De los Apeninos a los Andes

Miyamoto no Nihon

Jueves, 07/11/219 08:00

Hará unos 10 años, tuve la brillante la idea de regalarle al hijo de un amigo un tomo de Astroboy (‘El Gigante Invisible’, que me había fascinado especialmente de pequeño). El chaval lo cogió, se puso a pasar las hojas en la dirección errónea –ya puestos, le podría haber entregado las obras completas de Yukio Mishima en francés– y por el deficiente ángulo de su genuflexión de agradecimiento deduje que había metido la pata con el regalito. «Es que le gusta el francobelga», me informó su padre.

Había olvidado los dos conceptos básicos a la hora de escoger los presentes:

  1. No regales lo que te gusta a ti, sino lo que pueda interesar al receptor.
  2. Aprovéchalo para rellenar una columna un dia tonto en que tu negro esté de baja médica.

Comprendí que no era lo mismo crecer con Kimba el León Blanco que con ‘El rey León: el Musical’. Me obligaba un giri derivado de mi desinterés por los tebeos gaijines. ‘El Rey León’ me pilló mayorcito y con el criterio fijado como el Emperador manda. Todo me parecía una serie de chorradas equiparable a los superhéroes norteamericanos –solo siento una extraña debilidad por Batman, que Kia Asamiya intentó reivindicar sin mucho éxito–, pues soy de los que detestan a Will Eisner y a Hugo Pratt por igual. Me enganché, eso sí, a dos dibujantes occidentales marginales. Adam Warren –autor de unas historietas muy cercanas a la narrativa japonesa– y Kevin O’Neil –un tío dabuten cantidubi marchoso que mola mazo–, ninguno de los cuales ha vendido gran cosa jamás.

Me pregunto si aquel pequeño ‘fanboy’ habrá estado este fin de semana en la Comicon de San Diego. ¿Lo habría reconocido, aunque fuese disfrazado de Asterix? Lo ignoro: me bastó con una visita a un salón para no volver, pues me sentí como un intruso en un final de temporada de Takeshi’s Castle o en una visita turística de descocadas e irrespetuosas mujeres occidentales, actividades contra las que no tengo objeción alguna, pero en las que no pinto nada. Recuerdo que salí a la calle tarareando el tema principal de Godzilla, concretamente la estrofa que dice «Poooom POOOMPOMPOOOO… pom pom pom pom POM POM POM POM».

En la actualidad las novelas gráficas se comen casi todo el mundillo. Los mangas para adultos aunque proliferan siguen siendo la excepción del género. Porque CLARO que algo puede proliferar y al mismo tiempo ser la excepción. Se lo digo yo, que tengo un título y ustedes no. Pero no como en los años 80, cuando en todos, en TODOS oigan, salian tetas y culos (¡agradable espejismo que nos acabó estallando en las naricQUIERO DECIR se acabó esfumando!). La Comicon es un inmenso local de pachinko cuya relación con el ARTE se me escapa,.

Reconozco que ha ampliado el tipo de público lector: los señores que huelen a caspa, hasta ahora inmunes a los tebeos, que se han apuntado a los tebeos occidentales de forma entusiasta y que pueden pasearse por el salón siguiendo a adolescentes gais disfrazados de Tintín sin que se les corra a pedradas porque ahora está mal visto. O sea, que algo tendrá el sake cuando lo bendicen.

Los disfraces son uno de los principales atractivos de los comics. A nadie se le ocurriría ir por ahí con la armadura de uno de los 47 ronins: ¡se consideraría un insulto a sus antepasados! Pero deambular disfrazado de Tintín es lo más normal del mundo en estos tiempos de cosas modernas.

Yo creo que empiezas a chocHACERTE MAYOR cuando no comprendes fenómenos que te sorprenden –las mujeres empoderadas, la representatividad LGTB, la multiculturalidad, la libertad de expresión, el manejo del smartphone, cualquier cosa posterior a octubre de 1986…– que luego asumes como inevitables y, si eres un poco budista, te consuelas pensando que cada vez te queda menos para hacerte el sepukku. No es un gran consuelo, claro.

Que se lo pregunten a Silk Spectre, que de grandes consuelos sí que sabe…

4 comentarios sobre “De los Apeninos a los Andes”

  1. Viva la ¡CULTURA! Manga!!
    Abajo los señores mayores a los que aún dejan escribir en los medios!
    Muera la artrosis y vivan nuestras recias juventudes cosplayeras! En ellos está la ¡VERDAD!

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