El ciclo sin fin

Cada década tiene sus cosas, sus ganchos, sus recursos para picar un poco el interés de los lectores. Ese viejo recurso que con el tiempo se mira con cierta socarronería, con el disgusto de quien escucha contar un chiste muy viejo que por desgaste ha perdido la gracia, como si los chistes, los trucos que a él le entretienen, no fueran a correr la misma suerte. Si en los 90 fueron los “Números 1” quienes copaban la gran atención del público, en los primeros 2000 y en Marvel fueron las muertes de personajes emblemáticos. Que si House of M, Civil War, Invasión Secreta,… todos estos eventos tenían como gancho la muerte de personajes emblemáticos de la Casa de las Ideas. No es que fuera totalmente nuevo (la inmensa mayoría de ellos habían muerto durante las Secret Wars originales tiempo atrás y en la batalla por el Guantelete del Infinito y contra Onslaught en los 90, pero aquello era distinto. Esta vez, la cosa se había ido completamente de madre.

Pongamos por ejemplo, a Spiderman, que tanto en Secret Wars como en la saga del Guantelete murió y resucitó en el mismo evento, como casi todos los superhéroes. En los 90 no moriría como la mayoría de Vengadores y mutantes, pero sí que la palmaria (o casi) una vez durante la Saga del Clon, cuando los guionistas no tenían claro si Peter Parker era un clon con fallos degenerativos o si solo es que se habían mezclado los post-it. Pero llega 2004 y en The Spectacular Spider-Man, y un poco a cuento de nada en absoluto, moriría para darle vidilla al evento de Vengadores Desunidos que no le importaba a nadie. La artífice de su muerte, la “Reina”, creada por Paul Jenkins para la ocasión, cuyos poderes de insecto le permitieron controlar a Spider-man (que es un arácnido) y mutarlo en una especie de araña humana.

La cosa es que finalmente se convierte en una araña gigante embarazada (sí, no preguntéis), la araña se muere y de ella brota… ¡Peter Parker!

Era 2004 y la mayoría lo vivimos como un arco olvidable que servía para darle a Spider-man telarañas orgánicas a imagen y semejanza de las películas de Sam Raimi que tan populares eran en aquel momento. Luego poco a poco aquello se fue olvidando y os animo a que intentéis decir en los comentarios a partir de qué momento en Marvel decidieron olvidarse de lo de lo de las telarañas orgánicos..

La cosa es que en menos de un par de años J. M Straczynsky se había quedado sin ideas después de obligar a un dibujante a ilustrar la cara de Norman Osborn Sr. follando con Gwen Stacy, por lo que decidió reciclar al único villano de todos los que había creado que la gente recordaba: Morlun. Y aquello dio paso a la saga de El Otro, un pequeño evento en el que Spiderman moría, se convertía en un monstruo arácnido…

Y finalmente brotaba de una larva arácnida.

Y sé lo que os estáis preguntando: ¿Por qué nos cuentas esto? ¿A cuántos Mefistazos queda esta historia de la continuidad actual? ¿Es esto otro post sobre penes superheróicos tapados cutremente como el de la semana pasada?

La respuesta, por supuesto es… puede que sí.

(Maldita seas, Disney+)

4 comentarios en «El ciclo sin fin»

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