Tuiteando sobre tebeos (y otros vicios aún más feos)

Pues eso, que os pongo aquí algunos tuits que he ido colgando en mi cuenta los últimos dos meses y me ahorro escribir un posteo hoy

Capitalismo, una visión subjetiva

Normalmente no hago esto, porque se le da mejor a Emilio, pero ante el peligroso post colgado ayer por esta nuestra desorganización me he visto obligado a salir a la palestra a advertiros del peligro del llamado sistema capitalista (LESS WORST ECONOMIC SYSTEM EVER(tm)).

Sé que cuesta de creer que se haya que desconfiar de un sistema en su pleno apogeo, que nos ha dejado inventos tan divertidos como las Participaciones Preferentes y o el sistema hipotecario español, pero eso es porque el capitalismo no es malo per se, sino que, más bien, funciona como el anillo único: si lo usamos da igual que seamos el señor oscuro, el senescal de Gondor o un hobbit que sólo quiere ver como se cambian las mozas de mejor ver de su pueblo, al final su poder nos explotará en la cara.

El mejor ejemplo de lo que estoy explicando es el deporte—el fútbol no, el deporte—donde el capitalismo mató el espíritu olímpico de la manera más inocente.

En el mundo antigüo—que es como debemos empezar a llamar ya a todo lo que pasó antes de la aparición de los brokers en los 80—los deportistas competían por marcar récords que permitieran que su nombre se recordara años después de su retirada, y quien sabe de si su muerte. El caso más paradigmático fue el de Bob Beamon, el hombre cuyo récord fue mentado en toda competición de salto de longitud que se celebrara en el planeta durante 22 largos años.

Pero como a la gente le gustaba presenciar récords, las pruebas deportivas usaron el capitalismo para mejorar las marcas, dando dinero a los atletas por cada récord que rompieran, y así el capitalismo usó su magia maligna de nuevo convirtiendo al noble atletismo de un Smeagol que sólo quiere caer bien y arrimarse a las muchachas, en un ambicioso Gollum que sólo quiere acumular cada vez más riquezas. A fin de cuentas si das lo mejor de tí impones un récord de 22 años tu nombre queda para la historia hasta que otro salte más que tú, pero si te esfuerzas menos puedes ir rompiendo tu propio récord prueba a prueba, cobrar 22 veces por lo que podrías haber hecho en una, y reírte del jovencito que te quite el récord mientras conduces tu Ferrari por las calles de Montecarlo.

En resumen, que por culpa del capitalistmo Usain Bolt siempre frena antes de llegar a la meta.




Aunque el verdadero experto en esto de exprimir la teta del capitalismo era, paradójicamente, un soviético.  Como se puede ver como ha ido aumentando la marca del récord de Salto con Pértiga en el Mundo.

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¿Veís? Bubka entendió que hacer la gran marca sólo sirve para que la gente te diga que ya no eres tan bueno como antes, así que aplicó la ley del mínimo esfuerzo y para cuando ya estaba gordo y la gente podía gritarle "Bubka, tú antes molabas" ya tenía lo suyo arreglado y podía ir en Mercedes.

Los cómics no se distiniguen mucho de este modelo, y por eso estrenan cosas como esta

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Que logran que la gente salga del cine, y esto es una opinión subjetiva mía porque yo ya la he visto, diciendo: "Ya, pero no es tan mala como la anterior".

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Que viene a ser lo mismo que escuchabas cuando le decías a alguien que Superman Returns era mala:"ya, pero no tanto como la anterior".

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Muchos os habiáis dado cuenta ya pero, como sois unos marvelitas irredentos, habías pensado que era una cuestión de que los personajes DC no dan más de sí, pero eso no es cierto, porque no hay más que ver esta película

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Y preguntarte como es posible que una cosa tan aburrida vaya a tener una secuela, y la respuesta es sencilla:"para que cuando vayas a verla puedas decir, ‘por lo menos no es tan mala como la anterior’".

Por eso se reciclan tantas ideas en los cómics, por eso hay tanto reboot, por eso tanta vuelta a los orígenes y a temas ya vistos, por la ley del mínimo esfuerzo que impone el capitalismo y que crea monstruos como estos:

Capitalismo, está en todas partes, así que…tengan cuidado ahí fuera