Mundo Adliano (IV): Las mejores series

Ya sé que llevo bastante tiempo sin hablar de ningún tebeo, pero es que… ¿cómo queréis que hablemos de tebeos si se nos va todo nuestro tiempo de ocio en ver las auténticas genialidades que echan por la tele? ¡No podemos, nos es imposible! Hoy queremos, desde esta desorganización nuestra a la que tanto queremos y que sabemos vosotros queréis y necesitáis imperiosamente para sobrevivir vuestros días cargados de rutina e intrascendencia, hoy queremos, decía, hablaros de la que es sin lugar a dudas la mejor serie que haya dado jamás la televisión española. Estamos hablando, por supuesto, de…

 

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¿HAY ALGUIEN AHÍ?

 

¿Hay alguien ahí? es un ejemplo de lo lejos que puede llegar al artista en su empeño en deconstruir un género para trascenderlo y lograr montar una obra maestra, al igual que hiciera Alan Moore en nuestra adorada Watchmen. Los guionistas de esta serie cogen un género típico, el de terror, y más concretamente una de sus historias tópicas, la de familia que llega a casa encantada, y la transforman en un retrato de la sociedad en que vivimos. De esta forma, la trama de los fenómenos misteriosos y los fantasmas pierde protagonismo ante el estrés, la histeria y la paranoia generada por el ritmo y estilo de vida de estos inicios de siglo en los que estamos inmersos.

De esta manera, cada personaje, cada miembro de esta ejemplificante familia, tiene una historia, una subtrama propia y personal donde podemos observar cómo vive, cómo se desarrolla su existencia en nuestra sociedad moderna, mientras que todos participan en la trama común de poltergeist y fantasmas.

Por ejemplo, el padre. El padre es piloto. Por lo tanto, y como todo el mundo sabe, se zumba a una azafata. Porque que un piloto se tire a una azafata no es un topicazo, no, sino un reflejo de la realidad más dolorosa: la del engaño y la traición. ¡Ay! ¡Cuánto dolor causa este hombre! Lo que nos lleva directos a otro personaje…

La madre. La madre, una mujer engañada que ha sufrido del dolor causado por llevar cuernos durante una buena temporada. Lo malo es que ya lleva tanto tiempo viviendo en el dolor que ahora lo necesita para sentirse viva. Es por esto que en uno de los últimos episodios la mujer, siguiendo a su hermana (que es algo que hemos hecho todos, reconozcámoslo) acaba en un local sado-maso: para permitirse por una vez reconocer que necesita del dolor para disfrutar.

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La madre, haciendo amigos nuevos

Esta escena es, posiblemente, una de las mas geniales de la serie. Tan genial, tan genial, que no puedo evitar imaginarme el momento de su gestación por parte de sus guionistas, mis nuevos próceres particulares…

 – Vamos a ver: tenemos a la mazorca pocha atada a la cruz, el fulano cachas le rompe la blusa y…

– Yo creo que esto es demasiado fuerte.

– ¿El qué?

– Que alguien le rompa la blusa.

– ¡Es un local sado-maso! ¡O le rompen la blusa o le parten la cara, o le clavan los tacones en el pezón, o le ponen unas correas de cuero aprisonándole los muslos. o… Esperadme aquí, que tengo que ir un momentito al servicio. Enseguida vuelvo…

– Pues a mí me parece mal. Romperle la ropa a alguien es una indecencia. Si lo haces, te tienes que casar con esa persona.

– No vamos a casar a la mazorca pocha con nadie, fundamentalmente porque ya está casada con el picha voladora…

– …quien a su vez comete adulterio. ¿No ves cómo estamos degradando a los personajes? Podríamos transformar esto en una historia de amor, bonita, tierna, para dar esperanza a la gente: de lo más asqueroso puede salir algo bello.

– Vale, de acuerdo, uno de los mascachapas sado-maso (pero no necesariamente el que le rompe la blusa) se enamorará de la mazorca pocha y es posible que en episodios posteriores se enrollen. ¿Algo que decir?

– Sí. Que esté bueno. Porque hay que compensar la pochez de la mazorca con algo, que si no las escenas de sexo parecerán sexo geriátrico.

– Fale. Que el mascachapas esté bueno.

– ¿Me he perdido algo?

– Sí: la mazorca pocha se liará con uno de los sadomasos.

– Muy bien. ¿Y cómo le llamamos?

– El mascachapas

– Estará bueno, ¿no?

– Por supuesto.

– Muy bien. Sigamos, por favor. Así que la mazorca pocha está atada a la cruz y entonces el mascachapas…

– Hay que poner una palabra de seguridad.

– ¿Eh?

– Cuando uno hace sadomaso, ha de poner una palabra de seguridad. Si el que recibe la dice, se acaba el juego.

– Eso es idiota.

– No, esa es la gracia del maso. El poder lo tiene el que recibe los golpes, porque es el que decide hasta dónde se llega… ¿Qué os pensáis, que a los masoquistas lo que les gusta es que les peguen?

– Sí.

– Pues sí.

– Evidentemente.

– Pues no tenéis ni idea. Hay que poner una palabra clave.

– Mmmh… Vale. Diremos que alguien diga «La palabra clave es basta«.

Basta no puede ser la palabra clave.

– Joeeeer.

– Es que basta no puede ser la palabra clave. La palabra clave ha de ser algo que bajo ninguna circunstancia los participantes dirían durante un  juego sexual. No sé, algo como «chorlito», «orchata» o «mercedesmilá».

– Joder tío, es que siempre estás igual: que si la postura del birmano no es así, que si un violador en serie nunca diría eso, que si Dios va a castigarnos a todos por ser unos obsesos sexuales…

– Por cierto, ¿a esta hora tú no tendrías que estar rezando el Ángelus?

– ¡Ostras! ¡Ahora vengo!

– ¡Rápido, aprovechemos para acabar de escribir la escena! Alguien dice «La palabra clave es basta».

– Y entonces la mazorca pocha grita «¡¡Basta, basta!!»

– Y a continuación alguien dice «Ha dicho la palabra clave» y la sueltan.

– Joder, ¡cómo me pone escribir escenas de sexo duro!

– Síííííí.

– Ya te digo.

Claro que en la serie no todo es sexo. Está la historia de la hermana mayor, que tiene un novio ideal al que deja cuando éste y la mejor amiga de su novia se permiten sugerirle un trío una noche de borrachera. Tras la ruptura, él se va volviendo cada vez más y más celos, hasta que en una ocasión hasta llega a intentar agredirla. Sí, amiguitos, la serie no sólo nos habla del engaño y el dolor.  También se atreve de esa dolorosa realidad que son los malos tratos. La escena de la pelea, con el chaval haciendo taekwondo o algo así, es de lo más impagable que se haya podido ver en la televisión española desde hace tiempo. Brutal.

Seguro que se os está haciendo haciendo la boca agua. Y eso que todavía no os he hablado de la criada, una inmigrante que trabaja para la familia y que se ve sometida a todas las vejaciones imaginables para poder mantener ese puesto de trabajo que la mantiene a ella y a su familia de diecisiete miembros allá en su país de origen… Indignidades tales como zumbarse al hijo de la familia, o acudir puntualmente a las reuniones de la secta religiosa a la que pertenece. Una secta religiosa que se reúne con capuchas, capas y un enorme tatuaje en la espalda de un dragón ardiendo enroscándose alrededor de una cruz de caravaca. En otras palabras: una secta religiosa satánica. Impagable. Casi tanto como la conversación que tiene el personaje con el responsable de la muerte de su amado; tras engañar al susodicho, se lo lleva a la cama con frases tan sugerentes como «a mí me gusta hacerlo perrito». Poco después lo mata, no sé yo si por venganza o por vergüenza.

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Os hablaría de la hija pequeña, pero no puedo. Más que nada porque la niña es fea, fea, fea. Pero no de esas feas que dice «joer, qué cosa más horrible», no. Es de esas niñas feas que tienen algo raro en la cara, pero no sabes qué es. Pero a pesar de no saber que es, te es difícil mirarlas a la cara. Yo de hecho, no la miro. Cuando veo que le toca escena, ya sea para estar a punto de ahogarse en la bañera, cortesía de su amiguito el fantasma, o para pillar a los padres ginkando (genial frase de «…es que oí unas respiraciones raras y decidí venir» que se merecía una respuesta como «pues no eran fastasmas, nena, éramos tu madre y yo, jodiendo hasta cansarnos»), yo, cuando veo que sale la niña, aparto la vista.

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La niña, convenientemente tapada para que no os dé
más grima de la necesaria

Y todavía me falta el hijo. ¡Ah! El hijo… ese símbolo de las patologías que inundan a la adolescencia de nuestro país. Ese chavalín, obsesionado con el sexo, que no sólo se tira a la chacha de su casa, sino que se zumba a su novia en el tanatorio, mientras celebran el funeral de su mejor amigo, quien se ha suicidado al escuchar una psicofonías que grabó en la casa del prota. El hijo, ese zagal que deja tirada a una mujer en la cuneta (donde se quedaría durante tres o cuatro episodios, por cierto)  después de haberla sacado de la carretera con el coche. El hijo, cuya novia ve cómo su mejor amiga y su madre se enrollan y ella aprovecha para sacarle unos cuartos a su madre mediante chantaje… El hijo: ese símbolo de todo lo que puede ir mal en los jóvenes de nuestra sociedad: obsesionados con el dinero, con el sexo, con el dinero obtenido mediante el sexo… ¡¡¡ Cuánta crítica social, y qué bien llevada a cabo!!!

 

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La madre y la mejor amiga de la novia del hijo de los protagonistas,
haciendo espeleología
Y todavía no os hemos hablado de los personajes secundarios: ese cura que exorciza la casa mientras huele las bragas de las protagonistas, o ese medium excepcional que lo ve todo, todo, todo, esa policía que tiene cáncer, ese inspector que investiga a esa policía que está tan rara… Imagínaos lo que puede dar de sí la serie en los episodios que quedan. ¡Y durante la segunda temporada, que esto renueva fijo! Hacedme caso y no la dejéis escapar. En el próximo episodio, la madre de la novia del protagonista mete a su marido en la cama con su amante, la mejor amiga de su hija adolescente. Una denuncia social en toda regla que, sencillamente, no podéis perderos.
Pues eso, que el lunes que viene ya sabéis qué ver en la tele. Un retrato real y verosímil de lo absurdo de nuestros tiempos. Una obra llena de matices que no os podéis perder. Y no, no necesito que me lo agradezcáis. Hasta la semana que viene.

 

9 comentarios en «Mundo Adliano (IV): Las mejores series»

  1. Es una serie española, ¡el sexo tiene que ser fundamental en ella!
    Lo que me recuerda recomendar la pelicula «Mentiras y gordas» (lo de gorda va con segundas y terceras…).
    Esta serie es genial, tiene sado, sexo adolescente en lugares nunca imaginados (me lo apunto), niñato con señora mayor, niñata con señora mayor, trios… seguro que sacan el incesto por ahi y todo.

  2. Pues claro que tiene relación con el tebeo, por un lado porque «Si esto fuera un tebeo, ¿qué sería?»además de retrotraernos algo tan moderno como Rafaella Carrá sirve para descubrir las virtudes de los medios.
    Y en este caso el medio es el DK2.
    Hay una premisa clara y desde ahí pasamos a sexo, violencia y giros argumentales independientes de la lógica y creados para disfrute y gozo del espectador que difícilmente puede aguantar la sonrisa. De complicidad con la desestructuración del medio que propone el autor. Es decir: tú vas a un productor y le cuentas los cinco primeros capítulos y te manda a tu casa; pero le dices «Nada, una de misterio como esa que tiene tanto éxito y con muchas posibilidades» y es como decirle «He pensado yo en hacer una secuela con Batman», que luego te pases la premisa por el forro no le importará a nadie.
    Y gracias a los malvados antijuradosdeOT los yonkis de series podemos verla cualquier día de la semana que queramos algo divert… rompedor visualmente.
    Desde «Motivos personales» que no me rei… reflexionaba tanto sobre los límites del medio, los tabuses del género y las posibilidades argumentales en el mundo moderno.
    AVIV!

  3. Se os ha olvidado comentar que el título es una abreviatura de «?Hay alguien ahí? Es que hemos hecho una serie muy picantona, para ver si así os molestáis en usar la tele para algo más que ver DVDs».

  4. He hecho el canelo no viéndola. Semjante estudio de las fracturas y disfuncionalidades de las familias modernas requiere un análisis profundo, sobre todo acompañado de las sustancias apropiadas para mejorar el estado de alerta.
    Voy sacando el tequila y la lima del frigorífico.

  5. Lo genial de esta serie es que es una serie de misterio y terror que no da miedo y sí mucha risa. Y ahí está, triunfando.
    Y seguro que al final todo será un sueño, demostrando la increíble genialidad de los guionistas españoles, que siempre están innovando de una forma impensable… cuando no copian series americanas, claro.

  6. En un principio yo pensaba que el título de la serie era una sincera declaración de intenciones con respecto a la audiencia. «¿Hay alguien ahí?»
    Tranquilos que pronto no habrá nadie.
    Es la serie de terror ideal porque, como es absolutamente incapaz de que ningún personaje te caiga bien, estás deseando que vayan muriendo poco a poco y con sufrimiento.
    Y todo lo hacen con mucho misterio. Hablan con misterio, traman y se engañan con misterio, follan con misterio…
    Qué canal más genial. Qué programación.
    AVIV ÖRTAUC!

  7. >deja tirada a una mujer en la cuneta (donde se quedaría durante tres o cuatro episodios, por cierto)
    Y se quejará la muy petarda. ¡El Caballero de Pegaso aguantaba más de ocho episodios intentando salir de un barranco! ¡Eso es estoicismo, por Diso!

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