El árbol del desamor

(No, no se trata de nada nuevo de Taniguchi o algún cuento sentimental de David Rubín)
Cuentan las crónicas que cuando aquel chicarrón canadiense le pasó a Denise Loubert las páginas que le prometió para que ella hiciese un fanzine llamado Cerberus, a ella los ojos le hicieron tantas chiribitas que packageó mal el título. Ente risas y manitas el fanzine nunca llegó a salir, pero el mozo se lanzó a la autoedición retomando al personaje, y tanto le absorbía su trabajo que delegó en Deni las tareas de edición. Ella ponía su mejor voluntad y se abría a los lectores en sentido figurado en las páginas de correo, con un tono bastante tartadefresa contaba lo bonito que era embarcarse en la aventura editorial y escribir a máquina y pegar sellos y contemplar como Dave iba creando nuevo material mas excitante que el anterior. Se llamaba Dave, que no lo había dicho todavía. Era todo tan bucólico que cuando contó en la página de correo que ella y Dave iban a casarse el almíbar rezumaba por los ejemplares.

Todo fue bien mientras todo fue bien. Cerebus se vendía y la editorial, Aardvark-Vanaheim, comenzó a publicar títulos de otros autores, y los lectores disfrutaban de las andanzas editoriales y sentimentales de la pareja Sim-Loubert (se llamaba Sim, que no lo había dicho todavía) de primera mano desde la sección de cartas. Era encantador, si eras diabético podías leer Cerebus hasta la penúltima página, pero la sección de la editora ni acercarse. Se dice que fue en realidad por eso por lo que comenzaron a editarse recopilatorios del personaje eliminando los correos.

Hasta que llegó un día de 1984 en el que Deni anunció en un tono menos pizpireto que de constumbre que ella y Mr Sim habían llegado al acuerdo de reconducir sus vidas por separado. Se despidió de manera emocionada de los lectores con los que mantenía correspondencia, al tiempo que deseaba a la editorial y sus títulos una larga permanencia en el mercado. Si Neil Gaiman hubiera nacido seguro que habría terminado con alguna frase sentida suya. Al mes siguiente Dave se encargó de lidiar con la sección de las cartas de la gente, más o menos presentándose de esta forma "Hola, este soy yo y estos son mis c*j*nes ¿Qué pasa?". No puede negarse que el cambio de tono fue chocante y tiempo después cuando Cerebus terminó Dave comenzó a reeditar las batallitas postales más jugosas, más que aptas para diabéticos, de su larga andadura. Fue divertido.

Lo que no fue tan divertido fue el proceso de separación. Nunca suele serlo, desde luego, y aunque por la despedida de Deni pareciese que sería de lo más parecido a una disolución de contrato amistosa y de mutuo acuerdo, hay indicios que apuntan a que no fue así. Y no sólo por lo que Dave pudiera llamar a su exmujer en la sección de correo, sino por lo compleja que resultó la separación de bienes. Porque si se iba, debía llevarse al menos de la mitad de lo que perteneció a la pareja, incluyendo la editorial. De manera que creó un nuevo sello, Renegade Press (no sabemos si puso ella el nombre o fue un último regalo de su ya antiguo marido) en el que fue albergando la continuación de algunos títulos de Aardvark-Vanaheim para seguir publicándolos. Caso curioso fue el de Ms. Tree posiblemente el segundo título más popular de la editorial, que siguió al principio bajo el sello de Sim.
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Hasta que llegado cierto momento en 1985, el título siguió saliendo de manera habitual aunque publicado de forma conjunta entre ambas editoriales.
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¿Podía significar este hecho un acercamiento entre Renegade y Aardvark, entre Deni y Dave? ¿volverían a sonar arpas y violines en las cartas a Cerebus? Pues a juzgar por las diferencias encontradas en la publicidad del título en Junio de 1985 dentro de un tebeo de First Comics
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…con la publicada al mes siguiente en el mismo título…

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…podemos hacernos una idea de que las negociaciones podían ser de todo excepto amistosas:

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Y a partir del 19…exacto:

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Aunque también podría suponerse que aquel primer anuncio fue una errata. Podría pasar si no fuera porque hablamos de una editorial independiente llevada además por el propio artista, y ahí los todos los procesos de publicidad y en general todos los que supongan un gasto se miran con lupa. Esto puede suceder en una multinacional grande con mucha faena y dispersa, pero cuando el artista se juega las habichelas (su mitad) estas cosas no pasan.

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A menos, claro, que publiques justo al gafe de Ernesto Infante.
 

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(Que sí, que es gafe.
 

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4 comentarios en «El árbol del desamor»

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