Los límites del Cola Cao

 
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(Disclaimador: el presente texto se supone que cumple con la legislación vigente. Y si no es así, búscame)

Mucho se ha hablado, escrito y tertuliado estos últimos días sobre cuánto humor negro es permisible en el ámbito público por parte de los representantes de la ciudadanía, considerando incluso los efectos retroactivos. Tanto que lo único que puedo aportar al debate presente es mi humilde opinión, que consiste en que todo intento de humor es divertido excepto cuando afecta a uno mismo, entonces se tranforma en intolerable ("vuestra libertad termina donde empieza la mía, y os advierto que la mía es muy grande"). Ah, y que no importa lo que se diga, siempre hay alguien a quien le sentará mal.
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Esto es así. Somos así. Somos así ahora. Antes éramos de otra forma. Teníamos la piel más dura y cosas que hoy consideramos inaceptables eran divertidas sin más. Basta ver, mejor por Internet que probando suerte en algún canal televisivo, cualquier episodio clásico de Tom y Jerry o del Pato Lucas y observar el nivel de violencia y mutilaciones contenidas, inasumibles en cualquier audiovisual infantil en la actualidad. Nada que por otra parte no se pueda encontrar en un tebeo de la DC actual, pero todo el mundo sabe que esas cosas ya no son para los chiquillos.

Antes el umbral de lo considerado divertido estaba en otro nivel. Y si a eso le sumamos la percepción de que con los cambios en la legislatura estamos retrocediendo, suena lógico buscar en el pasado para ver qué se consideraba divertido y publicable. Y para ello me he ido a una de las publicaciones infantiles que más circulaba entre la muchachada y la juventud de nuestro país: los tebeos del Capitán Trueno.

Años sesenta. Con una difusión que ya quisiera cualquier publicación de papel o digital actual, las aventuras del intrépido Capitán corren de mano en mano en los patios de los colegios, librerías de lance y barras de los bares. Con una portada y diez páginas de historieta, quedaba solamente libre la segunda página, que era utilizada para ilustrar con datos curiosos típicos de las regiones por la que estaban aventureando Trueno y compañía, y un recuadro a la izquierda reservado para publicidad, que a veces era de otras publicaciones de la casa anunciadas por originales muñequitos de inspiración desconocida.

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Pero un espacio tan visitado tenía por fuerza que contar también con publicidad externa, así que era frecuente encontrar chistes patrocinados por Cola-Cao, poderoso alimento reconstituyente, el de la canción "Yo soy aquel XXXXX…". Otros tiempos.

Dije que eran chistes. Lo cierto es que los primeros, a cargo de Fritz, eran algo más bien inocentón para la época. Sin punch, poco virales.

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Ni antes ni ahora imagino a nadie retorciéndose de risa con esto.

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Quizá debió ser por esto que Fritz fue prontamente reemplazado por Crespo, autor que conectaba mejor con el humor de entonces ¿y que es lo que se llevaba entonces? pues más que nada, porque es algo que daba mucha risa, los chistes de pobres.
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Tronchante esto de los desahuciados ¿no?

Pero Crespo tenía más recursos, los niños de entonces, como los de ahora, sabían más de lo que parece. Y había cosas que aunque se sabían no se decían. Sólo así puede comprenderse el gag siguiente:

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Tanto que nos sorprendió y resulta que hace años era vox populi. Eso sí, para el próximo sí que voy a necesitar que alguna mente más aguda lo decodifique, pues el nivel es tan elevado que se me escapa y llevo una semana con él:
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Pero lo importante es que gracias a Crespo y a Cola-Cao hemos podido conocer mejor dónde estaba y puede volver a estar la frontera entre lo que es aceptable y lo que no, que cada cual saque sus consecuencias.

Decir también que la estancia de Crespo en la sección fue extensa hasta que fue reemplazada por dos autores emergentes, pero esta es otra historia.

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Ahí es donde queda trazada la frontera. Para todo lo demás, Orgullo y Satisfacción.
 
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<GOTO Disclaimador>

8 comentarios sobre “Los límites del Cola Cao”

  1. Claro, chica; date cuenta de que a Rock no le van precisamente esas cosas que tienes ahí y que le estás enseñando a tu amiguit… !EH, UN MOMENTO!

  2. Nooooo, no hace falta el número de linea porque ya tiene una etiqueta («Disclaimador») y pude referenciarse directamente por ella. Ayyyy ese BASIC muy BASIC…

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