El Retrofuturismo es un Gran Invento
¿Sabemos qué hacen nuestros hijos cuando no están en casa?
Ni lo sabemos ni nos lo dicen. Generación ni-ni de padres por tanto. Es un tema preocupante, no solamente por el lógico instinto paternal de protección a la camada, sino también por las consecuencias económicas, legales, penales...que puedan tener esos actos que no conocemos. Y sí, sé que con este alarmismo parezco Mario Picazo anunciando puertas blindadas por televisión. Pero es con el único objeto de haceros reflexionar sobre el tema, y que ya con antelación os preparéis para afrontar la cuestión debidamente.Con las técnicas actuales de geolocalización, tener constancia en tiempo real de dónde se encuentran nuestros hijos es ya algo sencillo y al alcance de todo el mundo por muy poco dinero y unos pequeños gastos de envío. Sin embargo, las opciones más populares tienen algún tipo de inconveniente. El implante intradérmico de un chip en humanos presenta en algunos casos dilemas sanitarios y sobre los límites de la privacidad; aparte de que se los pueden quitar por cuatro euros en los mismos sitios donde se hacen piercings, tatuajes, se mutilan...¡pero usted necesita saber dónde están!
La segunda opción es mantenerles al día con el smartphone más chanante del mercado, que llevarán consigo voluntariamente a todas partes. Y como ese teléfono es más listo que ellos, que ustedes y que yo, descargándose una sencilla app podrán tener en su terminal la posición del del chiquillo en todo momento. Así podrá vivir libre de preocupaciones...siempre que al superphone del chaval no se le termine la bateria, claro, que eso pasa y mucho. O hasta que su retoño se baje la también sencilla app que anula a la suya.
¿Existe acaso el método infalible? ¡claro que si!
Sólo tenemos que hacer caso de la máxima que dice "Todo esto ha pasado antes" y echar mano de la lectura de los clásicos.
De los tebeos de patos de Carl Barks, por ejemplo. Material didáctico fácilmente asimilable para grandes y pequeños (en su versión de grapa popular americana, por supuesto).
Porque la preocupación de buscar a los chiquillos ya era un tema recurrente por 1956. Y entonces ya le encontraron una solución definitiva.
Y sin tonterías.

Y es que antes todo era mucho más fácil.
Comentarios (6)
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A ver si entendí, la cosa es ponerles pequeñas partículas de Uranio en las gorras, no? Total, incluso si se las quitan o las pierden, confiaremos en que hayan estado expuesto el tiempo suficiente para ser ellos mismos localizables por el contador...
Vale, creo que mejor sigo sin tener hijos.
Enviado por Necio Hutopo | 24 de Enero 2012 a las 09:58 PM
Ah, los tiempos en que la radioactividad funcionaba bien: superpoderes, agricultura... No como ahora, que le da por ser peligrosa gracias a todos esos perroflautas del 68.
Enviado por John Space | 24 de Enero 2012 a las 10:05 PM
Joder, son patos semiantropomorficos que hablan ingles con un perro afeitado en camiseta y gorra, o ellos estan expuestos a Uranio o nosotros a altas concentraciones de toxicos.
Enviado por patan | 25 de Enero 2012 a las 12:09 AM
Para eso quieren en Iran el uranio...
Enviado por Bokmok | 25 de Enero 2012 a las 01:15 AM
Es que antes sí que sabian, coño. No como ahora, que todo son "derechos". No te dejan atar con correa a tus hijos porque tienen derechos. No te dejan darle un cachete a tus hijos porque tienen derechos. No te dejan aplicarles la picana a tus hijos porque tienen derechos. ¿Y LOS DERECHOS DE LOS PADRES? ¿EH?
Todos somos el Pato Donald
Manifestacién en la Plaza Mayor el sábado a las 14:00
Enviado por E. Martín | 25 de Enero 2012 a las 10:53 AM
E. Martín: efectivamente, lo que lleva atado con una correa la señor de la primera viñeta es uno de sus hijos (en realidad lleva a los dos atados, pero en esa imagen sólo se ve una correa). Como debe ser.
Enviado por J Calduch | 25 de Enero 2012 a las 11:08 AM