El Programa de Cine de E. Martín (4)

Bienvenidos al programa de cine de E. Martín.

Hoy hablamos de uno de las más grandes y más desconocidas figuras del cine del siglo XX:

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El padre de la hija directora de… creadora de… estrella de… Bueno, el padre de la hija de Francis Ford Coppola.

Y sí, he dicho "desconocido". Aparentemente no hay facetas ocultas en la carrera del creador de la saga de El Padrino.

Pero sólo aparentemente.

Ese rostro de inmarcesible ídolo de masas gafapastas es una simple máscara que cubre el triste rostro del fracaso. Y las evidencias son obvias a fuer de abundantes.

Y están ahí, a la vista, para quien quiera verlas.

Tomemos como ejemplo la escena más famosa de su opus magnus, la cabalgata de las valkirias de Apocalypse Now.

Todo comienza con una mano colocando en su lugar la cinta que contiene la pieza homónima de Wagner.

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Que da paso una serie de planos en los que un escuadrón de helicópteros avanza sobre el mar hacia su destino. Forman parte de él los clásicos UH-1 Huey y OH-6 Cayuse.

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Helicópteros convenientemente artillados…

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…y dotados de lanzacohetes…

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…que proceden a arrasar una aldea lacustre.

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Una aldea que se revela nada indefensa destapando ocultas defensas antiaereas.

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Y así hasta la destrucción total.

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Durante años los más sesudos analistas cinematográficos han visto en esta secuencia un ejemplo de demencia y prepotencia o se han fijado en el inteligente uso de planos de contrapunto.

Todos erraron, claro.

(no es culpa suya, no todo el mundo tiene la suerte de haber sido iluminado por la Palabra de ROB!)

Coppola nunca quiso dedicarse al plomizo y aburrido cine por el que ha pasado a la historia. Su más profundo deseo desde tierno infante fué hacer películas alegres, divertidas y, sobre todo, entretenidas. Pero claro, ese opresor ambiente cultureta que reinaba en el Hollywood de finales de los 60 que tan bien retrata Biskind en su libro le empujo inevitablemente a lo plúmbeo y gafapastil.

Y sin embargo, durante un breve instante en su carrera, allá en Filipinas, Coppola pudo realizar su sueño infantil y homenajear sin disimulo alguno su escena preferida de la película que hubiera querido dirigir de haber tenido valor suficiente para romprer con su entorno y salir del armario.

Diamantes Para la Eternidad.

Una escena que comienza con James Bond colocando en su lugar la cinta con el programa de control.

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Lo que da paso una serie de planos en los que un escuadrón de helicópteros avanza sobre el mar hacia su destino. Forman parte de él los clásicos UH-1 Huey y OH-6 Cayuse.

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Helicópteros convenientemente artillados…

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…y dotados de lanzacohetes…

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…que proceden a arrasar una plataforma petrolífera marina.

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Una aldea que se revela nada indefensa destapando ocultas defensas antiaereas.

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Y así hasta la destrucción total.

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Pobre, pobre Francis.

Una vida triste y gris de fingida alegría mientras dirigía La Ley de la Calle o Corazonada puntuada por breves momentos de felicidad mientras rodaba Capitán Eo o el final arreglado de Supernova.

No (sigh), esa Supernova no, la otra. La que era un poco menos Genial!

Y luego está lo de la hija, claro…

Esto ha sido todo en el programa de cine de E. Martín.

2 comentarios en «El Programa de Cine de E. Martín (4)»

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