Así que la igualdad era esto

A nadie se le escapa que los superhéroes aparecieron como la plasmación de una fantasía de poder, con todos aquellos hombres musculados calzados con mallas ajustadas, tan parecidos a los modelos de las fotografías de esos libros artísticos de anatomía que se vendían por correo de manera discreta a los muchachos con inquietudes. Seguramente el Dr Wertham también notó este parecido y por eso creyó conveniente advertirlo a los preocupados padres, ya que si dejaban a sus hijos consumir ese material se les podrían volver artistas. Es por esto que durante los años cincuenta las historietas del género podían ser camp, imaginativas, lisérgicas…pero sobre todo siempre, siempre, completamente asexuadas.

Con los sesenta y la irrupción de Marvel se siguió echando en falta el componente sexual en el material superheroico, aunque la principal razón de esto es que el Kirby sería muy cumplidor en plazos, entregas y todo eso, y plasmaba muy bien la acción, pero lo que es dibujar chicas…guapitas como mucho si se esforzaba, pero no daban para estímulo. Este es el material suyo más fuerte que he podido encontrar, para que os hagáis una idea:

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A medida que el género superheroico se fue popularizando hubo una evolución en la complejidad de las tramas y también un realce de la parte artística. En esta última parte, durante los años setenta y ochenta los dibujantes, sensibles a la belleza como son, fueron virando tanto a los personajes clásicos como a los nuevos a una mayor sexualización. Sirva como ejemplo este pinup byrneano.

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Esa vela goteante no está censurada por casualidad ni mucho menos.

Y con la llegada de los noventa, los autores Image, la Catwoman de Jim Balent, la explosión de las bad girls, aquello fue un festival de tangas, redondos senos más grandes que las cabezas de sus portadoras y escotes imposibles. Si en las películas Marvel sale Scarlett Johansson haciendo de Viuda Negra en vez de Mayim Bialik es por contuinidad de los cánones de esta maravillosa era, que se prolongó hasta bien entrados los años diez.

Sin embargo, en el presente ha entrado en juego la corrección y la igualdad. Porque ya no estamos hablando de lectores de tebeos, sino de clientes de los conglomerados Disney/Lucas/Marvel o Warner/DC. Hablamos de taquillas en cines y compras de merchandising en tiendas. Hay que estar atentos a las tendencias sociales y responder a ellas. Es posible que las mujeres aun siendo el 50% de la población no representen ese porcentaje en lectura de tebeos, pero a buen seguro si miramos el público comprador en general, tener a las mujeres de tu parte es fundamental. Y si por eso hay que tragarse algún principio o construir un chicaverso deficitario se hace. Lo que se pierde por un lado, se gana por otro. Aunque con ello tengas que traicionar la continuidad de tu personajes, no tanto a nivel histórico sino a nivel anatómico. La evolución de Hulka, gracias a la sección El Origen de Las Especies de Es La Hora de las Tortas es tal vez un ejemplo algo exagerado.

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Pero es que sin irnos a extremos raros, esta era la imagen que tenemos algunos en las memoria de Carol Danvers

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…y en 2016/2017 hemos pasado a esto.

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Podemos aceptar algo así como una mutación secundaria en el caso de la smutantes, como cuando la Bestia pasó por una fase de look felino, o la Emma Frost con paquete. Pero fuera de ese ámbito, metamorfosis estéticas de tal calibre y de un número para el siguiente no podemos aceptarlas.

Y no sólo en este lado. Mirad, mirad en pocos años lo que ha cambiado el cuento:

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Por lo visto, la manera de ganarse a la otra mitad del público potencial ha pasado por eliminar cualquier resquicio de sexualización. Tiene lógica, pues como todo el mundo sabe el sector femenino no tiene pulsiones. Ni tampoco defeca, ni expele ventosidades. Se trata de seres de luz, impolutas, ajenas al terreno de lo carnal.

Esto es lo que ha elegido plasmar el mercado. Pero pudo haberse hecho de otra manera.

Porque puesto a igualar, tanto podía hacerse bajando el nivel a todo, como se ha terminado haciendo, como subiéndolo a ambas partes.

¿Que cualquier chorba que sale en los tebeos parece sacada del MyHyV? pues hagamos lo mismo con los maromos ¿que la ropa de las gachis dura nada o menos en cualquier pelea? pues lo mismo para los tetes.

Ey, podría haber resultado.

Y el caso es que hubo un intento. Con un artista de Italia, con un nombre de cuatro letras y un apellido de seis. Con estos datos, sabéis ya de quién hablo ¿verdad?

 

 

 

Efectivamente, de Sara Pichelli.

Y es que remontándonos a sus inicios marvelianos, concretamente a la miniserie de X-Men: Pixie Strikes Back, escrita por Kathryn Immonen, con el hada aquella que normalmente dibujaba Greg Land, tuvo la oportunidad de tomarse la revancha sexualizadora ¿no dibujaba Land homenajeando esas revistas que tanto denigran a la mujer? ¿no son las portadas variantes de Manara un canto continuo a la hermosura jamonil? pues poniéndose en el mismo plan bien podía la buena de Sara

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…dibujar alemanes con un rabo de dos metros.

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