Esto, hoy, no se podría publicar

Ya sabemos cómo está la tremenda presión social sobre las empresas. Cualquier crítica es elevada instantáneamente a ley marcial y se interpretan con férrea mano sobre los pobres creadores que, desconocedores de Las Guerras de la Crítica -trilogía- se encuentran en la penosa necesidad de tener que autocensurarse o enfrentarse a las malvadas turbas que han logrado retirar tantos libros antes que los suyos.

Por suerte siempre podemos regresar a un pasado más simple y mejor que nos lleve a querer hacer grande de nuevo el presente. Recordar esa época en la que podían publicar sus portadas sin problema la gente de los Grimm Fairy Tales de Zenoscope, las Vampblade de Danger Zone, o lo que sea que estuviera publicando Boundless Comics. Esa época feliz para todos (entendiendo todos como todos, no como alguna de esas formas en las que se nos insta a pensar como si no supiéramos ya que todos = todos y, además, todos = todos + todas; ¡TODOS, digo!) en la que Bendis podía guionizar a mujeres sin que le dijeran nada, en la que, en fin, todo era más sencillo y puro.

¡Como los chistes! Ahora cojo antiguas publicaciones y me maravillo de que aquellos comentarios pudieran pasar por el filtro de los Grandes Críticos, ¡¿qué digo críticos?! ¡¡¡CENSORES!!! Si a alguien se le ocurriera publicar un cómic con escatología, muertes, sexo raro, fetos, desnudos, enfermedad de todo tipo y, en general, todo aquello que sería lo Chungo de la Línea Chunga. Y alguna cosa más. Todo aquello que echamos de menos no porque fuera una demostración de que podíamos ser como quisiéramos que nadie nos iba a protestar sino porque era nuestro ¡DERECHO!

¿Pero ahora? ¡Imposible! ¡Inaccesible! ¡PROHIBIDO!

Esto, hoy, no se podría publicar.

Nopes.

 

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