The Walking Dibujante

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Apellidándose Adlard, lo chocante es que no hayamos hablado antes de él por aquí.

La serie de Los Muertos Vivientes ha pasado de ser un cómic minoritario a un fenómeno de masas global a causa de la serie televisiva del mismo nombre. Sin embargo, esa ascensión desde el underground hasta el mainstream se cobra en los tebeos un cierto precio, una cierta pérdida de su identidad característica en favor de los tics y las modas que imperen en su versión de la tele. Supongo que no seré al único que le pasa, pero desde que sale en la tele, cuando releo entregas anteriores ya no puedo ver a Glenn de la misma manera que antes, me da igual cómo esté dibujado que lo veo más asiático que nunca. Lo mismo me pasa con los morros de la Michonne. Aunque de esto no tienen culpa los autores.

A lo que sí se les puede rendir cuentas es a cómo en vista a que tienen material contado para ser versionado en cantidad de episodios y temporadas, cómo de un tiempo a esta parte han ido bajando el ritmo, descomprimiendo en varios episodios y tomos líneas argumentales alargadas hasta lo indecible. Han llegado a un punto en que cuenta más la serie en una temporada que el tebeo en un año. Basta recordar que aquí en España vamos por la publicación del tomo 20, titulado Guerra sin Cuartel parte 1, primer tomo de dos en una historia en la que se enfrentan a un personaje que fue presentado allá por el tomo 17. Lo dicho, descomprimido.

Aunque gracias al éxito de la serie sus lectores hemos podido disfrutar de unos extras imprescindibles que de otra manera se nos iban negando: las portadas originales. Que era normal que no salieran porque los tomos eran en blanco y negro con grises, y las portadas a color hubieran encarecido el precio. En eso que la serie triunfa y allá van las portadas de regalo en grapa con cada nueva entrega. Pero iban desacompasadas, claro, y así era imposible disfrutarlas como se merecían. Así que fueron aumentando la cadencia hasta ponerse a la par las historietas con las portadas publicadas y desde entonces tenemos todas las portadas a color incluídas al final de cada tomo y sin subir un centimo desde el primer tomo hasta el último. Por fin se hace caso a los lectores, y los lectores nos damos cuenta entonces que tampoco era para tanto eso de las portadas, que son más bien flojitas. Pero ey, mola bramar y que te hagan caso.

Y también gracias a esta popularidad podemos disfrutar de algunos muñequitos molones de McFarlane Toys.

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¿Se ha acomodado Robert Kirkman con los argumentos del cómic? posiblemente. Y que le quiten lo bailao. Y que le adapten las demás cosas que se va inventando. Y que siga con Invencible. A él y su billetera les va muy bien con productos que han encontrado su público. Que aquellos premios en salones cuando apenas te leía nadie estaban muy bien, por supuesto, pero lo de cobrar royalties a mansalva no le amarga a nadie.

Y es que es difícil tirar de nuevos golpes de efecto cuando se ha mostrado ya de todo. la primera mutilación todavía impresiona, pero cuando de ahí se pasa a la segunda o la tercera y se van curando a base de aspirinas, la credulidad cae bajo mínimos. Aunque bueno, a un producto que pasa ya de los diez años de publicación es inevitable que se le noten signos de agotamiento y…, y…., y oh, no, mejor no sigo por aquí…

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¿Y qué hay del dibujante?¿también va viviendo del cuento? podemos notar su evolución si comparamos las entregas actuales con tomos anteriores. Muy diferente de cómo lo hacía en el primer tomo, claro, pero es que el del primer tomo era otro, Tony Moore, que se trabajó los seis primeros números y desde entonces sale en los créditos y la nómina de la serie de AMC. Desde el séptimo episodio hasta el cientoveinte en el que nos hemos quedado Adlard ha ido depurando su trazo, algo habitual en recorridos tan largos en un autor. Más visceral al principio y más mecánico actualmente, pero es que son muchos episodios dibujando escenas muy parecidas. Para más inri, las escenas de acción en campo abierto con multitud de caminantes y acción han ido dejando paso por exigencias del guión a cabezas palabroteantes y un elenco limitado de personajes que van de un sitio a otro y hablan y hablan y hablan y…seamos sinceros, llega un momento en que dibujar una vez más a Ezequiel, Jesús o Carl hablando puede ser bastante cansino. Yo tengo la teoría de que Adlard se trabaja más actualmente la parte de abajo de las portadas de los recopilatorios que los interiores de la entrega de cada mes en las que va con el piloto automático. De hecho, aunque en el último tomo no esté acreditado, en esta última maxisaga cuenta con la asistencia de Stefano Gaudiano como entintador. Total, para dibujar a los mismos de siempre diciendo cosas…

Pero no creo que este anquilosamiento sea algo voluntario en el caso del artista, sino imposición de los guiones. Es por eso que las pocas veces que se le pide dibujar algo fuera de lo habitual (caminantes, por ejemplo ¿os acordáis de ellos?) todavía se esmera. Y ese empeño en seguir dando lo mejor de uno mismo pese a que el guionista no te deje lucirte es lo que vi en el penúltimo episodio de ese vigésimo tomo, una escena que habla por si misma.
 

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Sí, es una caminante, pero menos descompuesta que otros muchos, se trata de una muerta reciente, pero fijaos en el estilo, en esas cuencas vacías, en lo trabajado de los labios ¿a qué otro artista os recuerda? yo lo tengo bastante claro:
 
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Una nueva forma de plasmar el horror postmortem. Un interesante nuevo rumbo artístico para una serie que necesita ese empujón para no caer en la autocomplacencia o que sean los directivos de las grandes cadenas los que dicten las líneas a seguir (un poco lo que le puede terminar pasando al Martin con su Canción de Hielo y Fuego como la teleserie se le adelante en las tramas). A ver qué pasa, tanto en el tebeo como en la serie, que podremos despotricar más o menos pero seguiremos pasando por caja.Desde aqu&iacut
e; aplaudimos toda fuente de inspiración que tome a nuestro ROB! como referente. Y si de rebote esto consigue estimular tambien al otro Rob, a Kirkman, para que ejercite también sus abdominales creativos, eso que saldremos ganando todos.

6 comentarios sobre “The Walking Dibujante”

  1. Kirkman «se ha escrito a sí mismo en una esquina», como dice la expresión inglesa. Los zombis dejaron de dar miedo cuando unos pocos humanos se cargaron a cientos fácilmente. Los golpes de efecto de las muertes y las mutilaciones son comodines de escritor perezoso que ya ha gastado. La expansión de su universo a más ciudades y muchos más personajes ha eliminado la sensación de claustrofobia y confinamiento que tuvo el arco argumental de la cárcel (sin duda el mejor). El Gobernador fue un gran personaje y una gran trama pero con Negan está intentando copiarlo con peor resultado. Los personajes salen ilesos de situaciones cada vez más peligrosas e inverosímiles, por ejemplo cuando Carl entra en la base enemiga y Negan le perdona la vida «just because».
    Creo que el gran error que cometió Kirkman fue mover la trama a un entorno rural en el que no había nada que hacer más que sobrevivir. Yo creo que para que una historia de zombis funcione tiene que tener lugar en un entorno urbano porque hay muchos más escondites, recovecos y esquinas en las que pueden estar agazapados los gules. Además, hay que idear una razón por la que los personajes deban adentrarse en edificios abandonados, de forma que se enfrenten al peligro. Es lógico que en esa situación los personajes busquen refugio en el campo detrás de un muro, pero es que entonces estás matando la tensión.
    En cualquier caso, una historia de zombis no puede durar diez años y mantener la tensión. Es imposible.

  2. Uy, pues atentos al #130 que acaba de salir al mercado en USA hace cosa de una semana. Kirkman le ha dado a la serie no sé si una patada hacia arriba o si ha saltado el tiburón, pero desde luego menuda patada al status quo en su última página. Ojiplático me quedé.

  3. Manuel, creo que es un falso giro de guión, no creo que sea lo que parece. Y si así fuera, sería un pedazo de salto de tiburón, de orca y de ballena.

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