Que por ti no llueve

Es difícil encontrar algo que conmemorar hoy día, supongo que por eso estamos en tiempos en los que las cosas se celebran. Cuanto menos haya que recordar mejor.

Al fin y al cabo celebrar el cumpleaños de algo universal es más sencillo que buscar algo concreto que vaya a causar división. Estoy seguro de que incluso si fuéramos con algunos de los grandes habría alguna queja. Por contra al celebrar abstracciones implantadas con éxito podemos dejar que cada cuál interprete de la mejor manera la leyenda pudiendo centrarse en su visión del asunto antes que en sus hechos.

Por ejemplo, parece razonable que con el centenario de Eisner el pasado 6 de marzo, del TBO ese mismo mes, de Kirby el próximo 28 de agosto, tendríamos alguna posibilidad de conmemorar algo con más tirada que, digamos, a Melville, Bloch o Burguess. Al fin y al cabo es más sencillo hablar de Wonder Woman que explicar como en ese 1917 Ethel Byrne, la madre de Olive -la tercera cocreadora del personaje-, era detenida y encarcelada por divulgar información sobre métodos anticonceptivos, lo que la llevó a una huelga de hambre que fue interrupida mediante su alimentación forzada, la primera vez que en USA se hacía algo así con una mujer. Como decía, los modelos y los iconos.  -Ya habrá tiempo de hablar de La Sirenita.-

Cierto, no tiene nada que ver de manera directa con lo nuestro, pero sí una carga indirecta e ideológica. Aquella que no va a ser celebrada. Sin embargo, y más allá de considerar un error tan comprensible en nuestro entorno actual como reprobable, la reescritura de la historia funciona siempre a medias. Celebrar una franquicia multimillonaria propiedad de uno de los grandes conglomerados mundiales a través de su primera película, candidata a varios premios OscarTM incluido el de Mejor Película, ganadora al final de 7 de ellos, convertida no ya en icono sino en el éxito capitalista de ser la cinta que más recaudó en salas aquel año -algo que, por cierto, podría servir para justificar una celebración alternativa en alguna de las muchas fechas del igualmente popular hombre murciélago- hasta el punto de lograr un especial televisivo y un sin número de expansiones en múltiples formatos, tanto en la parte más cultural como en una auténtica potencia de mercadotecnia; celebrar, digo, el éxito cultural, homogeneizador y capitalista de una obra que caló en todos los estratos parece de una obviedad absoluta y, sin embargo, la confusión entre el sujeto, sus niveles de conocimiento y su culto en años más oscuros ha acabado creando una encantadora leyenda.

Igual que ya sabemos todos que nunca fue fructífera la relación de los superhéroes y el cine,  asistimos a un descuidado olvido de estas características de éxito para centrarnos en lo que de verdad importa: El conocimiento extenso y cuidadoso separa el reflejo superficial icónico de la obra. Saber los nombres de naves y oficiales te coloca en un hueco distinto a decir ¿La de las ensaimadas? o a saber que el éxito fue tal que muchos países probaron suerte a crear sus propios exploits del mismo permitiéndonos disfrutar de Starcrash, Dünyayı Kurtaran Adam, Sette uomini d’oro nello spazio o Battle Beyond the Stars entre otras divertidas creaciones. El conocimiento de unas u otras cosas parece servir fundamentalmente para tres cosas: Disfrutar más profundizando en lo que te gusta, poder montar competiciones de preguntas triviales sobre el tema y decidir cuántos quesitos tiene que poder ganar un Verdadero Fan.

Como repartir quesitos y trazar rayas es una tarea enormemente entretenida para cualquier organización de más de un miembro que se haya acabado creando una cierta narrativa de enfrentamiento es poco menos que inevitable. Al fin y al cabo la misma historia del fandom… pero ya volveremos a ello. La cosa es que al final esa idea que se reflejaba en aquel estúpido decálogo inicial de La Movida Esa y que fue promovido, como todo, por sus posibilidades de sacarle rédito económico -que no creo que haga falta explicarlo más, y que si hace falta sería un lío porque a ver quién recuerda a estas alturas a Ozú o a la gente que estuvo metida en aquel lío- en el que poco menos que se reclamaba una marginalización autoimpuesta por parte de aquellos que tenían a priori una mayor posibilidad de gozar de un privilegio social montándose así quizá no una tribu urbana, puesto que la uniformidad cultural brillaba por su ausencia, pero si un grupito a medio camino entre el ghetto autoimpuesto y el elitismo ostracista, ¡parecían haber logrado crear su propia minoría! Una que gracias a dicho privilegio parecía sencilla de comercializar porque, total, eran chavales de los nuestros aunque un poco paraditos y raros, así que podías meterlo y reírte con… afecto. Sí. Eso.

Total, que mientras unos se dedicaban a construirse una imagen propia resulta que el fandom iba por otro lado. Sorprendidos, ¿verdad? Así que ya ha llegado el momento de hacer un repaso al asunto.

Una de las cosas más divertidas del tema es decidir dónde poner el inicio. Igual que la discusión entre fanfic y exploit -no nos ponemos de acuerdo en cuál de los dos términos es mejor para definir Marvel y DC, como para hacerlo con obras anteriores. Podemos presuponer, claro, que la diferencia está en si la persona que lo hace es aficionado al personaje o solo alguien que quiere sacarse una pasta y le da lo mismo porque ni los conoce. Por ejemplo, Roy Thomas haría fanfic y Bendis haría exploit. Pero en realidad esto viene de antiguo. En Europa el truco estaba en Hércules, en caso de dudas el responsable era Hércules y tirabas para delante. Es algo que luego en el peplum y similares volvería a ser cierto, de modo que al final la iconicidad es esto. También empezaron las secuelas apócrifas y, por si creáis que era original, las precuelas. Por ejemplo, si El Cantar del Cid se convierte en un éxito ahí que estaban ellos para sacar Las mocedades del Cid. Que no significa que sea malo, claro, al fin y al cabo Un cachorro llamado Scooby Doo era un producto bien digno.  Total, que estas cosas toda la vida en la cultura popular. Lo que pasa es que es llegar el Siglo XIX y que, además, se puedan comunicar entre ellos. Que ahí es cuando comienza lo gordo.

Porque entre unas y otras llega el siglo XX así que las cartas entre defensores y detractores, los debates públicos, las broncas en periódicos y revistas dan paso a la siguiente iteración: Que los fanes se pongan de acuerdo en algo. La cosa popular dice -porque para eso lo hacen anglos y barren para casa- que la primera vez que sucedió fue con Sherlock Holmes. Podríamos hablar de todas esas veces que un protagonista había acabado muerto antes pero con trucos tipo Era un semidiós resulta que luego había vuelto a la vida y blablabla. O que habían vuelto a reunir a la banda, que el cachondo de Alejandro Dumas (padre) bien que se montaba un Los 3 Mosqueteros 2 y Los 3 Mosqueteros 3 cada vez que necesitaba pasta (todo el rato) aunque por aquel entonces lo llamaban con nombres distintos estilo James Bond para que no se notara, así que eran Veinte años después y El vizconde de Bragelonne.  (Una nueva muestra de que todo es cíclico es que hayamos salido de allí para acabar en Brangelina) Pero, volviendo al asunto, Holmes supuso un paso más en las escrituras conjuntas.

A finales del S XIX, como decía, comenzaron a aparecer las APAs. Que en este caso concreto corresponden a las Asociaciones de Publicación Amateur. Gente con un interés común que enviaban artículos sobre el tema a una lista de distribución de correo. Solo que en aquel momento el correo era de papel. Podríamos decir que el equivalente es un Boletín de Aficionados a X, pero eso suele llevar a la discusión entre lo que es un Aficionado y lo que es un Profesional y tampoco es cuestión de montar más lío. Como los específicos de fantástico, ciencia ficción y tal fueron creados en los treinta aún podemos volver a Holmes en lugar de hablar de Evan Reed Riale, John Carnell y tal. Total, cuando lleguemos a los años treinta ya tendremos oportunidad de volver a hablar de fanmags, letterzines y fanzines.

Holmes, decíamos, murió en 1893. Su primera muerte, ya sabéis cómo va esto. El caso es que eso no impidió para que ya antes de que terminara el siglo tuviéramos cosas como The Pursuit of the House-Boat, que es una de esas producciones fan que decíamos antes,   hasta el punto de que lo que entonces se podría haber considerado fanfics ellos lo llamaban pastiche. Por supuesto la evolución de las palabras llevó a un punto bastante razonable en la que lo segundo pasó a aplicarse solo a los que se publicaban con intención de ganar dinero; los exploit, vaya. (Lo importante, de nuevo, es la intencionalidad. Si hubiera que medir por los que realmente ganan dinero publicando entonces habría incluso más fanfics). Pero como aquí lo importante es lo importante -y ya hemos visto que haber hubo un poco de todo antes- lo más importante que sucedió con Holmes fue que para 1911 se publicó un artículo paródico llamado Studies in the Literature of Sherlock Holmes, a ver, cada cuál hace la parodia con lo que quiere. Y, además, aquí Holmes no era el sujeto de la parodia, era el medio. Su autor, Ronald Knox, se estaba burlando del New Criticism alemán de La Biblia, y lo que consiguió fue un artículo que circuló entre los fanes de Holmes animándoles a considerar las obras de Doyle como Canon en contraposición a los pastiches. Luego ya podemos hablar de organizaciones como Los Irregulares de Baker Street en Nueva York y la Sherlock Holmes Society de Londres, ambas fundadas en 1934. Asociaciones que parten, entre otras cosas, de considerar como reales esas historias permitiendo juego meta e inclusionismo. Igual que para 1941 ya había gente especulando con si entre Holmes y Watson había algo. -Aunque, claro, lo hacían diciendo que Watson era mujer, como si tuviera algo que ver para el slash-.

Por supuesto a más publicaciones y mayor facilidad para comunicarse más posibilidad de que el fandom hiciera piña. Precisamente por eso fueron importantes que se empezaran a realizar las Philcon en 1936 y luego en 1939 la World Science Fiction Convention. Puntos de encuentro e intercambio entre los fanes que podían, de paso, llevar sus publicaciones e intercambiárselas. Y decimos la ciencia ficción, que llevaba desde la aparición de revistas especializadas en los años ’20 permitiendo secciones de cartas e intercambio de direcciones para los fans (en teoría iniciadas en 1926 por Amazing Stories) que acabaría dando lugar a fanzines como The Comet en 1930. Pero que en un principio hubiera mucho movimiento de estos aficionados en torno a la Ciencia Ficción no significa ni de lejos que fuera el único.

La aparición y popularización de tiras de prensa primero y cómics book después hizo que también entre los cómics. Tardarían un poco más en organizarse -antes llegarían los fanes del horror, por ejemplo- pero llegarían también. Así, por ejemplo, Batman tendría uno de los primeros fanzines comiqueros (¿veis? poniendo Uno de los primeros te ahorras tener que establecer uno como primero)  llamado Batmanía y comenzado en 1964, un par de años antes de la serie. De hecho el propio Julius Schwartz comentaba su existencia en las páginas del tebeo.  Claro que no fue ni el primero ni el único superhéroe en tener un fanzine sobre su figura:

Aunque, claro, ahí ya estábamos a finales de los setenta. En cualquier caso, el cómic estaba y ha estado ahí incluso antes de Live Journal. En los inicios de las Listas de Correos primero, después en los Foros. En fin, en todos esos sitios en los que se podía escribir bien creando nuevas historias o discutiendo las existentes.

La popularización del fandom gracias también a la televisión -que el fanmail no se escribe solo- y su evolución Star Trek mediante (también aunque no solo, vale) con la popularización de términos como Slash nos lleva a considerar la posibilidad de mirar bajo otro prisma incluso trabajo previo. Que eso de un tipo considerando la posibilidad de que dos personajes ficticios mantengan una relación homosexual es el tipo de cosas que hacía Wertham.

Mientras tanto en 1973 Paula Smith escribía un relato en su fanzine sobre Star Trek en el que crearía el término Mary Sue. Sí, una mujer. Ella y su amiga Sharon Ferraro fueron las creadoras y editoras del fanzine Menagerie, además de muy activas en temas de fandom. Por eso decía arriba que no se puede borrar al resto de fanes para meter a los que quieres que te representen.  Algo que se pudo ver en cuanto el término pasó a usarse para referirse despectivamente a cualquier historia protagonizada por una mujer independientemente de las atribuciones de auto-inserción, egocentrismo y perfectismo del mismo.

Del mismo modo que los fan studies fueron lanzados también por mujeres: Joanna Russ, Patricia Frazier Lamb, Diane Veith o Camille Bacon-Smith escribieron sobre el asunto mucho antes de que alguien decidiera que el que lo había si no creado al menos sí popularizado era Henry Jenkins.

Y todo esto antes incluso de que se hubiera abierto Tumblr.

Así que si queréis celebrar cualquier cosa, vosotros veréis. Al fin y al cabo se puede celebrar algo sin fingir que se es uno de esos grupos que han sido perseguidos por la sociedad entera mediante la creación de leyes discriminatorias y la presión asociada de las fuerzas del orden. Pero sed conscientes de que hay una historia detrás, una diversidad detrás, toda una serie de aportaciones y creaciones, de movimientos para mantener el interés a lo largo de etapas distintas, de -en fin- todo aquello que significa que un montón de gente en una enorme extensión geográfica ha encontrado un interés común y ha decidido estudiarla, extenderla o difundirla, dedicarle su tiempo -y sí, pelearse- formando algo nuevo.

Y al final más importante que la de la casita del árbol debiera ser, si tan empeñados estamos en celebrar algo, la existencia de una ya antigua comunidad.

3 comentarios en «Que por ti no llueve»

  1. Feliz día de Batman y de Identity Crisis!… y de Sherlock Holmes?! Si, porque no. Supongo que lo unico q no conmemoraremos será q una huelguista no muriera de hambre, aunque WW necesite toda la publicidad q pueda conseguir para ser un super taquillazo.

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