Tuiteos de del segundo marzo pandémico

Probablemente ya los hayas visto, pero seguramente ya los habías olvidado

VAMOS RAPHA

A nadie se le escapa que estamos en un mundo regido por los intereses de los lobbies, y que todo aquello que escape a sus propósitos es sencillamente eliminado u ocultado. Relegados han quedado avances como el motor de agua, la fusión fría, las desalinizadoras de Alberto Vázquez Figueroa o la posibilidad de autoabastecimiento de energía solar. Eventos que un buen día desaparecen de las noticias, y los medios hacen como que nunca existieron. No interesan. Al menos no a ciertas gentes. Y esas gentes dictan que eso no debe saberse.

Esto mismo se sucedió cuando prosiguiendo mis lecturas de las historietas de James Bond llegué a La Caja Negra.

Hasta ahora me había nutrido con gente como Warren Ellis, Andy Diggle o James Robinson, tocaba darle la oportunidad a nombres menos llamativos. Benjamin Percy lo tenía oido de cosas como Green Arrow o Titanes, y al dibujante Rapha Lobosco no tenía todavía el gusto. En la contraportada del tomo le acreditan algo con Vampirella, y el artículo del final de la historia consiste en una explicación de la obra por parte de Percy en la que no hace mención ninguna al artista. No es habitual esto, generalmente cuando entrevistan al guionista siempre termina diciendo al menos alguna cosa buena del dibujante que le haya tocado, pero…pero vamos a lo que importa.

Total, que leyendo la aventura me encuentro con esta escena:

Dejando de lado lo mal que enfoco (que torpe soy), nada llamó en principio a mi sentido adlácnido. Es decir, la escena esta narrada de manera impecable hasta para el espectador que carece del contexto de la aventura. El guarda de la puerta. La chica que coge la copa de la bandeja. El acercamiento con tropiezo. El cristal punzante. Y el ataque final. Planteamiento, nudo y desenlace en una página y cinco viñetas. Todo bien.

O eso creía.

Pues cuando fijé mi vista a la página siguiente cai en la cuenta de que se trataba de una página doble.

Sucedía que aunque se le había propuesto plasmar la escena en dos páginas, Rapha Lobosco había conseguido sintetizar toda su esencia en una. Un ejercicio de economía narrativa encomiable. Es más, como la unión entre las dos páginas se da tan sólo en una viñeta de la parte superior en la que ademas hay un contraste marcado de color entre el lado izquierdo y el derecho, el movimiento natural del ojo es leer la escena la primera vez como lo hice yo.

Es como si el dibujante quisiera hacérnoslo notar. Como si nos dijera «ey, ya sé que son dos páginas, pero esto mismo puede contarse en tan sólo una«.

Y eso no interesa que se sepa.

¿A quién no interesa? al lobby. Al lobby de la narrativa descomprimida. Al lobby editorial de los tomos recopilatorios. A la industria del tebeo en general.

¿Dónde quedaría gente como Brian Bendis o James Robinson si les quitas la planificación de páginas dobles? ¿Cómo podrían hacer que la escasa información pensada para ocupar la tripa de un episodio llenase las veinte páginas programadas? ¿tendrían acaso que proporcionar más información por episodio?¿contar la misma historia en menos páginas?¿sacar un recopilatorio final con menos episodios, con menos páginas, con menos precio? ¿la misma historia que la planificada incialmente pero ofrecida por menos dinero?

Eso no interesa.

Rapha Lobosco dibujó la aventura de Black Box en 2017. Poco despues dibujó el tercer capítulo de James Bond: The Body, guionizada por Aleš Kot, que tenía un dibujante diferente en cada uno de sus seis capítulos. Al publicar el recopilatorio, Dynamite decidió omitir el nombre de los autores de la portada del mismo, algo que no ha sucedido en ningún otro tomo, anterior o posterior, de la serie.

Desde entonces, Lobosco no ha participado en ninguna historieta, ni en James Bond, ni en Dynamite ni en ninguna otra editorial.

No interesa.

Así funciona.

«Añadir el título»

Prosiguiendo la lectura de los tomos del Universo James Bond publicados por Panini, me sorprende gratamente la lectura del dedicado a la miniserie de Felix Leiter.

En principio, porque acostumbrado ya a un personaje frío, estoico y rematadamente seguro de si mismo como el agente 007, es refrescante encontrarse con uno más inseguro y frágil, que le viene de perlas a James Robinson para llenar las páginas de cajas de texto atormentado. Cambiar el esquema de vez un cuando viene bien.

Y por otra parte, se agradece el intento, ya desde el capítulo 1 de la miniserie, de dar una idea de continuidad y relación entre las diferentes historias contadas en los diferentes tomos y miniseries, a través de las referencias editoriales a aventuras anteriores.

No obstante, este agradecimiento se diluye cuando pocas páginas después en el mismo capítulo se hace nuevamente referencia a la misma circunstancia…

…con una referencia a un tomo diferente.

Inevitablemente, me voy a ver en la grapa original…

…para comprobar que sucedía lo mismo.

A ver, que en Dynamite tienen editores de todo tipo para que no pasen estas cosas.

Y en Panini ya ni te cuento. Será por gente.

Puedo comprender que si la edición original venía así, poco puede hacer la versión española para enmendarles la plana. La cuestión entonces es por qué sucedió esto en origen, sobre todo teniendo en cuenta de que las dos llamadas editoriales tuvieron lugar en el mismo episodio, en la misma grapa.

Hasta que caí en la cuenta. No se trataba de llamadas editoriales, no son referencias, no son sugerencias.

Son órdenes.

Son anuncios.

Es publicidad.

Ves un asterisco en el texto y se te va la mirada hacia la caja de al lado. Un comportamiento aprendido, una conducta condicionada. Y te quedas con el mensaje, que por repetición termina dejando una huella que puede influir en futuras compras.

Te has tragado un banner, te has comido un popup. Tanto da que diga «See James Bond #7» como «Drink Coca-Cola«. Si lo lees en digital deberías clicar en el asterisco para cerrarlo.

Que lo anunciado está relacionado con lo que estás leyendo, por supuesto. Como todo buen banner. Al abrir tu ejemplar aceptaste las cookies.

Quedando clara entonces la táctica publicitaria más o menos solapada de Dynamite, que puede gustar más o menos, resta por dilucidar si Panini obra bien replicándola. Haber, eso es opinable, pero ay una cuestión objetiva que debe denunciarse:

¡HaceD el favor de usar bien el imperativo, rediez!

En caso contrario duelen los ojos, ver véase la última frase del anterior párrafo.

El color del cristal de la mira telescópica

Se ha dicho y escrito mucho sobre él a lo largo de su dilatada trayectoria. Y si bien en sus comienzos todo eran parabienes hacia su valentía y actitud, tras esto comenzaron a arreciar las críticas hacia un aspecto de su comportamiento que venía siendo una constante en su andadura. Se decía que desde su posición privilegiada de macho alfa solía tratar al sexo opuesto con un deje de machismo, abusando de su poder. Se hacía referencia a una cierta conducta inapropiada, en la que cosificaba a las mujeres con las que se relacionaba hasta rayar en la misoginia. Se hablaba de un personaje abusivo y manipulador.

Pero estamos escuchando únicamente a una parte. Y en una época como la presente en la que lo que no falta es precisamente información, y tan necesaria es la empatía para comprendernos ¿no tendríamos que ser equidistantes y tratar de escuchar y comprender cómo lo ve la otra parte? igual el relato se ve de otra manera.

James Bond. Visto por Warren Ellis.