El plato cuadrado

Hola, voraces devoradores omnívoros. Aprovecharemos el sabroso texto de hoy para repasar, masticar y digerir el concepto de lo que es un entrante.

El entrante es la pequeña porción de comida que se sirve antes del plato principal. Su función, más que nutritiva, es la de abrir el apetito, preparar los jugos para el alimento contundente que llegará después. No es desdeñable tampoco su función estética, pues suele ser un plato que si bien como alimento es algo pobre, es frecuente que su estética sea bastante aparente.

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Se trata, por tanto, de elementos con escaso valor nutritivo, pero cuya apariencia y sabor llaman al consumidor a ingerirlos, con lo que preparan al organismo para el posterior ágape. Los que viven de la restauración saben que un entrante apañado es la antesala de una opípara comilona.

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Porciones escasas de alimentos llamativos de aspecto apetitoso que, pese a tener en ocasiones un aporte calórico considerable, no sacian ni alimentan. Entendido así, su función podría ser opcional y pasarse directamente al plato principal, que pasaría a ser único, una alternativa a considerar en esta sociedad del bienestar low cost a la que nos estamos acomodorecortando. Para evitar esto, los restauradores se esfuerzan al máximo para que estos entrantes sean lo más atractivos visualmente posible. Y es que el alma y el ánimo también deben alimentarse. Tampoco es que sea necesario tener un alto nivel de cocina para prepararlos, basta con apañarse en lo que viene siendo lo aparente: el brillo de un hilillo de aceite balsámico por aquí, una hoja de rúcula por allá…

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Y si el cliente se siente bien y a gusto, es más sencillo que afloje la billetera. Cliente contento, cliente que paga. Y cuanto más pague, más contento se le querrá tener. Un círculo virtuoso sobre el que se sustenta toda la industria de la restauración, Un entrante elaborado, vistoso y vacío para estimular el apetito. Y si ya se quiere rizar el rizo, el consumidor lo apreciará todavía más, pagando más en consecuencia, si se le sirve en un envoltorio de supuesto lujo, como bien puede ser el consabido plato cuadrado. Todo sabe mejor en un plato cuadrado.
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Así que ya sabéis, hambrientos amigos, todo banquete debe obligatoriamente ir precedido de su correspondiente entrante. Nada necesariamente sofisticado, pero que entre por la vista, que apetezca tomarlo, aunque tras comerlo nos quedemos igual y nos venga el hambre antes incluso de terminarlo; al menos tendremos gazuza para lo siguiente y nos habrán sableado parte del coste del cubierto que consideraremos bien gasta por haber disfrutado de un platillo tan agradable. Que en estas ocasiones la gente devora y se llena el cochinillo, pero lo que luego comenta por ahí es la finura y la apariencia del entrante. Sobre todo si vino presentado en un lujoso plato cuadrado.
 
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En la próxima entrega de esta sección, taquiones mediante, tendremos con nosotros a Falsarius Chef y su Cocina para Impostores.

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