Un verdadero artista, a fe mía

Son tiempos raros los nuestros. Vivimos rodeados de rebooteos, retocneos, de tebeos que se tapan con una bolsa para que no veas lo que llevan dentro mientras que su contenido sale en las noticias de las nueve, de discusiones sempiternas gafapastiles entre si un género es un género (como dicen sus autores) o sólo una etiqueta (como dice el gremio de alfareros y plateros). Tantas ideas, tanta información, que a veces se nos olbida lo que es importante en nuestra vocación de lectores de tebeos.

Y lo importante es el ARTE.

Afortunadamente, siempre hay genios dispuestos a devolver nuestra atención hacia allí donde debería estar. Talentos cuyo trabajo sólo necesita un microsegundo de contemplación para cautivar nuestro espíritu por completo e imbuirnos de esa sensación que llena nuestros corazones durante horas y horas: la satisfacción de tener ante nosotros la GENIALIDAD.

Supongo que cada cual tendrá su fetiche personal. El mío es (aparte del digna pero nunca suficientemente venerado ROB!) el ran dibujante Humberto Ramos. Un autor al que últimamente había perdido de vista, pero ha vuelto a sorberme el seso con una sencilla portada para los Agentes de Atlas. Mirad, mirad y deleitaos con ella:
 

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De toda esta magna obra, a mí lo que más me fascina es ese Capitán América, que Humberto clava en su descripción.
 

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Un Capi hambriento de victoria, tan hambriento que está a punto de darle un bocado a esa gran Oreo metafórica en que Humberto transforma su fiel escudo. Un Capi henchido de gloria, tan henchido que el cuello está a punto de petarle y cuyos hombros difícil encaja en unos hombros normales, razón por la que Humberto toma una decisión radical y arriesgada: no le dibuja hombros a su personaje. Un Capi combativo, sin margen para dobleces, razón por la cual también prescinde de sus muñecas. Toda una alegoría, una carta de amor a uno de los personajes más icónicos, amados y respetados del mundillo del tebeo mainstream.

Y por si fuera poco, ahí tenemos al Hombre Gigante…
 

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…recordándonos lo que es tener una inteligencia superior, de esas que se notan en la mirada. En su magnificiencia, Ramos dota a Hank Pym de una expresión multitarea que nos permite imaginar al personaje haciendo cualquier cosa, como hacen los mejores aventureros, ya sea pegar a un malo al que mira amenazante, posar para un retrato hierático de Leonardo da Vinci o soltar un tremendamente erótico "Busco a Jacques". Y es que Ramos aprovecha este trabajo, en origen un encargo de esos que otros convierten sólo en almenticios, en una declaración de intenciones sobre la estructuras del pulp más referencial. Una pasada.

En fin, que si no fuera por perlas como ésta trabajo, no me merecería la pena leer tebeos y me hubiera dedicado a otras aficiones mucho más satisfactorias, como ver culebrones por la tele (o el espectáculo equivalente para gente que no puede seguir una trama: ver partidos de Wimbledon). Así que debo agradecer a Humberto Ramos que mantenga mi fe en este medio en estos tiempos en los que pocos lo intentan siquiera. Es por ello que hoy quiero entonar (y ya son varias veces) un sonado…
 

…¡¡¡AVIV OTREBMUH SOMAR!!!
 

4 comentarios en «Un verdadero artista, a fe mía»

  1. Ese «olbida» del quinto renglón me ha echo daño en los ojos hasta que he comprendido que no es una b: es un v con una espada como la de Estrella Rota. Alabado sea ROB!, casi me echo a llorar de gozo
    ABIB!

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