Autoría

Uno de los errores más comunes y retierados cometidos por el gran público es confundir al creador con su creación. Pensar que las ideas que plasma o representa son un reflejo de sus deseos reales o, peor aún, su verdadera personalidad. Y no, claro, por eso lo llamamos “ficción”.

Alfred Hitchcok era un maestro dirigiendo escenas de criminales asesinatos…

…pero no un criminal ni un asesino.

Stephen King es un genio creando monstruos aterradores…

…pero no es un monstruo aterrador.

Clint Eastwood lleva décadas siendo la quintaesencial imagen del heroe íntegro y honesto…

…pero nunca ha sido íntegro y mucho menos honesto.

William Moulton Marston creó a Wonder Woman, una heroina fuerte que siempre acababa atada e indefensa…

…pero eso no quiere decir que le gustaran las… ahm…

Estooo…

¡BOB KANE!

Bob Kane nos dió a Batman. Un individuo con afición a vestirse de cuero negro y realizar actividades nocturnas con jovencitos semivestidos…

…y sin embargo en su vida privada era una persona normal y corriente. El verídico tebeo autobiográfico editado por la DC en 1946 que revela cómo Kane creó en solitario al Caballero Oscuro y su impresionante panoplia de gadgets, secundarios y villanos nos regala con escenas de su vida cotidiana tan mundanas e inocentes…

…como cuando invita a amigos a su casa por la noche para que se pongan disfraces de cuero que (tosecill) ha cosido su madre por motivos que les explicará después.

No, no hay que confundir al autor con la obra ni asumir que lo que narra son sus deseos o aficiones.

¡Que se lo digan a Gerard Jones!