¡Vaya papeleta!

 – Pero, ¿qué haces?
– Pues ya ves, aquí, decidiendo mi voto.
– ¿No lo tienes claro?

– Hombre, es que estas cosas no se pueden dejar a la ligera, que la decisión es trascendental.
– Ya, ya…
– Eh, no me mires así, lo digo en serio. Tras-cen-den-tal. Lo que hoy se vote quedará en la historia, sin cambio ni enmienda posible.
– Muy convencido te veo.

¡¡¡Por supuesto!!! No nos van a decir: "¡Hale, venid a votar!" para luego pasárselo por el Arco del Triunfo.
– Pues…

– Que no, que no, que hace falta meditar el voto y elegir con acierto la papeleta para ver cómo será nuestro futuro y los cambios irreversibles que se producirán. Es un tema delicado. Un paso en falso y pueden llegar años oscuros, un renuncio y tendremos a un inutil deambulando al que desearemos la muerte… No es una tarea sencilla.
– Ya. Pues no acabo de estar convencido yo.

– Hombre de poca fé…

– En Primer lugar, porque, en fin… Yo no me fío, que luego dicen una cosa y hacen la contraria, o fingen hacernos caso y en cuanto puedan, ¡ZASCA!. Pero sobre todo, en Segundo lugar… Porque no hay Papeleta, hay que llamar por teléfono:

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– Pero el dictamen será vinculante ya lo verás.
– Que no me fío, tronco, que no me fío.


(Post originalmente publicado en 1988.)

5 comentarios en «¡Vaya papeleta!»

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