El humor del siglo XX, hoy

Ayer el mundo del cómic, del cine y de las adaptaciones del cómic al cine se vio sorprendido por una inesperada noticia

Los expertos comiqueros entraron en pánico, porque no encontraron ninguna información sobre esta serie en Wikipedia y por tanto el vídeo de Tutube sobre el tema no podría salir al instante. Y los otros expertos comiqueros, esa gente rara que se lee los tebeos que recomienda, se dieron cuenta de que por mucha gente que haya en un blog colectivo no hay forma de tenerlo todo controlado

Por suerte el mundillo comiquero no se acaba ahí, y hay fans de Scott Lobdell para seguir. O dicho de otra forma, ADLO! Novelti Librari acude al rescate

En 1999 Homage Comics era el subsello de WildStorm (que a su vez ya era parte de DC Comics) centrado en los cómics «de guionista». Era el paraguas bajo el que encontraron acomodo para algunos de sus mejores trabajos escritores como Warren Ellis, Terry Moore, Kurt Busiek o James Robinson. Así que era el lugar ideal para que Jim Lee colocara a su amigo Scott Lobdell una vez acabó su etapa en Marvel, donde reinó en los años 90. Y para impedir que se repitiera la debacle de WildCats, donde la estrellita Travis Charest se pasaba por el arco del triunfo el guión de SCOTT! para dibujar lo que le daba en gana, el dibujante sería un jovencito de la casa llamado Alé Garza

La primera escena de Ball and Chain (que en el título hace un juego de palabras con la bola que llevaban atada al tobillo los presidiarios), con el marido llegando tarde a escondidas y la esposa recibiéndolo hecha una furia, ya marca el tono de la serie

Porque sí, hay superpoderes, y peleas contra los malos, y explosiones. Pero este tebeo va de un matrimonio que se quiere pero se pelea

Que se pelea…

…pero se quiere

Y así sigue Lobdell, gustándose más que nunca en los diálogos, hasta el final de la miniserie (uy, me he olvidado de decir lo de ALERTA DESTRIPE más arriba; espero que no tuviérais pensado leer esto proximamente)

Pero la chavalada no hizo caso al último bocadillo y nadie pidió la continuación de este matrimonio «de cadena y bola». Y de su publicación en España ni hablamos…

Aunque en ese país en concreto tampoco hacía falta, porque su espíritu siguió vivo durante otra década más gracias a José Luis Moreno