Mientras tanto, en otro lugar…

–  ¡¡¡Ayudanteeee!!!!

– ¿Llamaba, señor Didio, señor?

– No, ayudante, he gritado porque me apetecía comprobar que seguía teniendo cuerdas vocales. Ya sabes como son, las muy guarras: no las usas durante diez minutos y se piran.

– Aunque nadie se lo creería, ese razonamiento no es el más absurdo que he oído de sus labios, señor Didio, señor.

– ¡Claro que no! ¡Es una verdad como un templo! Pero… ya que estás aquí, aprovechemos para charlar de algunos asuntillos. ¿Adónde vas de vacaciones, ayudante?

– Esteeeee… Creo que este verano mi mujer y yo iremos a Hawai, señor Didio, señor, a disfrutar de sus maravillas naturales: las playas, las palmeras, los cocos, el búnker donde rodaron las escenas de la iniciativa Dharma de Perdidos…

– Hawai, ¿eh? ¿Seguro? Creo que no estás siendo sincero conmigo, ayudante.

– Eeh, no sé por qué dice eso, señor Didio, señor. Yo siempre soy franco con ust…

– ¡JA! Y entonces, ¿por qué acabo de imprimirme las copias de dos billetes de avión a Alaska a tu nombre y el de tu mujer? ¿Eh? ¿De dónde han salido? Y mira que me ha costado encontrarlas. He tenido que usar el nombre de la empresa para que los de la compañía aérea se creyeran que eras un posible terrorista. Menos mal que nos cambiamos el nombre a DC Entertainment, si no, no podría hacer cosas como esta.

– Te… ¿terrorista? Señor Didio, señor… Sus palabras me… inquietan.

– Tranquilo, ayudante. Ya llamaré luego para decir que era una falsa alarma. Pero que sepas que tu falta de honestidad me hiere en el alma. Ya sabes que cada vez que me mientes, Dios mata un gatito.

– Ya… Pero es que a mi mujer no le gustó que tuviéramos compartir habitación con usted durante las últimas vacaciones, así que me obligó a intentar despistarle, señor Didio, señor… Le ruego que me perdone. Ya sabe que yo le idolatro…

– Ya te dije que esa mujer tuya no me gustaba. Te quiere para ella sola, y eso no está bien, ayudante. Durante las vacaciones del año pasado me miraba mal. Y ni siquiera me dirigió la palabra cuando cenamos los tres juntos para celebrar vuestro quinto aniversario.

– Bueno, señor Didio, señor, quizás no se hubiera cabreado tanto si no nos hubiera obligado a compartir cama los tres esa noche, señor.

– ¿Y dejaros solos en una noche tan especial? ¿Qué clase de amistoso jefe haría algo así? Parece mentiras que no me conozcas, ayudante. Quizás debería dejar que los de los aeropuertos sigan creyendo que tu mujer es una terrorista. Así podríamos pasar unas vacaciones tranquilos los dos, para variar.

– Esa es… una idea… eeeeeh… apabullante, señor Didio, señor. Claro que entonces no tendría quien le masajeara los hombros mientras yo les hago friegas en los pies.

– Mmmmmh… Ciertamente, eso es un contra importante. Lo pensaré durante un par de días y ya te contaré. Pero cambiemos de tema y hablemos de trabajo. ¿Cómo va el relanzamiento de Wonder Woman? ¿Se siente cómodo Estrachinsqui con el nivel de control editorial?

– Comodísimo, señor Didio, señor. El señor Joe Michael me ha pedido que le agradezca que le permita reirse en la cara del editor durante diez minutos cada vez que éste le recuerda un fallo de continuidad en sus guionies. En Marvel sólo le dejaban hacerlo durante cinco minutos.

– Bien, bien. ¿Y qué tiene planeado hacer el bueno de Joe con el personaje? ¿Sigue en pie aquello que me dijo?

– En efecto, señor Didio, señor. Reseteo del status de Isla Paraíso sin tener en cuenta lo que ha pasado estos últimos cuatro años, Wonder Woman sin poderes y sin recuerdos. Nuevo uniforme…

– Hablando del nuevo uniforme, ¿sabemos algo de los diseños de Jim Lee para el personaje?

– Es… Estoy… aquííííí.

– Oh, Dios mío, ayudante. ¡Mi silla ha empezado a hablar y le ha salido un brazo con el que sujeta unos papeles! ¡Está viva! ¡Vive!

– Señor Didio, señor, no es su silla, sino Jim Lee. ¿No recuerda la discusión que tuvieron los dos cuando los nuevos jefazos de DCEntertainment les dieron el mismo cargo a los dos y el señor Lee quiso quedarse este despacho?

– Ayudante, ya sabes que las neuronas las reservo para guardar información importante, como la alineación de la Liga de la Justicia Internacional. Uno siempre tiene que recordar los nombres de los personajes que quiere matar.

– Pues el señor Jim Lee se sentó en su silla y dijo "Yo de aquí no me muevo" y entonces usted, señor Didio, señor, se le sentó encima… Y hasta hoy.

– ¡Es cierto! ¡Ahora lo recuerdo! Al principio, recelé, pensando que quizás el bueno de Jim se aprovechase de mi nueva posición para proparse conmigo, pero dejé de preocuparme al recordar que todos los orientales la tienen muy pequeña.

– Ca… bronazo…

– Calla, chunlí, y suelta esos diseños de una p*ta vez. Aquí los tenemos, ayudante. ¿Qué te parecen, ayudante?

 

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– Pueeeees… No sé que decirle, señor Didio, señor.

– Mi afilada intuición me dicen que no te convencen del todo, ayudante. Dime, ¿qué es lo que no te gusta?

– Pues para empezar, señor Didio, señor, con ese uniforme el personaje parece tan… estancado en los noventa…

– ¡Eso es maravilloso!

– ¿Maravilloso, señor D
idio, señor?

– ¡Pues claro, ayudante! El uniforme antiguo ya tenía 70 años. ¡Antes estábamos estancados en los cuarenta y ahora en los noventa! ¡Hemos avanzado cincuenta años de un plumazo! ¡Este Jim Lee es fantástico! ¡Seguro que conseguirá un look actual cuando rediseñemos al personaje otra vez dentro de treinta años!

– No lo dudo, señor Didio, señor, pero es que este nuevo diseño es… No sé… tan pocoooo…

– ¿Tan poco qué, ayudante?

– Pues… Verá, señor Didio, señor, la antigua Wonder Woman es una mujer de armas tomar que tiene una melena indómita, unos pechos voluptuosos, unos muslos tersos y un trasero redondo y jugoso como dos manzanas fescas. Pero la nueva Wonder Woman tiene pinta de ser una niñata postadolescente con mal gusto para la ropa. En resumen, señor Didio, señor, a la antigua Wonder Woman cualquier lector entre treinta y cincuenta años, o sea, nuestro público mayoritario, querría zumbársela. En cambio, señor Didio, señor, la nueva no les pondrá nada, pero nada, nada.

– ¡Perfecto, ayudante! ¡Así seguro que recuperamos al mercado gay! ¡Y con la de pasta que se dejan los maricas en cualquier pollada, seguro que nos hacen ricos comprando figuritas de Wonder Woman para espantar a sus grandes enemigas, las lesbianas! Apunta esta idea, ayudante, y pásasela a los de marketing. No sé que harían estos sin mis certeras indicaciones.

– Posiblemente un trabajo mucho menos… interesante, señor Didio, señor.

– En efecto. ¡Y sabes lo que te digo! ¡Que vamos a escribir una nota de prensa anunciando a bombo y platillo que Wonder Woman cambia de traje por primera vez en sus setenta años de historia!

– Eeeh… ¿está seguro, señor Didio, señor?

– ¡Pues claro que lo estoy, ayudante! ¿Por qué no habría de estarlo?

– Pues, señor Didio, señor, principalmente porque eso no es cierto, señor Didio, señor.

– Ay, ayudante… Parece mentira que no sepas como funciona esto de la prensa. Un periodista se limita a publicar lo que dice un teletipo. Si un periodista se dedicara a comprobar si lo que dice un teletipo es cierto o no, entonces ya no sería un periodista. Sería un colaborador, y, por tanto, lo que dijera sería una opinión y no tendría validez documental. O, mucho peor, si un periodista supiera más cosas de las que dicen en los teletipos, sería un bloguero. ¿Conoces acaso algún periodista que prefiera ser bloguero a trabajar en un periódico?

– Aunque lo hiciera no osaría contradecirle, señor Didio, señor.

– ¡Pues claro que no! Ya sabes lo que piensa Steve Lobs de los blogueros, y si Steve Jobs dice que algo es malo, es que de aquí a cinco años no existirá. Créeme, ayudante, de aquí a final de año, se extinguirán todas las personas zurdas del mundo civilizado. Es así y punto. Por cierto, recuérdame mañana que revise los contratos que tenemos firmados con dibujantes zurdos.

– Lo pondré en su agenda, señor Didio, señor. ¿Se le ofrece algo más?

– Pues mira, hablando de Estrachinsqui, ¿qué ha decidido hacer con Superman?

– Pues parece ser que el no poder salvar a un abuelete le causa una crisis de conciencia que hace que se ponga a vagar de una punta a otra del país para reencontrarse a sí mismo.

– ¿Qué? ¡Vaya una idea estúpida! Es tan estúpida como hacer que Superman deje Metrópolis durante todo un año y hacer que sus colecciones regulares las protagonicen personajes secundarios que no le importan un carajo a nadie.

– Bueeeeno, señor Didio, señor, de hecho eso mismo es lo que usted permitió que pasara durante este año pasado en las coles de Superman…

– ¿Y los tebeos se han seguido vendiendo lo mismo?

– Sorprendentemente sí, señor Didio, señor.

– Eso es porque soy un genio. Y porque Superman se vende bien pase lo que pase en el tebeo, aunque no salga el personaje. Al fin y al cabo, es Superman, ¿no es cierto, ayudante?

– He de confesar que eso me parece cierto, señor Didio, señor. Terrorífico, pero cierto.

– Bien, bien… Pero mientras, hagamos que Action Comics la protagonice un personaje con más tirón que los dos monicacos que se sacó Rucka de la manga. No sé porqué, pero este hombre ha perdido mucho desde que escribió Gotham Central. Con lo que me gustaba su historia del Joker…

– A lo mejor tiene que ver que esa historia fuera de Brubaker, señor Didio, señor.

– ¿Brubaker, eh? ¡¡Ya lo tengo, ayudante!!  ¡BWA-HA-HA-HA! ¡Vamos a vengarnos de Marvel! ¡Robémosles un guionista para que escriba un Action Comics protagonizado por… Lex Luthor! ¡Llama a Bendis!

– ¿Bendis, señor Didio, señor?

– Sí, Bendis.

– ¡Ah, ok, Bendis!

– Ok, ¿entonces?.

– Ok, Bendis entonces.

– ¿Todo claro?

– Todo claro.

– Mejor así.

– Mucho mejor.

– Seguro que a Bendis se le hace el ojete agua al pensar en poder hacer algo con Lex Luthor.

– No sé, señor Didio, señor, pero no creo que Bendis quiera dejar pasar los beneficios con los que le premian por los paperbacks que recopilan las cien colecciones que hace para Marvel…

– ¡¡Pues entonces llama a Millar!!

– Millar se está haciendo de oro con los derechos que publica en la línea indie de Marvel, señor Didio, señor. De hecho, llora de alegría cada vez que ve un cómic de Kick Ass en una estanter&ia
cute;a, así que no creo que quiera dejar de sopetón las ventajas que tiene el hacerse más y más rico cada año.

– ¡Maldito Quesada! Siempre conspirando para hacerme sombra… ¿Sabes lo que te digo? Si en Marvel fueran tan tontos de cancelar una buena serie de un buen guionista y luego darle mierdecillas de complementos y limitadas idiotas en vez de darle una cole, seguro que podría ficharle y apuntarme un tanto…

– Veré lo que puedo hacer, señor Didio, señor. Y si no tiene nada más, me gustaría retirarme, señor Didio, señor. Seguro que ni el adláter más paciente ha llegado hasta este punto de la conversación.

– Puedes retirarte, ayudante. Pero creo que antes deberíamos hablar de Batman, ¿no? Hemos hablado de Wonder Woman, de Superman, y estaría guay hablar de Batman. ¿Qué tal va Morrison con el Retorno de Bruce Wayne?

– Puees… Lo cierto es que no hay una opinión formada en la compañía, señor Didio, señor.

– ¿Diversidad de opiniones, entonces?

– A decir, verdad, no, señor Didio, señor. Es que nadie en el edificio ha sido capaz de entender el segundo número y ahora tienen miedo de leerse el tercero.

– ¡Pero eso son buenísimas noticias! ¡Todos saben que un tebeo de Morrison es más bueno cuanto menos se entienda! ¡Mira Final Crisis! Lo mejor que he editado nunca, sin duda alguna. Retírate, ayudante.

– Como usted diga, señor Didio, señor-

– Y recuerda meter mis drogas en tu maleta cuando hagas el equipaje para irnos de vacaciones, que no quiero tener problemas en el aeropuerto.

– Lo haré, señor Didio, señor. Y saludos a usted también , señor Lee.

– Sacadme… de… aquí… hijos de puta.

– Calla, condenao. Y presta un poco de atención, o no aprenderás nunca a ser un editor de mi categoría, por Dios. Lo que me costarás de criar.