Los taquiones del desamor

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Creo en el potencial del noveno arte para crear historias que emocionen, pero creo también en que no todas las historias se hicieron para ser contadas y que muchas ni siquiera se cuentan de una manera consciente, por eso me emociona doblemente cuando consigo desenterrar alguna que se encontraba oculta e intuyo lo que pudo suceder. Y desde la estantería los lomos del clásico Dylan Dog de Tiziano Sclavi me estaban esperando para que contase su historia, una de encuentros y desencuentros, de optimismo, de alegría, de juventud, y lo que sucede cuando una relación no funciona.

Empezaste sola, Aleta, empezaste fuerte, segura y coqueta.
 

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Se notaba en ti desde buen principio el vigor de la juventud, la ilusión del que comienza.
 

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En aquel lejano 2008, eras una adolescente con potencial, una florecilla con ganas de asomar.

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Te consolidabas con paso firme historia a historia, una joven fuerte y decidida con un plan de publicación cronológica a largo plazo.
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Y la relación cantidad-precio de tus cuatro relatos hiceron que aquella primera aparición tuya nos dejase con ganas de más al concluir su lectura.
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Y en la fecha anunciada volviste, Aleta, pero no venías sola, te acompañaba él.

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Seguro que al principio pensaste que juntos seríais felices, Aleta, estoy convencido de que te esforzaste para que fuera así. No dudamos que tu cambio de aspecto, más curvilineo, fue para agasajarle. Pero no dejamos de notar que con él habías cambiado también en otros aspectos. Por ejemplo, se te veía más insegura, con contradicciones.
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Y lo peor de todo, avejentada. Se te veía mayor que en tu primera aparición, como si algo te hubiera hecho madurar más aprisa.

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¿Fue un espejismo, Aleta, una impresión equivocada? eso quisimos suponer, de manera que aguardamos pacientemente a tu siguiente aparición, que también hiciste con él.
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Y ahí no hubo duda posible, todos te vimos mucho más vieja. Y nos preocupamos por ti.

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También tú debiste darte cuenta, Aleta, pues al poco le dejaste. Regresaste con el look con el que le atraíste, pero llegaste sola.
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Aunque  lo sucedido dejó sus huellas indelebles en tu alma y nunca pudiste volver a ser la de antes.
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Y desde entonces prosigues sola tu camino, Aleta, mostrando con dignidad los estragos del tiempo pasado. Pero cada nueva entrega te coloco en la estantería con la ilusión de que haya algún elemento nuevo que nos cuente que hay algo más en tu vida, y los retrasos en tus publicaciones me tienen en vilo.

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Sé que planeas volver con nuevas aventuras, lo has dicho muchas veces, y tantas como lo has dicho lo has tenido que ir posponiendo. Un nuevo volumen, un inicio fresco.

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Mantén si quieres el formato y haz lo que quieras con la numeración, pero tennos al tanto por favor en los lomos de cómo te va. Algunos seguimos tu historia con verdadero interés.

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