Cuando los comics se llamaban tebeos los precios se pagaban en pesetas

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En 1998 Norma Editorial superó su propio listón de precios con Cages. Cuando lo primero que se reseña en una crítica de un periódico es el precio es porque es noticia. Si no estáis ya familiarizados con las pesetas, puedo deciros que se trataba de un precio desorbitado para un material que no era ni siquiera Marvel Gold. Todavía resuena en mis retinas las críticas de una venerable señora mayor en el internete de la época que decía que se titulaba así por «las cages de dineru que hace falta para pagarlu». Así era Norma. Una adelantada a su tiempo. Si se plantea un material así lo suyo es anunciarlo con un «precio por determinar«.

Menos mal que con la entrada en el euro todos terminamos ganando poder adquisitivo y lo que con la rancia peseta nos estuvo vedado, con la moneda global se convirtió en asequible:

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Y por esto pude terminar leyendo esta obra, del la cual debo decir que me pareció mejorable (por no decir otra cosa, no sea que venga algún señor a darme una colleja).

Y es que Cages es el máximo exponente de una mala interpretación.

A principios de los años noventa los autores más molones de la Marvel más molona salieron de la empresa y montaron su propia editorial con la que trabajar con creaciones propias y tener completa libertad creativa. El terreno que abrieron fue aprovechado por otros autores, tanto noveles como consagrados, y gracias a ese camino hemos tenido Sin Citys, Next Menes, Hellboyes…o Cages.

Que nadie dice nada malo de McKean, que sus portadas molaban mucho, aunque en nuestro país costaba Diso y ayuda encontrar un formato para Sandman que no cerrase. Pero de eso a suponer que puedes guisarte tú solito tu Magnus Opus de sopocientas páginas sin que sea un ladrillo intragable va un abismo. Se trata de valorar en qué cosas uno sirve y en cuales no, y en las que no pues que te ayuden. El mismísmo Neal Adams anunciaba por aquellos noventa que estaba preparando una obra de cien páginas en la que saldrían dos tipos charlando en un bar y explicarían el origen del Universo. Vale que con esa extensión hoy día se trataría de una obra breve, pero tuvo la decencia de no terminar sacando aquello (a cambio prefiere ir él mismo por bares y salones explicando el origen de la Tierra, pero ese es otro tema). Desde aquí hemos defendido y seguiremos defendiendo a todos los dibujantes de este noble arte, y también a algún que otro guionista, pero si se hace mal uso de la defensa para colarnos tomacos a precio de orillo, también tendremos que decir algo.

Un dato importante: los Magníficos Fundadores de Image que no tenían experiencia prevía como guionistas en algún título anterior (o algún serial en Marvel Comics Presents) acreditaron a un guionista en su primeras creaciones para la editorial. El primer número de Youngblood tuvo un guionista. El primer número de Cyberforce tuvo un guionista. El primer número de WildC.A.T.S tuvo un guionista. Un guionista que podía ser el primo, el hermano, el amigo, alguno que pasara por ahí, vale…pero era alguien, algún otro. Porque si vas a darlo todo con tu arte en el dibujo, no queda nada por definición literal para dar en lo argumental. Y por eso de que la historieta consta de las dos partes, el todo se puede terminar resintiendo.

Y es justamente en el caso de los artistas pintores en los que más se nota este handicap. Esos famosos por sus collages y portadas que cuando les llega el momento de dar el gran salto a La Gran Obra quieren dar lo máximo de si y al tiempo ser trascendentes porque con ese estilo lo tienen crudo para hacer superhéroes. A Sienkiewicz le sale Stray Toasters, a McKean Cages…y no es lo mismo para el lector catar la obra de un nuevo autor completo si se trata de una grapa de dos euros, un tomo de doce o un taco de cincuenta y pico. Que lo barato si no sale bueno se aparca, se olvida, se deja al sobrino para que haga manualidades, pero si tiene más empaque y precio lo tendremos asomando en la estantería para los restos y nos hacemos mala sangre al recordarlo.

Para gustos colores, y no dudo que aunque no lo conozca (pero para eso están aquí los comentarios) habrá quien le encuentre suficientes valores a Cages como para recomendarlo sin miramientos. Puede pasar. De hecho, esto es también una especie de Síndrome de Estocolmo comiqueril, la necesidad de justificar la compra de una obra en la que has gastado una cantidad importante. Por eso precisamente las editoriales intentan evitar mandar copias de prensa, desde que se dieron cuenta de que reseñaban mejor una obra si habían pagado por ella que si se la ofrecían gratis. Pensándolo mejor, es posible que Cages no me convenciera precisamente porque lo conseguí por un precio menor del que tuvo al principio. Pero el consejo que quería dar tomando a Cages como ejemplo es que si os vais a arriesgar con obra de alguien que se estrena como autor completo os miréis dos veces el precio.

Y por si queréis hacer la prueba y el idioma inglés os echa para atrás, deciros que a día de hoy el precio al que se puede conseguir Cages en castellano ya no es el que tenía entonces ni mucho menos.8153

 

Que el mercado ya no es el de entonces, como bien plasman los anuncios de la misma página donde ofertan este tomo.

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No sé cual de los dos me gusta más, si el «payo cómprame mis tebeyos» o el que reconoce que las Secret Wars va a cambiar el Universo Marvel en su tienda. Varias tiendas se lo están temiendo también.

 

4 comentarios sobre “Cuando los comics se llamaban tebeos los precios se pagaban en pesetas”

  1. «Esto es también una especie de Síndrome de Estocolmo comiqueril, la necesidad de justificar la compra de una obra en la que has gastado una cantidad importante»…
    Lo cual explica, perfectamente, el que algunos insistan en defender la nueva DC

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