Pum pum quién eeees (el de Bourne y Marte) Abre la murallaaaaaa…

La de crítico más que una profesión es una vocación. Una que empuja al que es elegido por ella a un dificil sendero de rectitud. Mientras la plebe aplaude las más facilonas y entontecedoras apuestas seguras de los estudios para llenar sus arcas (películas en las que actores han sido reemplazados por monos computerizados o por muñequitos de Lego ¡MUÑEQUITOS DE LEGO!) es el deber de un crítico señalar los verdaderos hitos cinematográficos que honran nuestra cartelera.

Y La Gran Muralla lo es sin duda. No podría ser de otra manera habiendo surgido de la pluma del Visionario Creador™ de Guerra Mundial Z y de la batuta directorial del Visionario Creador™ de Sorgo Rojo Keep Cool La Casa de las Dagas Voladoras.

Debo confesar una ligera decepción respecto a la banda sonora. No sólo contiene apenas una canción frente a la decena larga del disco recién editado (una práctica cada vez más común en la industria de la distribución) sino que esta resulta apenas reconocible en pantalla. Lo que me lleva a pensar que estamos ante otro caso de contratación de un grupo famoso para poner el nombre a una orquestación compuesta por un autor anónimo.

El otro pequeño defecto de La Gran Muralla es el tan habitual en el cine moderno uso y abuso de los efectos especiales por ordenador. Es otra de las demandas del gran público, tan ignorante como caprichoso, que exige espectacularidad sin importar el realismo o la credibilidad. Una nefasta tendencia que alcanza su paroxismo con la nueva moda de utilizar actores informáticos en vez de personas de carne y hueso. Por mucho que insistan que ha avanzado la tecnología uno es perfectamente capaz de reconocer todos esos obvios e inimitables detalles que delatan a un efecto visual. Y no ayuda en absoluto la completa incapacidad por parte de los animadores de lograr expresiones humanas creibles.

Pero todo esto no diminuye en lo más mínimo el disfrute de la cinta. Nos encontramos ante una arriesgada propuesta plena de vigor narrativo que rompe convencionalismos y desafía el rígido marco normativo que caracteriza al triste panorama de la cartelera actual. Muchos son los logros del filme pero en España contamos con uno del que los pobres espectadores internacionales tanto anglo como sinoparlantes no van a poder gozar.

Frente a la absurda elección de que los personajes chinos hablen en chino y los americanos occidentales en americano occidental (sin duda la dictatorial imposición de algún productor) los espectadores españoles pueden deleitarse con una versión en la que todos hablan castellano ¡y además con el Mejor Doblaje del Mundo™!

Esto, amen de permitir una mayor fluidez narrativa, introduce unos exquisitos toques de comedia cuando personajes que en la plana y simplona versión original traducen diálogos de chino a americano occidental en la enriquecida versión española se dedican a repetir lo que el otro personaje acaba de oir perfectamente.

Pero muchos son los méritos intrínsecos de La Gran Muralla. Frente a la sectaria ceguera de aquellos que han osado acusarla de lavablancar una historia que debería ser protagonizada por asiáticos debemos contar la verdad. Que se trata de una historia coral en la que, cierto, nuestro querido Bourne es el personaje principal, pero que cuenta con un extenso reparto de soldados chinos que deben ser salvados por Damon, de generales chinos que obedecen a Damon y de luchadoras chinas que ligan con Damon.

Tanto es así que Damon NO es el único americano occidental. Cuenta con un inseparable compañero de aventuras.

Tovar el español.

Y si Brooks y Yimou fueran realmente esos blancopatriarcales machonormativos que han sido acusados de ser Tovar sería un tópico y simplón secundario. Y sin embargo estamos ante un cuidado retrato lleno de sensibilidad intercultural que capta perfectamente la esencia y la tradicional idiosinrcasia de la identidad española.

Tovar es una miserable y traicionera rata capaz de cualquier cosa por dinero que sólo piensa en robar y a quien las consecuencias de sus actos y el destino último de la humanidad se la suda considerablemente.

Y además torea monstruos.

Ojo, sólo torea. Es el subalterno que le coloca al bicho en posición a Damon para que lo mate él.

Muchos son los aciertos del comentado filme. Y no el menor de ellos es su revolucionariamente original acercamiento al tradicional género del terror de monstruos. Incontables son las historias de imparables hordas de engendros que amenazan con exterminar a la humanidad…

…pero las criaturas de La Gran Muralla dependen del mando telepático de una Reina sin la cual se desploman cual marionetas con los hilos cortados. Demostrando nuevamente que la monarquía es la innegable base de toda sociedad estable y funcional y que una horda de monstruitos republicanos se habría acabado convirtiendo en un gobierno títere de Stalin.

En esto, como en todo lo demás, Brooks y Yimou han demostrado un amplio conocimiento base del tema. Su reina, que lo da todo por su pueblo, necesita de una guardia pretoriana que la blinde frente a las amenazas físicas.

Y qué mejor broche de oro para esta reseña que una escena a la que este blog ha tenido acceso en exclusiva. Un detalle de las golas acorazadas de la guardia pretoriana eliminado en el montaje final y que posiblemente ni siquiera se incluya como extra en el deuvedé pero que nuestros privilegiados lectores van a poder descubrir.

Los imbatibles argumentos capaces de deflectar toda flecha o proyectil de los comunistas chinos podemitas bolivarianos y sus jueces aliados.

 

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