D de Domingo, D de Defensa: 1

(por Bleyer)

La ignorancia es osada. Dos incultos plebeyos ven esta obra de arte del gran Rob! y suponen que nuestro prócer dibujó la página y luego se dio cuenta de que Franklin Richards tenía que llevar una pistola, así que sencillamente la dibujó sin más. ¡Qué tremenda falta de visión la de estos anónimos desconocedores de la preclara mente de nuestro venerado Rob!

Si la ignorancia no ocupara hasta la más pequeña neurona del cerebro de  estos señores, no se hubieran quedado mirando los árboles, sino que, al igual que nosotros, podrían admirar el bosque en todo su esplendor. Y es que el análisis de Hanstock y B se queda en lo superficial, en el hecho de que Franklin no parece llevar una pistola, pero no va más allá, no hace la pregunta esencial que es… ¿Franklin Richards llevando un pistolón y disparando a Blaastar? ¿No es eso demasiado raro? Resulta sospechoso que esta pareja de autores, supuestamente contestatarios, haya decidido pasar por alto este hecho; resulta tan sospechoso que cualquier persona con menos prudencia que la mía afirmaría sin duda que detrás de esta crítica feroz al trabajo de Rob! hay aviesos intereses…

Pero ignoremos por un momento a estos dos presuntos escritores para imaginarnos el momento en el que a Rob Liefeld le llegó el guión y leyó que Franklin, un niño, qué digo, EL niño por ontonomasia del Marvelverso, huía de Blaastar armado hasta las cejas y hasta incluso… disparando el arma. Nuestro venerado Rob!, al contrario que los dos blogueros del montón que pretenden hacerse famosos difamando su obra, se dio cuenta de que esa situación era directamente aberrante. En un país como los Estados Unidos de América, donde tragedias como la de Columbine se repiten periódicamente, ¿qué tipo de mensaje está recibiendo la juventud si el puro, inocente y virginal Franklin usa armas? ¿Acaso los editores de Marvel no son conscientes de que en muchos países pobres se usa a los niños en las guerras? ¿O sí que lo conocen, pero son tan inconscientes que optan por banalizar la tragedia de los niños soldados africanos? Rob! se rebela contra ese mensaje mezquino de dejadez, sabe que es perjudicial, nocivo y pernicioso para la sociedad, pero ¡ay! no puede enfrentarse a la maquinaria industrial de Marvel y borrar como si nada la pistola: los personajes son propiedad de la editorial, al fin y al cabo, y suya es la potestad de marcar la línea editorial de sus tebeos. Así que Rob!, en toda su sabiduría, dibuja lo que dice el guión, pero no puede sino plantarse ante la ignominia moral cometida por Marvel y es por ello que dibuja la pistola de manera que parezca que es rechazada por el cuerpo de Franklin, dejando bien a las claras que las manos de Franklin repelen la pistola, evidenciando con una metáfora visual digna del genio que es lo antinatural que resulte que Franklin lleve un arma, a pesar de lo que diga Marvel.

Sí, la ignorancia es osada. La ignorancia y la mala fe llevan a Hanstock y B a afirmar que la habilidad artística de Rob! bordea la incompetencia, pero en realidad esta página es más que una pequeña parte de una aventura ilustrada: es una declaración de las intenciones morales del maestro Rob!, es un corte de mangas en la cara de la industria mainstream del cómic americana dado desde las páginas publicadas por la propia industria, es un auténtico cómic protesta contra la explotación de la infancia, es una muestra de la poderosa fortaleza ética de nuestro ídolo ante la iniquidad de la industria.

La ignorancia es poderosa, pero ADLO siempre luchará contra ella. Se lo debemos a Rob!

(y también por Carlos alias Oza)

Escribo este texto con la humilde intención de defender a Rob! del vilipendio que ha sufrido por crear esta obra de arte:

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El ignorante autor de esta crítica pretende que Rob! se ajuste a la anatomía convencional bajo dos circunstancias especiales: un entorno claramente distinto al de la Tierra, y el personaje Franklin Richards, hijo de Reed y Sue, el matrimonio de los Cuatro Fantásticos.

Es decir, se pretende que, en un entorno donde la física actúa de modo diferente, y con un chico cuyos padres desafían la física cuando así lo desean, la anatomía sea respetada. ¡Cuán erróneo análisis! ¡Qué dislate! Es incapaz de ver, por prejuicios, la conjunción entre página y autor. Rob!, el que desafió nuestra concepción de la perspectiva más elemental, se nos hace presente y claro cuando dibuja a Franklin, pues no puede sino aprovechar su potencial para mostrarnos la física de este mundo, retadora de nuestras convenciones artísticas.

Respecto al arma que parece estar flotando, mucho temo que el iluso crítico no ha sabido captar el sutil mensaje, que sólo las mentes eruditas disfrutarán. Se trata de que, como ocurriera con las mujeres de Rob!, nuestros sentidos son incapaces de captar correctamente lo que ocurre.

Rob! elucubra la idea platónica con el escalpelo de su ingenio, pero esta se vuelve extraña cuando la contemplamos. En realidad, Rob! quiso mostrar gráficamente cómo el joven Franklin se debatía entre huir y luchar: su cuerpo huye, pero el arma se dispara… mientras uno no se implique. Cuando lo hacemos, y nuestra propia lectura determina los detalles menores de la narración, obtenemos tantas interpretaciones diferentes como lectores. Todas son combinaciones de dos posibilidades básicas: lucha y huida.

Estamos, pues, ante un dibujo que resume la metáfora empleada por Schródinger para explicar la base teórica de la mecánica cuántica. Pero no sólo eso: toda la página, con su física desconocida y sus acciones contradictorias dibujadas según procentajes probabilísticos, nos lleva a Platón, a la lucha de la humanidad por entender cómo es la luz que incide sobre nosotros y causa nuestra sombra.

Y aún más: Si Rob! es capaz de proporcionarnos semejante reflexión, es que él está frente a esa luz. No obstante, en un acto de extraordinaria generosidad, Rob! nos envía el mensaje desde la luz. Pues él comprende nuestra lucha, nuestro esfuerzo sobrehumano, que finalmente nos convierte en héroes, como se vio en uno de los numerosos análisis del Capitán América (¿Acaso existe otro?).

Es triste que el parangón d
e los genios no sólo quede incomprendido, sino tan zaherido como brillante es. Esta página, que un necio ve como lo peor de Rob!, no es sino la mayor afirmación vital de su filosofía.

AVIV BÖR, señores, AVIV…

 

(y… ¡otra vez por Oza, que se picó por el nivel de la defensa de la semana pasada y ha mandado una versión ampliada y mejorada!)

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Escribo este texto con la humilde intención de defender a Rob! del vilipendio que ha sufrido por crear esta página, una obra de arte insuficientemente apreciada por diletantes que confunden la inteligencia con el descaro. Su profundidad me obliga a tratarla en cuatro apartados.

 

Las no tan inmutables leyes naturales: El ignorante autor de la crítica pretende que Rob! se ajuste a la anatomía convencional bajo dos circunstancias especiales: La Zona Negativa, un entorno claramente distinto al de la insignificante Tierra, y el personaje Franklin Richards, hijo de Reed y Sue, el matrimonio de los Cuatro Fantásticos.

 

Es decir, se pretende, en un entorno donde la física actúa de modo diferente, y con un chico cuyos padres desafían la física cuando así lo desean, que Rob! deba ceñirse a los parámetros artísticos del estrecho rango de posibilidades que la bola azul permite.

 

¡Cuán erróneo análisis! ¡Qué dislate! Es incapaz de ver, por prejuicios, la conjunción entre página y autor. Rob!, el que desafió nuestra concepción de la perspectiva más elemental, se nos hace presente y claro cuando dibuja a Franklin, pues no puede sino aprovechar su potencial para mostrarnos las singulares características del escenario de la acción, la Zona Negativa. Para ilustrar este punto, examinaremos cómo se manifiesta en el físico del muchacho.

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a) Fijémonos en la pierna izquierda de Franklin. Esta pierna es, según el crítico de Progressive Boink, la prueba más clara que a Rob! le importamos un comino… porque, en su inocencia, cree que todo ocurre en condiciones ambientales estándar. Pero claro, estamos ante condiciones físicas no experimentadas por el grueso de la población humana. La pierna de Franklin no escapa a estas, y se muestra alterada, reflejando asimismo la turbación del joven, que se desespera por no ser lo suficientemente rápido frente al pandemonio que lo rodea. No es para menos: ¡Está viviendo una pesadilla!

 

Este mismo ejemplo debería bastar para responder a quienes afirman que Rob! no sabe dibujar pies porque en rara ocasión lo hace. No, señores: Rob! no dibuja pies, no porque no sepa, sino porque nada gana el dibujo si lo hace. Así queda refutada esa fábula que compara al cisne de Anaheim (California) con aquellos pintores que pintaban retratos con las manos en los bolsillos, de los que se burlara el de Avon.

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b) Nuestro crítico afirma, asimismo, que esta camiseta es muy de los noventa para su gusto. Bien, recordemos que Rob! libera taquiones mientras crea. Por tanto, no es que la camiseta esté desactualizada, sino nosotros mismos muy lejos de Rob!, cuyas ideas deben de estar llegándonos ahora mismo desde la década de los (20)30.

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c) Las alteraciones locales de la gravedad provocan que el peinado de Franklin se invierta de una viñeta a otra, como un segundero siniestro (y engominado). Existe otro motivo oculto en esta oscilación especular, pero se desarrollará en el tercer apartado.

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d) Su tronco parece pegado malamente sobre su cintura. Claro síntoma de su malestar, de cuán terriblemente le afecta ser perseguido por Blastaar, un ser superpoderoso, en un entorno negativo y taquiónico. También Blastaar es más de lo que se ve a simple vista, pero no se impacienten.

 

Estos ejemplos son suficientes para percatarse de que una persecución en un campo de asteroides no puede dar como resultado una estampa típica del metro de una gran ciudad en hora punta, de una pradera salvaje o de una discoteca, aunque la iluminación sea absolutamente psicodélica.

 

Psique en pleno proceso de crecimiento: El anterior apartado bastaría si la página representara una naturaleza muerta, las cuales sólo responden a las variables físico-químicas. No obstante, no perdamos de vista que estamos hablando de personajes, y su personalidad se ve simbolizada en los detalles, que cualquier otro autor habría hecho insignificantes. Así, es fundamental tratar ahora de cómo se mueven y qué dicen para implicarse en la emotiva secuencia, de acción palomitera para los pobres de espíritu.

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a) Nótese cómo el peto de Blastaar se asemeja a un reloj. Es tanto una sutil y simpática referencia a Watchmen de Alan Moore como una firma de autor: ha pasado de estar cerca de las doce de la medianoche a las ocho y cuarto de la mañana, una hora próxima al comienzo de la jornada escolar. Véase cómo Rob! no homenajea gratuitamente: aprovecha para introducir signo velados de que Franklin se acerca al inicio de una nueva etapa vital.

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b) El propio escenario no parece variar entre viñeta y viñeta, lo que indica que el tiempo se ha detenido absolutamente. Esto simboliza la profunda indecisión en la cual el joven se halla atrapado, como será demostrado en la siguiente sección.

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c) Los sagaces habrán observado que Franklin grita una y otra vez, reclamando a su tío Ben Grimm. He aquí cómo este joven no admite aún su inminente responsabilidad como adulto. Habiendo vivido bajo el amparo de unos amantes padres y de unos queridos tíos, intenta conjurar ese nido seguro y entrañable.

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e) No obstante, no sólo fracasa, sino que, en lugar del anunciador de la hora de las tortas, aparece Blastaar, advirtiendo a Franklin que puede correr, pero no huir de él, La bomba viviente. He aquí cómo Rob! aprovecha a un villano de Los cuatro fantásticos para indicar una alegoría acerca del próximo florecimiento sexual de Franklin en su comentario, cuya importancia requiere citarlo en la lengua original:

 

Blastaar, the Living Bomb-Burst!

 

La Bomba Viviente. ¿Qué es un adolescente, sino precisamente eso? Una bomba cuyo catalizador, las hormonas, hacen explotar al niño para dar paso al adulto. Además, Blastaar tiene aspecto de simio. Eso sí, sin pelo. Un mono sin pelo no es sino un hombre. La adolescencia nos recuerda a todos que las ínfulas divinas del ser humano siempre fueron socavadas por los innegables parecidos que aquellos de los pies de barro guardan con los demás homínidos.

 

Increíblemente, la sutilidad no se detiene aquí. Por si fuera poco, Rob! hace que nuestro villano lleve un traje de color morado… En Estados Unidos, ese es el color de las reivindicaciones homosexuales. El villano Blastaar no se conforma con amenazar al chico con matarlo, sino que encima se burla impunemente de su (presunta) orientación sexual a una edad en que puede resultar traumatizado.

 

Por lo tanto, Blastaar ha alcanzado la cúspide de la villanía como actividad artística, al afectar al joven Franklin no mediante una explosión energética, tan vulgar en el mundo de los superhéroes, sino por haberlo herido en su sensible corazón. Tengamos en cuenta que, en esa viñeta, como antes se ha comentado, el peinado de Franklin se invierte en el preciso instante en que Blastaar se acerca POR DETRÁS, fascinante símbolo del rechazo interior del chico. Sólo Rob! es capaz de la triple hazaña: ambas por separado y su yuxtaposición.

 

En resumen, no sólo estamos ante una simple especulación de la anatomía humana bajo condiciones desconocidas, sino que estamos ante la zozobra que cualquiera de nosotros experimenta mientras alcanzamos la madurez sexual.

 

La pistola fantasmal: Como adláter, me siento inclinado a ser generoso y comprensivo con los no-adláteres, pero debo declarar que, si bien las faltas de aprecio anteriores podían ser disculpadas, el peor error se halla aquí. Y es que, como se ha comentado más de una vez, los dibujos de Rob! son semejantes a las matrioskas rusas. Cada interpretación lleva en su seno otra aún más recóndita, pero también más vera.

 

El crítico acierta cuando dice Rob! dibujó la página con un Franklin desarmado y luego superpuso la pistola, pero yerra en su interpretación de Sus planes, achacándolo sacrílegamente a un imposible error. Contemplemos más de cerca la misteriosa arma.

 
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Innegablemente, parece estar flotando, pero mucho temo que el iluso crítico no ha sabido captar el sutil mensaje, que sólo las mentes eruditas disfrutarán. Se trata de que, como ocurriera con las mujeres de Rob!, nuestros sentidos son incapaces de captar correctamente lo que ocurre.

 

Rob! elucubra las ideas con el escalpelo de su ingenio, pero estas se vuelven extrañas cuando estas son expuestas a las mentes corrientes. En realidad, Rob! quiso dibujar EXACTAMENTE cómo el joven Franklin se debatía entre huir y luchar: su cuerpo huye, pero el arma “flotante” se dispara por sí sola, sin que siquiera el gatillo sea pulsado (aquí dirá el crítico que Rob! volvió a equivocarse). Mientras no nos impliquemos y aportemos nuestra subjetividad, tenemos una imagen extraña. Cuando lo hacemos, y nuestra propia lectura determina los detalles menores de la narración, obtenemos tantas interpretaciones diferentes como lectores. Todas son combinaciones de dos posibilidades básicas: lucha y huida. Sólo que, en lugar de verla en viñetas físicas, la vemos en viñetas mentales. Es decir: ora un lector “ve” a Franklin corriendo mientras dispara hacia un lado, ora otro1ector lo “ve“ huyendo mientras el arma se dispara accidentalmente, ora un tercero lo “ve” abriéndose camino a disparo limpio, etcétera.

 

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He aquí la prueba: cuando al joven no le queda más remedio que huir, la pistola desaparece sin más. ¿Cómo podría existir, qué fin tendría si ya no se puede luchar? Esto podemos enlazarlo con el caso de los pies no dibujados de Rob!. En ambas situaciones, son detalles inútiles para la continuidad de la narración.

 

Habrá quien diga que Rob! podría haber dibujado una de esas infinitas escenas, y no “dejar la página dibujada a medias”. ¡Atrevidos! ¿Acaso no se valora la Mona Lisa por las infinitas interpretaciones que ofrece su sonrisa? ¡Pues Rob! es valorado por las infinitas interpretaciones que sus creaciones ofrecen al común de los mortales! Además, para Rob!, capaz de visualizar las infinitas posibilidades en un tiempo igual a cero, la escena habría perdido lecturas infinitas (menos una). ¿Acaso la historia del arte no habría sido diferente a como la conocemos si Da Vinci hubiese retocado la sonrisa de su cuadro para hacerla menos ambigua? ¡Qué desastre habría sido!

 

Además, no pasemos por alto lo que se comentó en el segundo apartado: Franklin está absolutamente indeciso. Si él no puede continuar la trama, ¿quién podrá? ¡Nosotros, los lectores! ¿Tanto esfuerzo supone para algunos ayudar a esos viejos amigos que tanto gozo nos han dado a lo largo de los años? ¡Rob! nos da la oportunidad de ser nosotros mismos los héroes de la historia! ¿O quizás quiere decirnos que no podemos limitarnos a ser espectadores del mundo que nos rodea, que nuestra participación es inexcusable? Sin duda, como se concluirá en el último apartado, esta es la interpretación correcta.

 

Incluso fuera del contexto de la página, estamos, pues, ante un dibujo que resume y supera la metáfora empleada por Schrödinger para explicar la base teórica de la mecánica cuántica. ¡Y nada menos que en infinitos grados! ¡Y como parte de algo mucho mayor! Asimismo, cualquier obra de ficción que precise de la interactuación del público queda como un pequeño caso al lado de la monumental lección de Rob!

 

En resumen, Rob! ha querido demostrar que el camino para ser un adulto no es ni mucho menos claro: es difuso, da giros contradictorios, depende de nuestras propias decisiones. Apela a nuestra responsabilidad personal sin caer en moralismos cursis. ¿Se atreverá alguien a partir de ahora a afirmar que los tebeos son objetos de consumo para evadirse de la realidad?

 

La intencionalidad de Rob!: Porque no es cada pequeña pieza, sino toda la página, con su física desconocida, su inestabilidad psicológica y sus acciones contradictorias dibujadas según porcentajes probabilísticos, el objeto de esta modesta defensa.

 

No obstante, los tres anteriores apartados han arrojado las mismas conclusiones. El primero ha mostrado la divergencia entre las condiciones ambientales estándar (a veces llamadas IDEALES) y las no estándar (NO IDEALES). El segundo, la desorientación resultante del paso de las vivencias en el hogar paterno (un período frecuentemente IDEALIZADO por muchos adultos) al hogar propio (IDEALIZADO antes de vivirlo, pero DESMITIFICADO después). El tercero, cómo dos IDEAS iniciales, teóricamente independientes, dan infinitos resultados en la REALIDAD.

 

IDEAS frente a HECHOS. Rob! aprovecha la página de un tebeo de superhéroes para exponer una de las dualidades más conocidas de la historia del pensamiento. No duda en señalar cómo este conocimiento no sólo no resulta reconfortante, sino que es origen de sufrimientos y pesares. Intenta, valientemente, recordarnos que no importa tanto lo que pensemos como sí lo que hacemos.

 

El conflicto inherente nos lleva a Platón, a la lucha de la humanidad por entender cómo es la luz que incide sobre nosotros y causa la triste sombra que contemplamos en el interior de una triste caverna.

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Es más, afirmo sin miedo a la mofa de los gañanes: Si Rob! es capaz de proporcionarnos semejante reflexión, es que él está cerca de esa luz. No obstante, en un acto de extraordinaria generosidad, Rob! nos envía su mensaje de comprensión y afecto desde la luz.

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¡PORQUE ÉL ES LA FUENTE DE ESA MISMA LUZ!

 
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¡Y DESDE EL FUTURO, MEDIANTE EL FLUJO DE TAQUIONES!

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Pues él comprende nuestra lucha, nuestro esfuerzo sobrehumano, que finalmente nos convierte en héroes, como se vio en uno de los numerosos análisis del Capitán América (y si te preguntas si me refiero al de Rob!, yo te pregunto, ¿acaso existe otro?).

En conclusión, es desolador que el parangón de los genios no sólo quede incomprendido, sino tan zaherido como brillante es. Esta página, que un necio ve como lo peor de Rob!, no es sino la mayor afirmación vital de su filosofía.

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AVIV BÖR, señores, AVIV…

(y en la próxima entrega…
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6 comentarios en «D de Domingo, D de Defensa: 1»

  1. GENIAL!
    Una de las misas de domingo más inspiradas y reveladoras que he leído en esta página de ROB!. Casi parece que el autor entre en un éxtasis liefeldiano mientras redacta el texto, como si casi pudiese ver los taquiones enturbiándolo todo.
    Por cierto, la imagen de la siguiente entrega… ¿no ha sido analizada ya? Comprendo que las grandes Obras Maestras necesitan dobles, triples, cuartas y hasta quintas lecturas, pero no sé si nuestra civilización está aún preparada para ello.

  2. Señor Sputnik, es que se descubrió una segunda defensa para esa imagen. Rob! es así de solicitado, mire usted.
    Señor Hutopo, nunca está usted contento: la última vez, en la imagen 21, me criticó pasar por alto el peinado y el casco de Estrella rota. Ahora, porque es demasiado. ¡Aclárese!

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