La suspensión de incredulidad (y 2)

Denominamos suspensión de incredulidad (según algunos eruditos también “contrato simbólico”), a la asunción como “real”, por parte del lector, de los planteamientos y elementos ficticios que configuran el mundo en el que se ubica la narración. Estos elementos han de ser presentados en la fase de planteamiento de la historia (en la famosa distribución planteamiento-nudo-desenlace), para que de esta el lector tenga una visión más o menos completa de este mundo ficticio y de los elementos que en él participan.

Esto nos permite asumir como “real” que los superhéroes tengan poderes, que puedan pelear con largos discursos en medio, que el Taimado Tim tenga un taimado plan, y que Conan siempre mate al monstruo-mago-muerto viviente y se lleve a la chica.

La irrupción, fuera de la fase de planteamiento de la historia, de elementos ficticios alejados diametralmente del género tratado, crea una ruptura de la suspensión de la incredulidad, dando una sensación de “falsedad” en la historia.

Es decir, si abrimos un tebeo de Sin City, por ejemplo, asumimos como real que haya tipos que anden por las cornisas como por el pasillo de su casa y que les disparen quince veces y sigan vivos. Pero la aparición de un pato fumando puros en la última parte de la historia, cuando Marv machaca al malvado Kevin, sería demasiado para ese mundo ficticio, al no habérsenos presentado en el planteamiento de la historia. Aunque Marv, Kevin y el pato fumador sean igual de fantásticos.

Un ejemplo:

Abrimos un tebeo de Supermán, el Hombre de Acero, editado por Novaro en el año… en un año. Aunque sea la primera vez que abrimos un tebeo de Supermán, descubrimos al inicio de cualquier historia que éste tiene poderes, que vuela, tiene superfuerza, doble identidad, y que vive en un mundo fantástico. Asumimos también como “realidad” que la gente que vive en este mundo sea consciente de Supermán y sus fantásticos poderes y no le envíen detrás a la CIA. Supermán ayuda a la humanidad ya sea como el tímido reportero Kent o como superhéroe.

En esta ocasión, Supermán anda tras la pista de Juan Vivales, una malvada mente criminal que comete fechorías de un modo que no tiene explicación.

En esta viñeta, aceptamos como real que un científico, probeta en mano, sepa que una compañía química llamada Martín y Cia hace envíos de platino por ahí.

Aquí asumimos como real que Supermán vuele, que se acerque a un aeropuerto sin volver locos a los controladores, y que un envío de platino se haga en una especie de Cessna color butano.

Aceptamos que Supermán tenga visión de rayos X. Recordemos que todos sus poderes ya han sido presentados, ya sea en otros episodios del personaje o en éste.

En esta viñeta suponemos creíble que la avioneta siga volando bajo, que Juan Vivales y su banda la sigan en coche y que la malvada mente criminal haya creado un dispositivo capaz de hacer volar a un hombre.

Aquí se nos propone como real que el pillo vuele y alcance al avión.

Sin embargo, esto es demasiado para la suspensión de incredulidad de Supermán.

Ejercicio: Propón ejemplos de ruptura de suspensión de incredulidad. Debate con tus compañeros.

Lección siguiente: Aplicación básica y apresurada de Photoshop en los cásicos de la historieta: El Príncipe Valiente.

¡Luisa Lane es negra!

A ver si hoy no se repite la polémica de la semana pasada. Sí, ya sé que muchos de vosotros habíais visto alguna vez la portada del número 106 de Lois Lane…


…¡pero reconocereis que verla en edición de Novaro es incluso más adliano! Me llena de orgullo y satisfacción anunciar que soy el afortunado poseedor de un ejemplar del número 851 de la revista Supermán (recordad que las palabras agudas acabadas en “n” llevan tilde)