Pink Mirror

Como cada dos Sábados, entró en su librería habitual. Ojeó las novedades de la estantería más cercana a la entrada, cogió lo que le interesaba y se metió para el fondo de la tienda, donde colocaban el material español y europeo. De vuelta hacia el mostrador estuvo mirando los mangas, un último repaso a las novedades del principio por si se había descuidado algo y pasó el montón de grapas y álbumes al encargado para que se cobrase. Éste sacó otro tomo de debajo del mostrador y lo colocó sobre los demás.

-Ha salido también Dinosauria Diabólica. Toma.

Esto le extrañó. No solía encargar las cosas, prefería entrar, mirotear e ir cogiendo lo que le gustase, incluso si no lo tenía previsto. Y desde luego este título ni lo había previsto ni mucho menos lo había encargado. Debía haberse confundido de cliente. Lo cogió para devolvérselo.

-No, no me interesa. Quedatelo.

El murmullo habitual de los Sábados en la tienda se interrumpió de repente. Se giró y vio que las siete u ocho personas que había en aquel momento en el local se le habían quedado mirando ¿Habría gritado demasiado o algo? no se lo parecía.

-Debes llevártelo, de verás. Cógelo.

¿Y eso? los presentes seguían callados mirándole, y el encargado prácticamente le estaba poniendo el título aquel en las manos ¿era una broma o algo? desde luego no le hacía ninguna gracia.

-¿Que no me oyes? que no, que no lo quiero – ahora si había hablado en voz bastante alta.

-Llevatelo. Será mejor – seguía insistiendo.

-Que te digo que no. «No» es no ¿qué parte del «No» no has entendido?

-¿Estás despreciando Dinosauria Diabólica?

-Es que paso, no te lo había pedido y no me lo quiero llevar ¿de qué va esto?

Justo en ese momento comenzó a zumbarle el teléfono en el bolsillo. Lo sacó y vio que su timeline de twitter estaba registrando entradas a tanta velocidad que casi no le daba tiempo de leerlas. No sabía si la mano le temblaba por las incesantes actualizaciones o por lo insólito de la tensa situación. No conocía a los que le estaban mencionando y los mensajes que se alcanzaban a distinguir cuando permanecían en pantalla poco más de medio segundo eran del tipo «#puercomachista no se desprecia a Dinosauria Diabólica» «#llevatedinosauriadiabólica burro» «Si desprecias #DinosauriaDiabólica nosotras te despreciaremos a ti» «Quien no se lleva #dinoasuariadiabolica no es de fíar» ¿Cómo había empezado esto? ¿quién había sido? la gente de la tienda seguía callada, pero ninguno parecía haber sacado el móvil. La vibración constante en su mano, el encargado poniéndole aquel tomo encima, la sensación de que todo el mundo le estaba mirando. Podía ver también que tras el escaparate que algunos de los transeuntes se habían detenido, alguno escribiendo en el teléfono ¿le estaban mirando también? #dinosauriadiabolica era trending topic nacional, había perdido la noción del tiempo ¿cuánto rato llevaba como un pasmarote mirando el teléfono? lo puso en silencio, se lo guardó, intentó sin mucho éxito contener un escalofrío y puso el tomo sobre el mostrador. Estaba sudando.

¿Y si se lo llevaba? a lo mejor resultaba que estaba bien…pero tampoco podía quedar así la cosa, si cedía de buenas a primeras a saber qué le harían llevarse la próxima vez. Trató de parecer calmado y preguntó al encargado:

-¿Qué tiene?

Pregunta tonta, pero era lo más coherente que consiguió articular, la procesión le iba por dentro, se había puesto muy nervioso. A poco que le dieran una razón medianamente convincente lo cogería y ya está. Su teléfono seguía en silencio pero notaba la entrada continua de mensajes por como se le iba calentando.

-Sale Bustos.

-¿Tetas? ¡haber comenzado por ahí, hombre!

Fue una respuesta refleja, y nada más terminar de decirla era consciente de que había metido la pata hasta el fondo (y en una pirueta metaliteraria, el que estaba escribiendo esto también fue consciente de que esto más pronto o más tarde también lo podía acabar pagando). El bolsillo del pantalón le estaba ardiendo. Lo que había apostado enfrente del escaparate era ya una pequeña multitud y notaba la cercanía de dos de los compradores de la tienda tras él.

-NO. Me refiero a Natacha Bustos, dibuja.

Lo que le contestó le salió casi con alivio:

-Venga, va, te lo cojo también.

Fue instantáneo, como si el mundo hubiera vuelto a ponerse en marcha. La gente de la calle prosiguió su camino, volvió el murmullo entre los presentes en la tienda, notaba el teléfono más frío y estaba dejando de ver borroso. No era para tanto, total era sólo un título. No iba a descabalgarle el presupuesto, se trataba de un tomo con seis episodios ¿cuánto podía ser, once euros?

-Son quince euros-le dijo.

-¿¿Quince?? – ¿había vuelto a gritar? ¿se estaba poniendo todo borroso otra vez? ¿sudaba mucho?

-Claro. Es en tapa dura ¿no lo ves?

Ah, claro. En tapa dura. En fin. Mejor no dudar. Actúa rápido. Con normalidad.

Metió la mano en el otro bolsillo del pantalón y sacó un puñado de monedas y billetes arrugados en una bola. Algunas monedas le cayeron al suelo y al querer dejar el puñado de billetes en el mostrador se rascó un nudillo contra el borde. Le sangró un poco, pero el dependiente no le prestó atención, estaba escaneando los códigos de lo que se iba a llevar y cobrándose. Le puso la compra en una bolsa, con la excepción del de Dinosauria Diabólica que le tendió en la mano, como invitándole a ir ojeándolo mientras marchaba. Lo cogió todo, se dirigió hacia la puerta, sin dejar de darle vueltas a lo que estaba pasando sin comprenderlo muy bien. Era consciente de que era mejor no decir nada, pero era superior a él. Justo antes de salir, se giró hacia el dependiente y se lo pregunto:

-Por lo menos estará bien ¿no?

Pudo verlo por una ínfima fracción de segundo. El semblante del dependiente cambió. La expresión fría y distante que había tenido desde el primer momento se vino abajo, y por un momento apenas imperceptible se adivinó en su mirada y su gesto un cierto aire de resignación. Pero casi antes de comenzar a percibirlo ya se había recompuesto.

-Pues claro.

Abrió la puerta para salir. El murmullo de los demás compradores le estaba comenzando a agobiar, qué diferencia con el silencio de hace unos ¿segundos? ¿minutos? ¿cuánto había pasado? a modo de despedida, el encargado le dijo:

-La semana que viene llegan cosas del Previews. Te guardo el último de Pájaro Burlón.

-Vale.

Pájaro Burlón. Ni sabía de que iba y nunca había pillado del Previews. Pero lo único que quería en aquel momento era irse. Nada más salir notó que respiraba mejor, el ambiente en la tienda debía de estar muy cargado. Llevaba la bolsa en una mano y el Dinosauria Diabólica bajo el brazo, aún no se había animado a echarle siquiera un vistazo al interior. Notó entonces que venía frente a él por la acera una muchacha bastante atractiva, y que llevaba también Dinosauria Diabólica en la mano. Le chocó la coincidencia, y debió haberse quedado mirándola demasiado fijamente, pues ella le espetó un «cerdo» cuando se cruzaron. Vaciló un momento por si era mejor explicárselo pero prefirió continuar su camino. Intentaba no pensar demasiado en qué había sucedido, tanto en la tienda como con la chica. Siguió andando, enfrente venía un chaval con otro Dinosauria Diabólica, y más allá una pareja, y se acercaba también una pandilla de adolescentes, todos llevando Dinosauria Diabólica. Girando la esquina, una pareja de jubilados en un banco, leyendo ambos Dinosauria Diabólica. Dirigió la vista a la otra acera, también varios de ellos llevaban uno bien a la vista. Ninguno de ellos mostraba ninguna expresión anómala. Viandantes en el centro de una ciudad transitada. Todo normal.

Entonces desde la otra acera uno de los transeuntes le miró. Llevaba como tantos otros Dinosauria Diabólica en la mano y le acompañaba una mujer. Intentaba seguir el paso de su pareja pero se le veía un andar vacilante y su semblante denotaba desorientación y extrañeza. Notó como intentó hacer contacto visual con él, comunicarse con otro, hacerle ver que a él también le estaba pasando.

¿Aquello que acababa de notar era un zumbido en el móvil?

Puso rápidamente cara seria, evitó el contacto visual, abrió su Dinosauria Diabólica y marchó a casa.

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