De la adaptación al castellano entendida como una de las bellas artes

En nuestro mercado se adapta mucho más material extranjero a nuestro idioma que el que se produce localmente para consumo interno. Sin embargo el número de estudios que se dedican a estas adaptaciones es bastante inferior al de artistas nacionales. Esto significa que cada estudio, muchas veces unipersonal, se echa a las espaldas muchísimo material a adaptar cada mes.

No existe formación reglada para esta tarea, en las ofertas de empleo, de haberlas, se busca ante todo gente voluntariosa y dicharachera, lo demás ya se andará. Es por esto que muchos de los mecanismos para adaptar mucho material en poco tiempo van pasando por tradición oral de packagers a packagers desde los tiempos del letraset. Por ello, hay atajos que se siguen aplicando en la actualidad cuando en realidad los avances técnicos no lo hacen necesario. Por ejemplo, a la hora de castellanizar un título, el camino habitual a seguir era que el adaptado fuera siempre algo mayor que el original, de manera que si el material que acababa llegando traía el título original incorporado, el español lo cubriría y arreglado, sin necesidad de recurrir a borrar, incorporar y redibujar.

Esta argucia devino innecesaria cuando títulos e ilustraciones venían incrustados en capas digitales que cruzaban el Atlántico por el éter, pero siguió aplicándose por costumbre al no haber contraorden en la tradición oral. Y con el avance técnico a esta regla se le adjuntó la siguiente: el título no debe tapar imagen diferente al fondo.

Dos reglas básicas y sencillas que se resumían en el siguiente pareado:

«Rótulo grande…

…ande…

…o no ande»

(y por eso más de uno volverá de las vacaciones faltándole un número a su miniserie)

Un comentario sobre “De la adaptación al castellano entendida como una de las bellas artes”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.