Cosas veredes…

Dicen los maledicentes que el cine español sólo sabe hacer películas sobre la Guerra Civil. Pero nada más lejos de la realidad.

De hecho nuestro cine no sólo es variado y diferente, es rabiosamente iconoclasta y original.

Podemos estar muy orgullosos de nuestro cine y de las innovadoras aportaciones que ha hecho a la historia del séptimo arte.

Al fin y al cabo ¿tiene algo que envidiarle nuestro Pepón Nieto a su Bill Nighy?

Ortografía friqui

Cuando uno vive en Madrid está acostumbrado a que le acusen de mirarse solo al ombligo, de estar hablando siempre de si llueve o no llueve y de acaparar toda la agenda informativa. Sin embargo, hay algunas cosas en las que no somos tan especiales. Por ejemplo, lo de creer que tu ciudad es el centro del universo también lo practican los barceloneses con una fijación casi patriótica. En un momento en el que en Twitter debatimos si han llegado ya a Albacete los aerogeneradores o si siguen haciendo la harina en molinos del siglo XV, los compañeros de lodiario aclaran: la puerta de entrada a la ciencia ficción en España está en Barcelona. Lo demás es todo felpudo.

Quizá lo más sorprendente de este artículo es que de esos “más de 20 comercios” se nombren 3, dedicándole más de la mitad del texto a Gigamesh. Pero a mí me llama la atención ese “Friqui” del titular. No porque no pueda ser correcto, no, pero lo cierto es que el diccionario de la RAE recoge como más correcta la grafía “friki”.

Parece que en lodiario han decidido hacer su enmienda a esta forma preferente de escritura por parte de los imperialistas y fachas del DRAE, porque no se trata de un caso aislado en los últimos días.

Al ser Isaac Sánchez catalán, igual que el autor del otro artículo, me planteo si no será algún tipo de estrategia separatista y catalana. Ya sabemos lo mucho que le gusta a esta gente ir a la contra del resto de España, ese felpudo cultural que gira alrededor de Arc de Triomf. Pero creo que ni el desaforado empeño catalanista puede explicarnos por qué en lodiario han decidido que Superman no viene de Krypton…

… si no del Planeta Bitcoin.

De la adaptación al castellano entendida como una de las bellas artes

En nuestro mercado se adapta mucho más material extranjero a nuestro idioma que el que se produce localmente para consumo interno. Sin embargo el número de estudios que se dedican a estas adaptaciones es bastante inferior al de artistas nacionales. Esto significa que cada estudio, muchas veces unipersonal, se echa a las espaldas muchísimo material a adaptar cada mes.

No existe formación reglada para esta tarea, en las ofertas de empleo, de haberlas, se busca ante todo gente voluntariosa y dicharachera, lo demás ya se andará. Es por esto que muchos de los mecanismos para adaptar mucho material en poco tiempo van pasando por tradición oral de packagers a packagers desde los tiempos del letraset. Por ello, hay atajos que se siguen aplicando en la actualidad cuando en realidad los avances técnicos no lo hacen necesario. Por ejemplo, a la hora de castellanizar un título, el camino habitual a seguir era que el adaptado fuera siempre algo mayor que el original, de manera que si el material que acababa llegando traía el título original incorporado, el español lo cubriría y arreglado, sin necesidad de recurrir a borrar, incorporar y redibujar.

Esta argucia devino innecesaria cuando títulos e ilustraciones venían incrustados en capas digitales que cruzaban el Atlántico por el éter, pero siguió aplicándose por costumbre al no haber contraorden en la tradición oral. Y con el avance técnico a esta regla se le adjuntó la siguiente: el título no debe tapar imagen diferente al fondo.

Dos reglas básicas y sencillas que se resumían en el siguiente pareado:

«Rótulo grande…

…ande…

…o no ande»

(y por eso más de uno volverá de las vacaciones faltándole un número a su miniserie)

Batiendo ‘clickbait’

Hay muchas formas de titular una noticia. Y no todas sirven para lo mismo. A veces dan los datos fundamentales y luego amplían en su cuerpo, otras veces intentan llamar la atención sobre algo concreto esperando que pique nuestro interés. Y en ocasiones, simplemente parece que están intentando convertirse en un meme.

Por ejemplo el de «Completa con el teclado predictivo».

¡MARTHAAAAAAAA!