Frankiemente, querida…

“¿Qué hay en un nombre?” se preguntaba el Bardo de Stratford-upon-avon sabiendo cuánto hay en realidad. Un nombre marca. Un nombre define, como llamarse igual que la sombra de un ratón bajo la segunda luna. Un nombre incluso otorga poder, como bien sabe todo demonio que se precie (pero si os atreveis a recordarle a Mephisto que su madre le puso Florindo allá vosotros). Así que no es baladí que un gobierno ya antes de formarse tenga asignado un nombre con el que ¿previsiblemente? será conocido en el futuro.

Pero ¿qué implica ser conocido como “Gobierno Frankenstein”?

¿Ser una monstruosa abominación semiconsciente que avanza con tambaleantes pasos desencadenando el caso y la destrucción más absolutas?

¿Quizá conceder que tus acciones son bienintencionadas pero son producto de una ingenuidad infantil y buenista que sería enternecedora si no fuera tan destructiva?

Quizá antes de asignar nombres de monstruos alguien debería haberse parado a reflexionar.

De haberlo hecho no se habría escogido el de quien en realidad más que monstruo es un ser incomprendido producto de unas dramáticas circunstancias. Y que por ello una y otra vez se enfrenta a los demás monstruos clásicos.

Especialmente a ese que encarna en si mismo a una casta anquilosada y arogante que se alimenta de la sangre de la prole.

Hasta el punto de que bien podríamos considerar directamente que Frankenstein es el primer superheroe.

Salvo por un pequeño detalle en que muchos ya habreis caido y que os hacía seguir leyendo este post por si se me escapaba para correr a apuntarlo en los comentarios: Frankenstein no es el nombre del monstruo sino el de su creador.

Lo que podría querer decir que estamos ante un gobierno formado por individuos benditos, o quizá malditos, con habilidades extraordinarias que lucha por salvar a un electorado que les teme y les odia.

Aunque yo prefiero decantarme por otra opción. Que estamos ante un gobierno que se ha visto obligado a tomar el poder ante la completa descomposición de un régimen ineficaz y corrupto hasta la médula.

Y que pronto vuestros amigos tertulianos conocerán su poder destructivo…

 

3 comentarios sobre “Frankiemente, querida…”

  1. *pipa en la boca y sonrisa de oreja a oreja*
    Hijo mío, me siento orgulloso. Has estado viendo cine de verdad y esto te ha hecho filosofar sobre la actualidad socioeconómica actual, cual Youtuber sin memes a mano. Está claro que has envejecido (digo, cumplido) 14 años.
    (Sigue así la próxima vez o te llevas la hostia perdida, niño.)

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