Suspenso en credulidad

Las cosas que ocurren en los cómics, ¿cómo tomárnoslas en serio si ellos mismos parecen muy lejos de poder hacerlo? Pensemos en figuras como la de… yo qué sé… alguien al azar… sí, totalmente al azar…

Lex Luthor.

Lex Luthor es un señor que, antes de aquello de Smallville de que todo el mundo entrase en su mansión y no le dejaran tomarse tranquilo el café, o lo de la película esa en la que lleva unos pelos raros y ha inventado CaraAmigo. Uno de esos. Bueno, antes de eso, decía, cuando era un personaje en los cómics, tenía toda una serie de maldades a sus espaldas. En serio, hizo de todo. En Tierra 1 y en Tierra 2. No había crimen lo suficientemente grande. O pequeño.

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Así que toda una vida de maldades más o menos públicas, varios planes megalómanos y algún traje artificial después, más un cambio de universos y, por supuesto, los tradicionales juegos florales con la continuidad y todo aquello que, en fin, acaba siguiendo una lógica que pasa por, en breve, un avanzado cáncer porque cosas, clonación de su cuerpo, paso a un cuerpo más joven -con pelo- -y barba-

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-seduciendo al clon de Supergirl por el camino- -pero mejor no entremos en eso de nuevo- que cuando empezó a degradarse porque los clones siempre se degradan -y pierden el pelo, claro- le sirvió para acabar atrapado en su propio cuerpo clónico del que solo pudo salir gracias a un pacto con el diablo.

En serio y literalmente. El demonio Neron le ofreció recuperar su juventud -un decir- -no incluía su pelo- y sus actos a cambio de su alma. O algo. En realidad uno no debería fiarse demasiado de Neron, estamos hablando del tipo que le ofreció a Batman comprar su alma a cambio de que Jason Todd estuviera vivo, algo que él jamás hubiera aceptado, por supuesto. Pero Lex es Lex. Y había tenido unos ’90s complicados como hemos visto.
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Por supuesto uno podría pensar que todo esto no era más que una excusa para traer de nuevo al Luthor de siempre y, de paso, encontrar una forma de arreglar su imagen pública.

Porque todo y cualquier cosa que hubiera hecho Lex Luthor pasó a ser culpa del clon. Sí, ese que estaba deteriorado y blablabla… Mientras tanto el ‘auténtico’ Lex estaba escondido y no había sido culpable de nada. Daba igual que le sacaran libros no-autorizados como este:

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¿Quién iba a creer que alguien con tanto dinero permitiera un libro con semejante portada?

Pero lo mejor de todo es que todo esto de pactar con el diablo, del peinado, de su notoriedad pública, ¡TODO!… iba dirigido a una sola causa.

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¡Ja! Qué ridículo. ¿Cómo esperaba realmente alguien en DC que creyéramos que podía acabar siendo presidente alguien como él? Con todo ese pasado, con tanta facilidad para echarle los errores a los demás, ¡pactando con el diablo! ¡BAH!

Además, todos sabemos que no acabaría la legislatura, que seguro que antes de eso -y aunque haya tenido oportunidad de meter Nuestros Mundos En Guerra– acabaría perdiendo la cabeza y volviendo a las andadas como si un mal guionista estuviera por medio.

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Así que no me pidáis que intente creerme en absoluto que alguien como él podría llegar al poder en USA. ¡JAMÁS! No se me ocurre ningún tipo de tragedias consecutivas que se hubieran tenido que dar para que eso acabara pasando.

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Y por eso sé que lo único por lo que tengo que preocuparme es porque alguien pudiera haber llegado a pensar que algo así podría suceder.

¡CRÉDULOS!

8 comentarios en “Suspenso en credulidad”

  1. Ni se les ocurra comparar al hombre que liberó Bialya con Yasabenquién; sólo un gran estadista como él consigue comerse 40 tartas y no engordar ni un gramo. Make DC great again, Lex!

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