Lorrie Story

El próximo Noviembre Franklin Richards cumplirá 51 años.

Ya, en realidad todo el mundo sabe que en el MNU (Universo No-cinemático Marvel) el tiempo no discurre al mismo ritmo que nuestro continuo. Sin embargo han sido no pocos los autores y lectores que se han preguntado el motivo de este hecho, de lo cual surgió la casi compulsiva necesidad de darle una explicación que sonase coherente. Y la teoría más comúnmente aceptada es que hay un utratodopoderoso personaje que es el que hace que el tiempo se ralentice. Un personaje que no es otro que Franklin Richards. Pecata minuta para alguien capaz de crear universos de bolsillo donde algunos héroes pasen un tiempo bajo la batuta de JIM! y ROB!, o de hacer durante la etapa de Hickman todo aquello…es decir, todas aquellas cosas que hacía…las recordáis vosotros también ¿verdad? pues todo eso. Para alguien así, controlar el paso del tiempo, envejecer o rejuvenecerse a si mismo y los que le rodean no entraña problema.

La gráfica está sacada del muy interesante artículo «Franklin, Master of the Universe» del cual recomiendo la lectura en su totalidad. En el mismo también se propone la posibilidad de que aunque el cuerpo de Franklin se mantenga en permanente estado infante, su mentalidad si ha ido evolucionando de acuerdo a su edad cronológica. Así, se explicaría la creación del universo de bolsillo como la necesidad en el inicio de la madurez (28-29 años) de dejar huella en este mundo, la necesidad de independencia de los primeros veintes tendrían su reflejo en cuando creció y formó su grupo con serie propia, Fantastic Force. Siguiendo la misma teoría, la primera vez que cambió a forma adulta en un episodio de Byrne de 1982 se estarían representando los cambios físicos relacionados con la adolescencia.

Que igual es forzar un poco las cosas para que los hechos encajen en la teoría, eso de que la adolescencia no llegue hasta los 14 años. Que cuando los de primero de ESO salen de clase hay que mirar más para arriba que para abajo para verles las caras. Pero es que hasta Byrne no había ningún otro hecho parecido que encajara ¿o sí lo hubo?

Poca gente lo recuerda, pero entre la recordada etapa de Marv Wolfman con Keith Pollard y la recordada etapa de Byrne, hubo un tándem de autores que realizaron un buen puñado de números entre 1980 y 1981: Doug Moench y un tal B.S. (solución al final) con el entintado del perenne Joe Sinnott.

Se trataba de historias de no mucha extensión y con adversarios nada corrientes, sin que ninguno de ellos tuviera una trayectoria más allá de estas aventuras. Una etapa extraña, en la que Moench se esforzaba además en no dar a los lectores nada demasiado masticado.

Ciertamente, era bastante intensito. Y precisamente por eso, sorprendió la aparición en el título del personaje de Lorrie, que era de lo más directo.

«Hola, guapo, me llamo Lorrie y tengo un jacuzzi en casa…«. La Antorcha capta el subtexto. Y sí, salieron juntos. De hecho, se la llevó con la Fantastibañera al clásico Rincón de los Enamorados. Ya sabéis, ese descampado apartado que al oscurecer se llena de coches, y las parejas acuden a ver la luna y charlar un rato.

La diferencia es que en los años ochenta los coches bajaban las ventanillas para poder conversar con la pareja de al lado.

Como se dice en la viñeta del jacuzzi, Lorrie apareció «justo antes de que empezaran los problemas con Franklin«. Un Franklin cuya edad cronológica llegaba entonces a los 13 años. Una edad delicada ¿es posible que un personaje tan primario como Lorrie fuera creado expresamente por Franklin para sofocar los impulsos tan extraños que estaría comenzando a experimentar? no suena nada extraño.

Tened todo esto presente cuando llegamos a la viñeta definitiva en la que todo concuerda: la viñeta en la que se encuentran Frankin y Lorrie.

Esa mirada con chiribitas no engaña. Ahí hay pulsiones. Y lo que dice ese «niño» es algo que ningún adulto educado diría en público. Pensarlo sí, por supuesto.

No sería pues nada extraño que la última amenaza pre-Byrne a la que el grupo se enfrentó (un par de viajeros del futuro que se transformaron al cruzar un agujero negro, uno en un guerrero hecho de energía negativa y otra en una dama de luz. Intensito Moench) no fuera más que otra excusa generada por Franklin para quedarse a solas con Lorrie y su tía Alicia.

La foto es bien mala, pero lo que su madre le dice al despedirse mientras él sonríe de forma pícara es «Quiero que seas todo un HOMBRECITO, Franklin, y hagas todo lo que Lorrie y tu tía Alicia te digan«. Hay argumentos de escenas eróticas que son más sutiles.

Hubiera sido interesante saber hasta dónde hubiera llegado esta relación, pero en la última página del último número antes de Byrne, el vínculo entre Johnny y Lorrie se rompió de manera precipitada y no se supo nunca nada más del personaje.

Una escena que fue realizada por un equipo diferente al habitual. Salieron acreditados como Gurland y Moore, aunque en realidad fueron Roger Stern y Al Milgrom. De hecho el tal «Moore» debiera haber constado como «and more«, pero la pifiaron los duendes. Internet también puede servir para recopilar información. Una escena claramente destinada a cerrar cabos sueltos y dejarlo todo limpito para la llegada de Byrne. Que al canadiense le gustaban más jovencitas.

Y eso es todo. Así que cuando surja en la librería el cíclico debate del paso del tiempo en el MNU recordad a Lorrie.

Ah, y B.S. es Bill Sienkiewicz. Los primeros ochenta fueron muy locos.

3 comentarios sobre “Lorrie Story”

  1. Vale, debo reconocer que por momento llegué a creer que el de post de hoy lo había escrito Emilio (por lo de encontrar conexiones donde la gente normal nunca las encontraría)… Por eso aún da gusto leer ADLO, por estas pequeñas sorpresas.

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