empezado a explorar la miríada de maneras en que Simon puede aprovecharse de las primigenias fuerzas que chisporrotean bajo su piel.

Recordemos que, sin ir más lejos, en el clásico Emperador Muerte Simon se convertía en el último hombre libre (y maravilloso) gracias a que, al no necesitar respirar, no inhalaba los aires cargados de imperialismo generados por la maquinaria del ex-colega de Reed Richards. Y esta es sólo una de las muchas posibilidades que le brindan a cualquier guionista con algo de ingenio los iónicos poderes de Simon.

Porque cuando un cuerpo se transforma en una maquinaria de cruda energía todos sus procesos corporales se convierten en potentes y devastadoras armas.

Y a la Bestia le va a costar semanas de duchas de lejía caliente quitarse ese olor…